Domingo 19 de noviembre de 2017
Poder Nacional

EL CESE AL FUEGO EN SIRIA

Oliva 852
2017-07-17 17:35:10 por Javier Oliva Posada
Foto: AP Evan Vucci

Derivado de un encuentro bilateral en el marco de la reciente reunión del Grupo de los 20 (G-20) en Hamburgo, los presidentes de Rusia y Estados Unidos lograron un importante avance en cuanto a la construcción de un duradero e indispensable proceso de paz en una guerra que ya se prolonga por más de seis años en Siria.

Auspiciadas por la muy probable muerte del líder fundador del autodenominado Estado Islámico, además de la conquista de la ciudad de Raqqa, sede principal de esa organización, las circunstancias parecen alojar razonables expectativas para un pueblo que ha sido martirizado por los distintos bandos, incluyendo al mismo gobierno.

Desde 2001 para Estados Unidos esa amplia parte del mundo que significan países como Irak, Siria, Líbano y Afganistán, sobre todo, ha concentrado ingentes esfuerzos militares, tecnológicos y de ayuda económica para grupos y gobiernos, sin que los resultados sean los esperados. Ahora mismo se ha dado a conocer que el presidente Donald Trump autorizó una vieja petición del Departamento de Defensa y de los responsables de la estrategia militar en Afganistán para enviar entre tres mil y ocho mil soldados a ese país para contener tanto el avance del Talibán como la implantación del grupo Estado Islámico (EI).

La posibilidad de un acuerdo en Siria permitiría a las potencias involucradas de forma directa en la guerra, incluyendo a Rusia, Estados Unidos y Francia, dirigir su atención hacia otros escenarios no menos peligrosos, como son el norte de África y la desestabilización en Libia.

Pero para construir una vía consistente de pacificación en aquel país las opciones son pocas y muy difíciles. Problemas como el destino de casi once millones de refugiados o la comisión de delitos de lesa humanidad durante la guerra serán tan solo algunos de los obstáculos para establecer qué responsabilidad tienen los bandos en los hechos.

Doctrinas

Para Estados Unidos es muy importante considerar que los acercamientos con Rusia no pueden basarse en empatías ni ser simples acercamientos, así sea entre ambos presidentes. La prueba está en cómo el jefe de la Casa Blanca tuvo que negar una afirmación hecha por él mismo respecto de crear una estructura binacional para que su país y el de Vladimir Putin formaran una alianza antihackers para proteger sus procesos electorales.

Avanzar en una nueva era de las relaciones entre Washington y Moscú debe pasar por consideraciones de las doctrinas militares y de política exterior de ambas naciones.

Siria será por mucho un escenario de diferencias y prueba decisiva para constatar si hay una nueva etapa para el entendimiento entre las dos mayores potencias militares del mundo: primero, por la alianza histórica de Rusia con la tiranía de Bashar al-Assad; segundo, por la presencia de grupos procedentes de la etnia (nación) del Kurdistán, algunos apoyados por Estados Unidos, que pretenden, con la frontal e inamovible postura de Turquía, dar pasos firmes hacia la secesión y posterior independencia; y tercero, y por mucho lo más importante, crear las formas y procedimientos tácticos conjuntos y multilaterales para que las organizaciones calificadas como terroristas no puedan seguir actuando, aunque se encuentren acotadas, pero con implantes sustanciales en el agobiado territorio sirio.

Los retos por venir sin duda pueden dejar el camino abierto a un mejor ambiente geopolítico en la región, por lo que de mantenerse esa tendencia la atención de Estados Unidos y del mundo se desplazará al Mar de China y a las graves tensiones en la Península de Corea.

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Javier Oliva Posada

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