Viernes 19 de octubre de 2018
Alacena de Recuerdos

Convento de La Merced

Carmen Mondragón (Nahui Ollin)
2013-02-22 01:33:52 por Alberto Barranco
Foto: Internet

Colocado, entronizado por el secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, como centinela frente a la tentación permanente de la picota, destruida ya la mitad de la joya, el pintor Gerardo Murillo, o Doctor Atl, llevaría el escándalo al Convento de La Merced.

El Ave-María-Purísima de la Liga de la Decencia tenía nombre y apellido: Carmen Mondragón, Nahui Olin para el artista. La mujer de ojos de pantera y fuego en las entrañas. La que abandonó al marido para convertirse en fiera.

La mujer desnuda que pintaron y retrataron todos los grandes. La amante fugaz de Diego Rivera.

De pronto, amoroso, tierno, el artista que alguna vez acudió al parto del Paricutín para plasmar los dolores de la tierra, la llevó de la mano a las criptas. El sepulcro de una mujer de la época virreinal. La seda empolvada aún bajo la calavera terrible.

- Dale las gracias por el anillo que te di.

El rugido vengó la afrenta a cachetadas, patadas, gritos, maldiciones…

Y de pronto, somnoliento, el pintor despierta al frío de un cañón de pistola apretándole al pecho desnudo. Y las cartas, a veces rosas, a veces negras, a veces amarillas de bilis, se cruzaban por docenas.

Y un día Nahui hizo rodar por las escaleras del claustro del convento, edificado originalmente en 1593 por la Orden de Nuestra Señora de la Merced y Redención de Cautivos, a una de las dos modelos que llegaban a posar para el Dr. Atl.

Otro clavaría en el añejo portón su manifiesto contra el tirano: “Miserable doctorcillo, asesino de mujeres, viejo loco, te he puesto los cuernos con 20 hombres hechos y derechos. Tu desprecio no me alcanza”.

Uno más, Gerardo Murillo, escribiría el suyo: “Te odio, porque odio ser víctima de tu belleza. Te odio, porque odio esa sensación de inquietud cuando no te tengo junto a mí”.

Dicen

La erupción del volcán cruzó por comisarías, fiestas, desgarres de vestiduras, chismes y leyendas. Que Nahui -decía la palabra náhuatl Mujer del sol en el calendario azteca- había matado al hijo que tuvo con el pintor Manuel Rodríguez Lozano; que se había acostado con su padre, el general Manuel Mondragón; que se bañaba desnuda en los tinacos del convento… que surtían al vecindario.

Que Gerardo Murillo se peleó con el pintor Joaquín Causell, su discípulo, por andar en amores con una sobrina de este de 14 años.

Lo cierto es que en su libro Gentes profanas en el convento el Doctor Atl nunca menciona por su nombre a Carmen Mondragón, por más que habla de dos volcanes en su vida: el Paricutín y ella.

Dicen que aún se escuchan los insultos en el eco de las paredes del más bello claustro de la Ciudad de México, con sus columnas dóricas con detalles mudéjar. Dicen que la dama de la lápida sigue buscando su anillo. Dicen que Nahui cobijó sus recuerdos entre mil gatos de la casa de Tacubaya que le heredó su padre.

Dicen que el convento quedó maldito.

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Alberto Barranco

Claroscuro, Alacena de Recuerdos