Sábado 19 de agosto de 2017
Bienestar

Niños: Principal reto en derechos humanos (IV/IV)

Niños familia
2016-12-27 17:25:31 por Ricardo Pérez
Foto: Andrés Rodríguez

La infancia y la adolescencia son etapas claves de la vida del ser humano, ya que en ese periodo se establecen trayectorias individuales, de comportamiento y se pueden prevenir o mejorar los patrones de conducta: el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) señala que las niñas, niños y adolescentes están protegidos por un marco internacional que exige tomar medidas necesarias para que gocen de sus derechos.

Para ello, agrega el organismo, se les debe garantizar protección especial para atender inequidades inherentes a su edad: defender las garantías individuales de este importante sector de la población puede ayudar a mitigar y eliminar violaciones a derechos humanos, pobreza, desigualdad y exclusión.

En la Cumbre Mundial a favor de la Infancia de 1990 se estableció que la población infantil es dependiente y enfrenta múltiples peligros que ponen en riesgo su crecimiento y desarrollo, como pobreza, marginación, discapacidad, violencia intrafamiliar, discriminación, maltrato y explotación.

Consciente de ello, la comunidad internacional coincide en que al ejercer sus derechos los niños mejoran sus oportunidades y calidad de vida.

El coordinador de vinculación del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), Daniel Ponce Vázquez, señala en entrevista que estamos en un momento en el que, 26 años después de adoptada la Convención de los Derechos del Niño, “tenemos un hándicap en contra por haber carecido hasta hace un par de años de una ley que ordenara las acciones del estado en la materia”.

Sin embargo, dice, “en los programas federales hay más de mil 90 acciones dirigidas a niñas, niños y adolescentes, aunque la mayor parte se encontraban desarticuladas y precisamente la existencia del Sipinna es una manera con la que el Estado mexicano responde para poder enfrentar graves rezagos que estamos a tiempo de poder enmendar”.

Registrar para existir

Para empezar, el registro de nacimiento es un elemento esencial del derecho a la identidad de las personas.

De acuerdo con el Unicef la inscripción en el registro civil es un derecho que tienen todos los niños para adquirir una identidad jurídica.

El registro de nacimiento permite de hecho al niño o niña adquirir una identidad, un nombre y una nacionalidad, así como su incorporación como sujeto de derechos dentro de un Estado y su acceso a un conjunto de derechos humanos reconocidos internacionalmente.

En otras palabras, señalan, “si no se registran no existen” y, por lo tanto, no se puede hacer ejercicio pleno de sus derechos.

De acuerdo con un reporte de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), elaborado con base en datos de la Encuesta intercensal 2015 del INEGI, en nuestro país poco más de 80% de los niños menores a un año son registrados, mientras que el subregistro de nacimientos acumulado a diez años es de 2.1 por ciento.

El INEGI señala que debe tomarse en cuenta la situación de atraso en la cobertura y la dificultad de acceso al registro civil en muchas zonas del país. Además, hay que considerar que aún hay una importante proporción de nacimientos que ocurren en el domicilio de la madre, que muchas veces es atendida por personas sin autorización legal.

Pobreza

Otro de los grandes problemas que enfrenta la niñez para lograr su pleno desarrollo, señalan los expertos, es la pobreza.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social

(Coneval) en 2014 más de 53% de la población menor de 18 años (21.4 millones) se encontraba en situación de pobreza multidimensional, entendida como la situación de una persona cuando no tiene garantizado el ejercicio de al menos uno de sus derechos para el desarrollo social y los ingresos percibidos por los miembros del hogar donde reside son insuficientes para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades.

El Coneval agrega que la mayoría de la población menor a 18 años, esto es, 78.6% (equivalente a 16.8 millones), reside en hogares donde se presenta una situación de pobreza moderada en tanto que 21.4% (4.6 millones) vive en hogares donde se presenta una condición de pobreza multidimensional extrema. Estos últimos residen en hogares que hacen uso de todo su ingreso en la compra de alimentos pero no pueden adquirir lo indispensable para tener una nutrición adecuada y presentan al menos tres carencias sociales.

Nicolás Villa, coordinador de relaciones públicas de Save the Children, dice a Vértigo que el principal problema en México para que los menores ejerzan sus derechos es el de la brecha social. “La inequidad hace que la mayoría de los mexicanos, más cuando son niñas o niños, no puedan ejercer sus derechos, realmente hablando de los básicos, como es protección, educación y salud, que son indivisibles. Y la verdad es que el ser humano solo está protegido si puede gozar de todos sus derechos”.

Según datos del INEGI, indica Villa, en 2015 casi 54% de la niñez mexicana vivía en pobreza. “Y si hablamos de niños indígenas esa condición sube a 91 por ciento”.

Cuentas claras

Respecto del presupuesto que se destina en el país para la infancia y adolescencia, indicó que más allá de la cantidad lo importante es ver cómo se ejerce. “Aquí lo que debemos ver es cómo se usa el presupuesto. Más que la cantidad hay que ver cómo se utilizan los recursos. Es decir, debe buscarse una rendición de cuentas, porque no hay mucha transparencia. Evaluar en qué se está usando el dinero, si está dando los resultados esperados y ver qué hay que modificar”.

Save the Children, expone, considera que lograr mayor democracia, transparencia y rendición de cuentas son parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a 2030 de la ONU y de la estrategia 25 al 25 del gobierno de México.

“La gente está harta de la corrupción, y con mucha razón. Estas son metas muy ambiciosas y cuando ves que el fin es terminar con la hambruna, con la pobreza, parece como un sueño, pero al fin de cuentas marca una ruta y parte de las herramientas para lograrlo es la transparencia”.

La familia

Si bien la familia es el primer pilar en la atención de la niñez, Nicolás Villa expresa que todos somos garantes de la educación de la infancia y la adolescencia. “Es cierto, pero no hay que quitar responsabilidad al gobierno. Una asociación como Save the Children, en cifras de 2015, ha atendido a 280 mil niños en México. Es una cifra bastante buena, pero nuestro objetivo no es llegar a 30 millones y quitarle la responsabilidad y trabajo al Estado. Es cierto que el primer garante es la familia y después la escuela, pero también está el gobierno, sobre todo en un país donde hay tanta inequidad”.

Por su parte, Elva Cárdenas, responsable de Normatividad, Promoción y Difusión de los derechos de las niñas, niños y adolescentes del DIF nacional, señala que un punto estratégico que atiende la dependencia es el buen trato a los menores, el cual inicia en la familia y a partir de ahí se promueve en todas las situaciones que tienen que ver con el niño.

“El maltrato infantil no solo se da en la familia: se da en la escuela, que es algo que se ha dado con mucha frecuencia en los últimos años con el bullying y todas sus derivaciones, como el cyberbullyng o el sexting; y hemos encontrado casos que nos sacuden el alma porque implican a niños que recurren hasta al suicidio. Entonces, primero hay que fortalecer a la familia para que tenga las herramientas necesarias para guiar a sus hijos”.

Añade que el DIF, a través de promover la cultura del buen trato, contrarresta los efectos del maltrato infantil mediante un trabajo de prevención primordial y universal, con la participación de las familias y sus integrantes como el principal espacio de protección, afecto y amor, con base en el respeto a la dignidad y la aceptación de las hijas y los hijos para que sean adultos responsables, libres y autónomos.

“Usted sabe que somos una población que envejece y cuya tendencia es atender a cada día más adultos mayores. Entonces, ese bono generacional es el que nos soportará a nosotros en todos los rubros. Y es algo que no debemos descuidar por ningún motivo, es un gran reto. Se están construyendo por ello las bases a través de la ley, pero la tarea es ardua y tiene que ver con un gran compromiso de todos, de la suma de la voluntad de todos”.

Voz y voto

Otro aspecto importante que se toma en cuenta es la participación de la infancia en la toma de decisiones en temas que les afectan.

“La participación de niñas, niños y adolescentes en la toma de decisiones, tanto en la familia como en la sociedad, puede tener un efecto fundamental en el trato que reciben y sus posibilidades de desarrollo, por lo que gobiernos, organismos internacionales, sociedad civil, comunidades, familias, líderes religiosos y los propios menores tienen una función muy importante que realizar para generar un cambio a favor del respeto de sus derechos”, afirma por su parte el director ejecutivo de la Redim, Juan Martín Pérez García.

“Que se garantice su derecho a participar tiene impacto en el ejercicio de todos sus demás derechos: a la protección, a la salud, a la educación… Sin embargo, a pesar de los importante que es, aún son muchos los retos que debemos enfrentar para garantizar que se ejerza de manera plena sus derechos”, puntualiza.

Al respecto, la senadora Angélica de la Peña, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, dice en entrevista con Vértigo que no basta con que los menores expresen sus opiniones: “Las autoridades, las organizaciones de la sociedad civil, los organismos internacionales, debemos actuar en consecuencia para que sus voces sean verdaderamente tomadas en cuenta”.

Es necesario, agrega la legisladora, “empezar a transitar a través de un compromiso para cambiar el estado de cosas. Tenemos que preocuparnos frente a datos terribles sobre la marginalidad de niñas y niños o las situaciones de riesgo que vive el país. Lo que tenemos que hacer es influir, cada quien donde estemos y hagamos lo que hagamos, en preponderar que los menores no sean maltratados, no sean ninguneados ni abusados, como hoy por desgracia acontece en muchas familias. Tratar de quererlos, protegerlos y entender que son sujetos de derechos”.

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Ricardo Pérez
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