EU flags waving in front of European Parliament building in Brus
14 octubre, 2020
Claudia Luna Palencia
Internacional

LA PANDEMIA ACELERARÁ LAS FUSIONES Y OTRAS ESTRATEGIAS

El sector bancario mundial ha vivido etapas de profundas transformaciones marcado siempre por la ruta de la crisis, ya sea económica o financiera: esta vez los efectos negativos de la pandemia del SARS-CoV-2 serán propulsores de cambios.

Pero el futuro que viene no se circunscribe únicamente al ámbito financiero sino que tocará a muchos otros sectores obligados a buscar fusiones y asociaciones estratégicas antes que llegar a la extinción o a la quiebra inminente.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) avizora una caída de 4.9% en la economía mundial en 2020. El impacto de la emergencia sanitaria se digiere en diversas magnitudes en cada país, donde unos la resienten más que otros. España, Italia y Francia tienen los peores pronósticos de contracción económica, con una desaceleración que en los tres casos superará 12 por ciento.

Para el organismo con sede en Washington existe “un grado de incertidumbre inusitadamente elevado” y todo dependerá de las secuelas de la pandemia. Distingue con claridad dos tipos de países y dos distintos niveles: unos con una transmisión baja o bien más controlada y otros con una situación en descontrol.

“En las economías con tasas de infección decrecientes la ralentización de la trayectoria de recuperación prevista en los pronósticos actualizados refleja un distanciamiento social persistente a medida que nos adentremos en el segundo semestre de 2020; mayores cicatrices (daño al potencial de oferta) debido al hecho de que la actividad sufriría más de lo previsto durante el confinamiento instituido en el primer y segundo semestres de 2020; y un golpe a la productividad a medida que las empresas que sobrevivan incrementen las necesarias prácticas de seguridad e higiene en los lugares de trabajo”, indica el FMI.

Todo lo contrario para las economías que peor gestionan la transmisión del virus con cuarentenas y confinamientos obligatorios: el organismo señala que el daño a la actividad tendrá consecuencias en el tipo de recuperación.

Aconseja que la política económica funja de amortiguador para las pérdidas de ingresos en los hogares a través de medidas sustanciales y bien focalizadas, además de brindar apoyo a empresas que sufren las consecuencias de restricciones obligatorias a la actividad.

Hay sectores que se harán más pequeños y otros buscarán la consolidación. En todo caso las compañías de gran tamaño posiblemente terminarán siendo más grandes porque absorberán a otras a fin de quitarse competidores y amacizar su posición en el mercado. Entre los medianos y pequeños los movimientos tenderán hacia distintas vías: compras y acuerdos entre empresas de mediano a pequeño tamaño; unión de firmas de mediano tamaño para subsistir; algunas uniones entre las pequeñas, aunque parece que será el sector más castigado con desapariciones y quiebras.

En el primer semestre del año millones de compañías quedaron comprometidas y expuestas a los efectos de la caída en el consumo a nivel global debido a los confinamientos y a las medidas de distanciamiento físico para evitar los contagios por coronavirus.

Tan solo en América Latina, según organismos locales, la pandemia provocará el cierre de 2.7 millones de empresas.

Asimismo estiman la destrucción de 8.5 millones de puestos de trabajo en la zona, si bien la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aseveró recientemente que el mundo podría perder mil 85 millones de empleos, unos 495 millones tan solo en el segundo trimestre. Se estima la pérdida de 345 millones en el tercer trimestre y de 245 millones de puestos laborales en el cuarto.

A su vez la Cepal pide a los gobiernos regionales programas especiales para salvar a las micro y pequeñas empresas de la extinción. Por ejemplo en el sector comercial cerrarán 1.4 millones de compañías y con ellas cuatro millones de empleos. Los pronósticos son de un PIB regional con una contracción de 5.3 por ciento.

En la esfera de los apoyos Guy Ryder, director general de la OIT, insta a redoblar esfuerzos para “vencer al virus” y primordialmente para paliar sus efectos en lo económico, social y laboral.

“Habida cuenta de la celebración en Nueva York de la Asamblea General de las Naciones Unidas cabe subrayar la imperiosa necesidad de que la comunidad internacional formule una estrategia a escala mundial encaminada a facilitar la recuperación por medio del diálogo, la cooperación y la solidaridad. Ningún grupo o país, ninguna región, podrá superar esta crisis por sus propios medios”, declaró Ryder.

Fusiones a la vista

El plan de llevar a las instituciones de crédito de la Unión Europea (UE) hacia una nueva era ya estaba sobre la mesa del Banco Central Europeo (BCE), desde que la francesa Christine Lagarde tomó posesión como nueva dirigente del organismo en noviembre pasado y la vicepresidencia recayó en el español Luis de Guindos.

Se trata de ajustar el modelo bancario: la irrupción del SARS-CoV-2, que además de la urgencia sanitaria ha traído consigo daños colaterales en el sistema económico, puso el caldo de cultivo para echar a andar cuanto antes las fusiones bancarias.

La intención es permitir que las instituciones de crédito sorteen la crisis lo mejor posible, aunque el contexto original partía de la necesidad de tener una banca más digitalizada, con cada vez menos oficinas y más operaciones virtuales, y hacer un modelo más efectivo, eficiente y con menores costos.

Si los bancos cuentan con mejores mecanismos contra la protección de riesgos de liquidez y de insolvencia, así como de cobertura por créditos y préstamos concedidos, hay instituciones que apenas respiraban tras la crisis financiera de 2008, que ha demorado una década en ser controlada… y ahora aparece en la escena un nuevo enemigo invisible desatando la caída del consumo, la pérdida de empleos, junto con la de ingresos, así como rebajas salariales. Muchas personas son deudoras de empréstitos.

Otra vez la pesadilla. El sistema bancario mundial experimentó en los últimos 30 años una serie de cambios tratando de responder a los avatares que dejan las crisis económicas y financieras: así se han dado fusiones, consolidaciones, quiebras, rescates bancarios e intervenciones gubernamentales, unas veces para liquidar y otras para sanear a la institución de crédito y luego venderla.

En ese camino de transformaciones los modelos pasaron de bancos múltiples, con instituciones mixtas, unos nacionales públicos que luego han sido privatizados, y se abrieron los países a fin de aceptar la presencia de inversión privada extranjera.

De la banca múltiple de las décadas de 1980 y 1990 se dio paso luego a una banca más especializada y el esquema actual encamina hacia una concentración mucho más pequeña de grandes instituciones. Diversos expertos señalan una serie de países con bancos débiles como candidatos a las grandes fusiones.

Estos días España, con la fusión entre CaixaBank y Bankia, atrapa la atención internacional. Se destaca el ahorro de costos, las afinidades y que será un acelerador para la digitalización de los servicios financieros. En este caso entre la búsqueda de sinergias habrá cierre de sucursales y reducción de la plantilla: hasta ocho mil empleados menos.

La unión sumará la mayor cuota de oficinas y de clientes con 20 millones de personas, es decir, casi la mitad de la población de España; su volumen de negocio será por 368 mil 500 millones de euros y unos 555 mil 400 millones de euros en recursos de clientes.

Sin duda las cifras resultantes de esta unión son escalofriantes, sobre todo porque la experiencia ha dejado amargas lecciones, como la quiebra de bancos de inversión de raigambre como Lehman Brothers.

El tamaño sí importa: entre mayor es el banco, mayor es el riesgo y mayor debería ser su rescate. En España se habla de la “bondadosa fusión” porque el Estado dejará de ser el accionista principal de Bankia y se sacan de la órbita de presiones a partidos de extrema izquierda como Podemos.

La anterior crisis, en 2008, redujo el tamaño bancario en el país ibérico de 54 a doce instituciones. Tal parece que el nuevo dimensionamiento apunta hacia dejar solo entre tres y cinco bancos.

En la actualidad los bancos más grandes (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia y Sabadell) acaparan 70% del mercado español. Ya se habla de fusiones interesantes como BBVA con Sabadell o Liberbank o Abanca; o la de Santander con Abanca y la de Unicaja con las restantes cajas de ahorro que quedan. Algunos hasta suman a BBVA con Santander, lo que de darse crearía un titán colosal.

Se avizoran movimientos en la banca europea que podrían durar entre uno y cuatro años. El Banco Central Europeo (BCE) publicó una serie de informes acerca de la actual salud de las instituciones de crédito. Su análisis prácticamente lleva de la mano al sector a iniciar un proceso necesario de consolidación si quieren sobrevivir muchas de las instituciones financieras.

De acuerdo con el documento, “en el escenario severo el promedio de solvencia financiera de los bancos medido a través del ratio CET1 de los bancos se reduciría en 5.7 puntos porcentuales a 8.8% desde 14.5%; varios bancos tendrían que tomar medidas para mantener el cumplimiento de sus requisitos de capital mínimo, pero el déficit general seguiría estando contenido”.

¿Quién sigue?

El proceso español podría ser el principio de muchas otras fusiones bancarias dentro del espectro europeo. Es más: podría destrabar operaciones que hace un tiempo se intentaron pero por alguna u otra circunstancia no se lograron.

Ahora el foco de atención está puesto en las tres economías de la UE más afectadas en su PIB: España, Francia e Italia; pero los analistas no descartan movimientos interesantes en Alemania, Portugal, Grecia y Países Bajos.

Destacan en Europa entre los cinco conglomerados financieros más grandes por su nivel de activos: 1) HSBC, con dos mil 234.3 millones de euros; 2) BNP Paribas, con dos mil 40.8 millones de euros; 3) Credit Agricole, con mil 854.8 millones; 4) Banco Santander, con un nivel de activos de mil 459.3 millones; y, 5) Deustche Bank, con mil 348 millones de euros.

Hay activos importantes en el espectro europeo dispuestos a moverse, como en el caso de Italia: en julio pasado la Autoridad de Competencia dio luz verde al proceso de adquisición de UBI Banca (cuarto mayor banco) por parte de Intesa Sanpaolo (el mayor banco minorista), que es el primero en capitalización bursátil.

Después está el Monte dei Paschi. La intención del gobierno del primer ministro Giuseppe Conte es deshacerse de la participación de 68% que tiene el Estado italiano en el banco más antiguo del mundo, fundado en 1472 y rescatado en 2017.

Y comenzaron los sondeos al respecto entre entidades como UniCredit, al tiempo que el ministro de Finanzas, Roberto Gualtieri, signó un decreto autorizando la posibilidad de venta.

En Alemania también hay cierta expectación respecto de qué pasará con su sistema bancario, sobre todo con sus dos instituciones importantes, el Deutsche Bank y el Commerzbank, con problemas de rentabilidad.

Los dados están en el aire. Ricardo Zion, catedrático de EAE Business School, comenta que el BCE lleva años insistiendo en que es la vía adecuada “para buscar una necesitadísima eficiencia en los costos” para mejorar su solvencia y su liquidez.

“Lo que está claro es que la intención del BCE no es crear bancos europeos más competitivos frente a los de otras geografías sino lograr la supervivencia de un sector que ya era frágil antes del Covid-19 en un entorno de tipos de interés negativos y con un crecimiento económico nulo”, subraya.

Zion califica de movimiento defensivo a las fusiones por venir. Es “comer antes de que te coman”, una estrategia que se realiza no para crecer sino para poder sobrevivir.

“El principal objetivo de esta fusión es la reducción de costos, única vía que tienen los bancos para tratar de ser rentables mediante el cierre de sucursales y la reducción de plantillas”, expresa.

Para Zion la partida apenas comienza. Vendrán nuevos movimientos en Alemania, Italia y Francia; en la nación gala está el tema postergado del BNP y Société Générale.

Los ratios de liquidez y de solvencia son los dos focos en el semáforo del espectro bancario europeo. Los futuros reacomodos dependerán de la intensidad, de la duración de la pandemia y de la recuperación económica. Todavía está en duda si la salida de la crisis será lenta o bien habrá un rápido rebote en V. La gestión de la segunda ola del coronavirus será clave.

Y en otros sectores…

Empresas de todos los tamaños, en otros sectores empresariales e industriales, también preparan su batería de fusiones en diversas partes del mundo además del bancario: están el aéreo, el energético, el de tecnología, la telefonía y el farmacéutico.

La española Telefónica anunció la fusión de su filial británica O2 con Virgin Media. Otros corporativos venden o compran. Es el caso de Imperial vendiendo Tabacalera, mientras los fondos KKR, Providence y Cinven presentaron una oferta de compra por MásMóvil.

Microsoft adquirió Affirms Networks, dedicada a desarrollar software, “para ayudar a construir redes de comunicaciones virtualizadas” con base en la nube; su pretensión es participar en los servicios de 5G.

Otro movimiento interesante es el de Blocity, que desarrolla soluciones CRM con base en ventas para telecomunicaciones, gobierno, salud, seguros, medios y servicios públicos; esta empresa fue absorbida por Salesforce.

En plataformas tecnológicas Visa compró Plaid Technologies, interesada en su tecnología API para aplicaciones móviles financieras; en materia de seguridad antifraude F5 se quedó con el negocio de Shape Security.

Por su lado la japonesa Hitachi aumentó su participación en Hitachi High-Technologies (HHT), un productor de equipos industriales, semiconductores y equipos médicos.

En Estados Unidos la Comisión Federal de Comercio dio su visto bueno para la fusión de AbbVie con Allergan, convirtiéndose así en la cuarta corporación farmacéutica de EU.

Se espera que entre las farmacéuticas sucedan absorciones estratégicas no solo por el tema de las vacunas contra el coronavirus sino también por el suministro de medicamentos.

La Unión Americana, Japón, China y Alemania controlan el mercado de los medicamentos a nivel global con una facturación cercana a los 851 mil 700 millones de euros.