Martes 17 de julio de 2018
Hueconomía

Trump y los cuchillos

Hueconomía 845
2017-05-29 14:43:52 por Guillermo Fárber
Foto: Notimex

La pregunta solo puede parecer ociosa a quienes de plano se niegan a ver la realidad: ¿Estados Unidos está en el umbral de una segunda guerra civil o ya en los inicios de esta? Las evidencias están en todas partes. Por ejemplo, la más reciente portada de la revista Time es un provocador fotomontaje de la catedral cristiana ortodoxa moscovita de San Basilio (NO el Kremlin, como erróneamente se ha dicho, ¿no te parece una confusión sumamente curiosa?) montada sobre la Casa Blanca de Washington y escurriendo pintura roja sobre esta.

La imagen es tramposa pero no deja lugar a dudas: la guerra civil gringa es ya evidente entre los Good Guys y los Bad Guys (la revista Time obviamente milita en el bando antiTrump, como el New Yok Times, el Washington Post y otras fuentes señaladas como presstitutes).

Al parecer la guerra es a muerte y sin límite de tiempo. Los golpes son cada día más abiertos, más duros, más sucios, más descarnados. Los Trump-nacionalistas-pacifistas et al. contra los Hillary-globalistas-belicistas et al. Los ridículas acusaciones de colusión rusa en las pasadas elecciones, o el supuesto y tan cacareado memo de Comey (que NADIE ha visto) son otras tantas obvias manifestaciones.

The knives come out for Trump

Este artículo de Bill Bonner le da perspectiva histórica al asunto. Es una lástima, dice, que Trump no lea de historia: podría tomar de ahí algunas buenas ideas (o algunas malas, añade). Y se remonta al antecedente clásico de un imperio en las primeras etapas de su decadencia: Roma. A este respecto, los escándalos que tienen alguna oportunidad de inquietar al respetable, deben ser muuucho mayores que los referidos a Comey y los hackers rusos (que solo hacen bostezar a las masas teleadictas y no son siquiera materia de chismorreo, mucho menos de juicio político).

Por ejemplo, dice, Trump podría intentar algunas iniciativas realmente demenciales y divertidas. Como convertir al Senado en un burdel. O nombrar cónsul a su caballo. O exigir que se le adore como a un dios (Neos Helios, el Nuevo Sol). Sí, claro, alude al tercer emperador romano, Calígula, que tras un inicio promisorio cayó enfermo y después mostró signos de desequilibrio mental.

En esta etapa inicial de la decadencia primero asoman los codazos y luego salen a relucir los cuchillos. Calígula pronto hizo asesinar o exiliar a casi todos sus parientes, dilapidó el tesoro público que le había dejado su antecesor y tío-abuelo Tiberio, se peleó con el Senado, se acostó públicamente con sus hermanas, se lanzó a guerras sin sentido y dio por aparecer en público disfrazado de Hércules o Apolo. El colmo fue cuando anunció que se proponía mudar la corte a Egipto. La guardia pretoriana (equivalente al Estado Mayor mexicano) lo emboscó en un pasillo de su propio palacio y lo cosió a puñaladas.

Trump no es Calígula… pero algunos querrían que lo fuera.

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Guillermo Fárber

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