Domingo 19 de noviembre de 2017
Tiempos Modernos

La Delincuencia y La Falta de Análisis

Ilustración
2017-11-10 15:56:25 por Juan Gabriel Valencia
L. Barradas

Se ha convertido en un negocio y hasta en una causa política la numerología del crimen en México. En cuanto a víctimas mortales las cifras son escandalosas comparadas históricamente con series mexicanas y en presente con la criminalidad mortal en otras naciones de igual o menor desarrollo. La narrativa de los críticos es relativamente sencilla: el punto de inflexión históricamente respecto del alza de las cifras habría ocurrido al principio del sexenio de Felipe Calderón y se ha mantenido con algunas altas y bajas hasta el presente.

En el núcleo de esta trayectoria histórica mortífera estaría el combate relativamente fracasado contra la producción y comercialización de estupefacientes.

Se han hecho múltiples estudios sobre cómo ese enfrentamiento entre el Estado y el crimen organizado ha originado, si no el surgimiento, sí la proliferación de otro tipo de delitos colaterales a la delincuencia organizada hasta convertirse en un cáncer de coexistencia de bandas especializadas con lo que podría llamarse el crimen desorganiza- do: desde el robo de un celular hasta el asalto y a veces homicidio de un conductor a bordo de su automóvil en medio de un embotellamiento característico de la Ciudad de México.

Contrariamente a lo que algunos numerólogos sostendrían, las cifras no hablan por sí mismas. Si acaso describen, mas no explican. No hay suficiente evidencia analítica de la correlación entre delincuencia y desarrollo económico y/o incremento de la desigualdad. Hay infinidad de variantes regionales de delincuencia a lo largo del país que desde ese enfoque no han sido examinadas. El miedo a la ley y a la autoridad ha desaparecido ante un sistema de administración de justicia y un Poder Judicial rebasados por las flexibilizaciones en materia penal y la impunidad fomentada consciente o inconscientemente por organizaciones defensoras de derechos humanos.

Violencia

La diversificación de productos y sus nuevas modalidades de comercialización en cuanto a tráfico de enervantes transforman por dentro a las organizaciones y sus patrones de comportamiento a un ritmo mucho más rápido que el del cambio de las instituciones abocadas a prevenir e impedir ese tipo de delitos.

La corrupción vende mediática y políticamente, pero no está en el centro de la peligrosidad de la sociedad mexicana en el presente. Se confunden igualmente quienes aluden a la falta de respeto a la autoridad y el miedo al delito. No son ni siquiera parte del mismo fenómeno: se cometen delitos del mismo tipo que en otros países pero con matices de violencia física en algunos casos solo comparables a los de organizaciones como el autodenominado Estado Islámico o Boko Haram.

Las expresiones anómicas de las sociedades occidentales en sus variantes culturales o nacionalistas, en México se canalizan desde la delincuencia mínima hasta la violencia máxima.

Hay un terrible problema de inseguridad pública estructural a la sociedad mexicana. Tal vez no estaría de más intentar par- tir de cero en el análisis y no solo comparar numeritos, que única- mente sirven para fines electorales y no para entender el problema y mucho menos para hacerle frente de una vez por todas. 

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Juan Gabriel Valencia
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