Domingo 22 de julio de 2018
El árbol de moras

Este título es falso

DONALD TRUMP
2016-10-11 18:18:35 por Juan Pablo Delgado
Foto: AP C: Hong

El legendario comediante George Carlin sentenció hace 20 años que él jamás se quejaba de los políticos, ya que finalmente todos se quejaban de ellos y todos decían lo mismo: que los políticos apestan y no son de fiar.

Sin embargo, como acto siguiente Carlin volteaba su lupa para enfrentar a la audiencia, argumentando que en vez de criticar a los políticos haríamos mejor criticando al electorado: “Si tienes un público egoísta e ignorante, tendrás entonces una clase política egoísta e ignorante”.

Menciono todo esto porque el veredicto de Carlin parece cada día más relevante; más aún cuando estamos en medio de una crisis política que desgasta y erosiona a los sistemas democráticos en todo el mundo y nos podría llevar al oscurantismo después de un siglo de liberalismo en Occidente.

Ejemplos como el Brexit y el auge de Donald Trump vuelven urgente la necesidad de contar con un electorado a la altura de las circunstancias presentes. Un electorado que esté informado y dispuesto a tomar decisiones inteligentes y acertadas.

Se vale soñar, amigos, ya que nada podría estar más lejos de la realidad.

Al analizar nuestra coyuntura presente es evidente que nuestro problema democrático es más profundo de lo que aparenta y va mucho más allá de políticos deshonestos o electores indiferentes. El problema, de hecho, es más cercano a una crisis epistemológica: en la arena política, la Verdad es cada día más irrelevante.

Claudicación

La campaña presidencial de Estados Unidos es ejemplo perfecto de esto. Una calamidad absoluta para cualquier amante de los hechos o la verdad que terminó coronada con el primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump. Un encuentro a todas luces surrealista, donde una mujer sumamente preparada se enfrentó a un orangután ignorante, mentiroso y farsante.

De acuerdo con Politifact, 85% de todas las declaraciones que Trump ha hecho durante la campaña (incluyendo el debate) han sido completamente falsas (18%), falseadas (35%), mayoritariamente falsas (17%) o medias verdades (14%). Solamente 15% de ellas han sido verdaderas (4%) o  casi verdaderas (11%).

¿Habían visto ustedes algo semejante en sus vidas?

Lo peor de todo —según analistas— es que probablemente la mitomanía de Trump no tenga ningún tipo de impacto con sus seguidores. Finalmente, el magnate ya ganó la primaria del Partido Republicano y está prácticamente empatado con la señora Clinton.

El problema aquí no parece ser culpa de políticos oportunistas. Todos sabemos perfectamente que los políticos son deshonestos en distintos grados. Es el típico juego del proceso democrático: los candidatos nos prometen las riquezas de Cíbola y nosotros tomamos sus promesas with a grain of salt, como dirían los Yanquis.

Sin embargo, el electorado estadunidense parece haber llegado a un grado de cinismo sin parangón en la historia, claudicando por completo a cualquier responsabilidad democrática o a cualquier interés de conocer la Verdad de los hechos; de conocer los datos veraces que sustentan al mundo y a la realidad.

Se le atribuye al senador norteamericano Daniel Patrick Moynihan decir que “todo el mundo tiene derecho a una opinión, pero no sus propios hechos”. Una frase que seguramente tiene sentido y lógica, aunque a estas alturas… ¡a quién le importa!

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Juan Pablo Delgado
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