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25 enero 2022
Ricardo Pérez Valencia
Internacional

¿A DÓNDE VA LA SEGURIDAD ALIMENTARIA EN 2022?

En 2015 la Asamblea General de la ONU adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: un plan de acción que reconoce que el mayor desafío del mundo actual es la erradicación de la pobreza.

La Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas (ONU) plantea 17 objetivos que abarcan las esferas económica, social y ambiental, entre los que destaca sin duda el objetivo 2: poner fin al hambre. Por desgracia las estimaciones a 2020 indican que cerca de 690 millones de personas en el mundo, es decir, 8.9% de la población, sufren todavía la carencia grave de alimentos.

Esto indica que el planeta no está bien encaminado para alcanzar el objetivo de hambre cero para 2030 y, por el contrario, si continúan las tendencias recientes el número de personas afectadas por el hambre podría superar los 840 millones para entonces.

Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU este fenómeno responde principalmente a los conflictos que causa el propio ser humano, el cambio climático, las plagas y las recesiones económicas, a lo que se agregó en los dos años recientes la pandemia de Covid-19.

Propuestas

Ante ello en el sector agroalimentario se necesitan medidas urgentes para garantizar que las cadenas de suministro se mantengan en funcionamiento, como el aumento de la productividad agrícola y la producción sostenible, que serán cruciales para ayudar a aliviar los riesgos del hambre.

Para enfrentar estos riesgos la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) insta a los países a estimular programas de protección social, mantener el comercio mundial de alimentos y en funcionamiento los engranajes de las cadenas de suministro nacionales, y apoyar la capacidad de los pequeños productores para aumentar la producción.

De acuerdo con el organismo hoy se producen alimentos más que suficientes para alimentar a cada uno de nosotros, pero hasta 811 millones de personas siguen padeciendo desnutrición crónica en medio de signos de disminución del impulso para alcanzar el objetivo de hambre cero.

Estas preocupantes tendencias coinciden con la disminución de la disponibilidad de tierras; el aumento de la degradación del suelo y la biodiversidad; y eventos meteorológicos más frecuentes y severos: el impacto del cambio climático en la agricultura agrava la situación.

Según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021 los conflictos, la variabilidad y las condiciones extremas del clima, así como las desaceleraciones y debilitamientos de la economía, agravados por la pandemia de Covid-19, son los factores causantes de los recientes aumentos del hambre y de la desaceleración y debilitamiento de la economía.

Todo ello repercute fundamentalmente en los sistemas alimentarios en virtud de sus efectos negativos en el acceso a los alimentos, incluido el acceso a dietas saludables, en la medida en que son causa de aumentos del desempleo y disminuciones de los sueldos y los ingresos.

Qué hacer

El informe propone seis vías para enfrentar los principales factores determinantes de las tendencias recientes en materia de seguridad alimentaria y nutrición y garantizar el acceso sostenible e inclusivo a dietas asequibles y saludables para todos.

1. La integración de las políticas humanitarias, de desarrollo y de consolidación de la paz en las zonas afectadas por conflictos.

2. La ampliación de la resiliencia frente al cambio climático en los distintos sistemas alimentarios.

3. El fortalecimiento de la capacidad de la población más vulnerable ante las adversidades económicas.

4. La intervención a lo largo de las cadenas de suministro para reducir el costo de los alimentos nutritivos.

5. La lucha contra la pobreza y las desigualdades estructurales, garantizando que las intervenciones favorezcan a la población pobre y sean inclusivas; y,

6. El fortalecimiento de los entornos alimentarios y la introducción de cambios en el comportamiento de los consumidores para promover hábitos que tengan efectos positivos en la salud humana y el medio ambiente.

Para aumentar la disponibilidad de alimentos y reducir su costo se exige un conjunto coherente de políticas, inversiones y leyes desde la producción hasta el consumo para obtener aumentos de la eficiencia y reducir las pérdidas y el desperdicio a fin de contribuir al logro de estos objetivos.

El director general de la FAO, Qu Dongyu, señala que invertir en soluciones energéticas limpias, asequibles y sostenibles juega un papel crucial para acabar con la pobreza y el hambre. “Los vínculos entre los alimentos y la energía, y el agua y la energía, no se pueden desconectar. La seguridad alimentaria futura dependerá de la protección de nuestros recursos de tierras, suelos y aguas”.

Destaca entre las iniciativas que propone la FAO la Gran Muralla Verde, programa que lanzó la Unión Africana en 2007 para revertir la degradación de la tierra y la desertificación a través de la plantación y recuperación de árboles y mediante la regeneración de tierras de cultivo.

Impulso

Asimismo se ha destacado que la reducción de la pérdida y el desperdicio de comida ayudarían a lograr la seguridad alimentaria, mejorar la calidad de los alimentos y disminuir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

Datos de la FAO señalan que 931 millones de toneladas (17%) de los alimentos que se produjeron en 2019 acabaron en la basura. En términos de dinero, la pérdida anual de alimentos se estima en 400 mil millones de dólares.

Asimismo, recalcó que los alimentos que no se consumen suponen un desperdicio de recursos como la tierra, el agua, la energía, el suelo, las semillas y otros insumos utilizados para su producción y la mano de obra que se emplean en producirlos, recolectarlos, elaborarlos, transportarlos y cocinarlos.

Por si fuera poco el desperdicio de alimentos produce contaminación y los GEI que se generan a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula que entre 8 y 10% de las emisiones mundiales de GEI se asocian con alimentos que nunca se consumieron.

México

Nuestro país, por supuesto, no es ajeno a esta serie de afectaciones al avance de la seguridad alimentaria.

Sin embargo, el secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Víctor Villalobos Arámbula, afirma que en la actual administración se ha logrado una recuperación de la rectoría de la política agroalimentaria donde los más beneficiados son personas de escasos recursos.

Villalobos anticipa un buen año en producción agroalimentaria: “La producción agropecuaria, pesquera y acuícola del país en 2022 se espera con buenos resultados, dada la temporada de lluvias, con la consecuente disponibilidad de agua en presas y acuíferos, el acompañamiento de los bienes públicos y los programas prioritarios, aunado a la estrategia de diversificación de mercados”.

Resalta que como resultado de la aplicación de los programas prioritarios, el año pasado el gobierno dejó de importar leche en polvo del programa social de abasto, se recupera la producción de cacao y café y se avanza en granos básicos en pro de la seguridad alimentaria con soberanía.

Añade que en el proceso el gobierno de México autorizó el incremento de los precios de garantía para granos básicos y leche fluida, además de la ampliación de la entrega de fertilizantes gratuitos a cinco entidades más en 2022.

El funcionario destaca que “somos el séptimo exportador internacional de agroalimentos, vendemos a más de 190 países y nos ubicamos en el sitio doce a nivel mundial como productor de alimentos”.

Asimismo, a pesar de la crisis por la pandemia el sector agrícola jamás se detuvo y al cierre de 2021 se estima un incremento en la producción con un volumen de 292.8 millones de toneladas, un adicional de cinco millones respecto de 2019 y de 2.1 millones en comparación con 2020.

Producción para el Bienestar es el programa prioritario de carácter productivo con mayor cobertura y dispersión en el país. En 2021 atendió, según cifras preliminares, a dos millones 300 mil beneficiarios de granos (principalmente maíz, frijol, trigo y arroz), café, caña de azúcar, cacao, amaranto, chía y miel.

Además, con el objetivo de colaborar en el combate a la carencia alimentaria el gobierno de México, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Pacto Mundial México y la Red de Bancos de Alimentos de México (Bamx) desarrollaron el grupo de trabajo Hambre Cero.

Las iniciativas que partan de ahí se enfocarán en el mejoramiento de la seguridad alimentaria en México, alineados al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.

Numeralia

Hambre Una de cada nueve personas en el mundo está subalimentada; esto es, alrededor de 815 millones de habitantes. Asia es el continente que tiene la mayor población de gente que sufre hambre, con dos tercios del total. La pobre nutrición causa cerca de la mitad (45%) de las muertes en niños menores de cinco años: 3.1 mil niños cada año.

Seguridad alimentaria El sector de la agricultura es el mayor empleador del mundo y proporciona medios de vida a 40% de la población mundial actual. Es la mayor fuente de ingresos y empleos para los hogares rurales pobres. Casi 500 millones de pequeñas granjas en todo el mundo proporcionan hasta 80% de los alimentos. Un mejor uso de la biodiversidad agrícola puede contribuir a dietas más nutritivas, mejorar formas de vida en las comunidades agrícolas y ayudar a que los sistemas agrícolas sean más resistentes y sostenibles. Si las mujeres agricultoras tuvieran el mismo acceso a los recursos que los hombres, la cantidad de personas que padecerían de hambre en el mundo se reduciría hasta en 150 millones. Al menos cuatro mil millones de personas no tienen acceso a electricidad en todo el mundo, la mayoría de las cuales vive en áreas rurales de los países en desarrollo.

Fuentes: ONU, FAO, PNUMA y UNICEF