Androides sexuales

Juan Pablo Delgado Juan Pablo Delgado  


2017-05-15 18:03:21

La frase del sumario no fue dicha en una noche de bodas o en una cena romántica. Esta declaración fue formulada en una bodega en San Marcos, California, donde la empresa Abyss Creations fabrica un producto que definirá el futuro de la humanidad: el nacimiento comercial de los androides sexuales.

Porque no queda duda: la aparición de los robots sexuales está prácticamente garantizada y será una realidad para finales de 2017.

Por lo tanto, es necesario comenzar a reflexionar sobre el inicio de esta nueva era. Porque estoy seguro de que “robots sexuales” no aparecen entre las prioridades de ustedes (bueno, quizá de algunos) al momento de despertar.

Pero basta tomar un breve momento para pensar en las implicaciones de esta irrupción: ¿Qué significa la llegada de los robots sexuales?

Antes de intentar una respuesta, dejen que les comente que no hablamos de esas ridículas muñecas de plástico —ojos saltones, bocas abiertas, tosquedad ridícula— que seguro han visto en la televisión.

No, no, aquí hablamos de androides hechos con silicona de primera calidad y que más allá de tener movimientos naturales (los necesarios para hacer la chamba requerida) tienen una inteligencia artificial aparentemente admirable; capaces de memorizar detalles de tu vida, gustos y perversiones, o sonetos de Shakespeare; contar chistes, entre otras monerías. Estamos ante el pórtico de un mundo donde verdaderos robots humanoides cumplirán tus perversiones y podrán convivir contigo.

Consecuencias

Entonces, ¿cuáles son las consecuencias de esto?

La problemática que surgirá al instante en la mente de muchos será algo relacionado a la misoginia. Se argumentará que estos robots solo perpetúan y acentúan la cosificación de la mujer (o el cuerpo de la mujer) convirtiéndolo —ahora sí, literalmente— en un objeto sexual.

¿Será esto verdad? Sin duda resulta sencillo imaginar escenarios distópicos sobre este tema. Seguramente habrá personas que formulen las ideas más horribles a partir de su “dominación” de un robot sexual; aunque otros posiblemente puedan liberar deseos reprimidos y evitar así llevarlos a la vía pública, disminuyendo el acoso y los crímenes sexuales. De igual manera, otros (la mayoría, quiero imaginar) simplemente utilizarán a su robot sexual de manera esporádica, sin que esto tenga consecuencias en sus vidas o en la de terceros.

¿Qué pasará entonces con las relaciones interpersonales? En esta temática, uno podría esperar que un par de pervertidos se obsesionen con sus robots y decidan nunca más salir de casa. ¿Pero podríamos decir lo mismo para la mayoría de la sociedad?

Difícilmente, ya que sería montarnos en los mismos miedos que han acompañado al surgimiento de todo tipo de tecnologías del entretenimiento, como los videojuegos, el internet o la realidad virtual. Siempre habrá personas intensas y otras tantas más que sean moderadas.

¿Cuál es entonces la mayor problemática?

Quizá sea —como menciona la periodista Jenny Kleeman en The Guardian— las consecuencias de poder “adquirir” una relación completamente egoísta: dar un paso más hacia la gratificación instantánea de nuestros deseos, nuestros caprichos y nuestros apetitos.

Pero seamos honestos: ¿no vivimos ya en un mundo de este tipo?, ¿qué más decadentes nos podría volver un androide sexual?