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DOS CONCEPTOS QUE SUENAN Y RESUENAN

“La terminología no es fija y los conceptos de derecha e izquierda han cambiado”

Luis XVI.Luis XVI.
Luis XVI.|Foto: © Museo Carnavalet

Un día tomo mi celular y me pongo a scrollear las redes sociales para pasar el rato. Facebook, X e Instagram: a cada uno le dedico aproximadamente 15 minutos. Por mi historial, el algoritmo me presenta contenido que en su mayoría es de carácter político. Análisis, debates y opiniones de temas actuales.

Estas comunicaciones no provienen necesariamente de noticieros, sino de diferentes espacios, desde un tuit de alrededor de 200 caracteres hasta un reel de Instagram, donde un generador de contenido que desconozco hace un análisis político, ambos sobre las recientes elecciones de Brasil. Por supuesto, dos palabras suenan bastante en uno y otro caso: izquierda y derecha.

La política actual en varios países de Occidente —me limitaré a esta área— ha desencadenado un enorme número de reacciones en las cuales el común denominador narrativo es la lucha entre la izquierda y la derecha; aunque ya algunos utilizan ultraderecha como sinónimo de la segunda.

Lo que se observa en esta saturación de contenido es que ambos términos se han ido degradando a tal grado que ya parecen más etiquetas performativas o insultos para designar a la otra parte, es decir, una distinción inventada entre buenos y malos. Rara vez quienes se autonombran con orgullo algunos de estos dos conceptos pueden en verdad describirlos.

Lo cierto es que en la historia la terminología no es fija y los conceptos de derecha e izquierda han cambiado a lo largo de los años. Sin embargo, no sobra recordar cómo fue que se concibieron. Para eso tenemos que ir atrás a los albores de la Revolución Francesa, cuando Luis XVI todavía conservaba su cabeza.

La monarquía se encontraba con varias dificultades, sobre todo económicas, por lo que el rey convocó a una asamblea general llamada los Estados Generales, conformada por representantes de los tres estamentos: el clero, la nobleza y el pueblo. Al tercer día de reuniones se eligió la manera en que las credenciales de los representantes de cada estamento serían verificadas.

Dicotomía

La opción tradicional proponía que cada credencial fuera verificada solo por su propio estamento, mientras que la opción modernista planteaba que se hiciera en común por todos los representantes sin importar el estamento.

Debido al número de integrantes en la asamblea, se decidió simplificar la votación a partir de la posición que ocuparan los partidarios de cada opción. Quienes estaban a favor de que se mantuviera la tradición se posicionaron a la derecha del presidente de la asamblea, mientras que quienes apoyaban que la verificación se llevara a cabo por todos los diputados, efectivamente reduciendo la vigencia de la división entre los tres estamentos, se colocaron a la izquierda.

Eventualmente, tal orden de los casos se mantuvo para otras votaciones, puesto que conformaba la dicotomía presente: los que se vinculaban con los ideales que no muy tarde marcarían la Revolución francesa (y al mundo político), y aquellos que defendían la continuidad del antiguo régimen (Bienfait y van Beek, Political Left and Right, 336).

Izquierda y derecha no serían estáticos ni llegarían a definir una corriente ideológica de inmediato. De hecho, lo que antes podría ser de izquierda ahora no se vería como tal y, por lo tanto, sería un error tratar de clasificarlo.

Claro que surgen más preguntas. Entre ellas, ¿por qué unos escogieron el lado derecho y otros el izquierdo? ¿Acaso fue pura coincidencia o implicaba nociones más profundas e inclusive antiguas sobre las dicotomías que parecen dictar nuestras maneras de asimilar abstracciones que no solo son políticas, sino de la misma cotidianidad?