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Miércoles 01 de abril de 2020
Libertad Bajo Palabra

LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y PODER

Foto: Especial
2019-01-24 12:24:16 por Ángel Hernández
Foto: Especial

En las democracias prevalece una tensión constante entre libertad y democracia, condición necesaria en ese tipo de sistema político, afirma Fernando Escalante Gonzalbo, profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México (Colmex) y acucioso investigador en nuestro país de los sistemas neoliberales, que hoy enfrentan una profunda crisis en gran parte del mundo.

Destaca que las libertades de conciencia, expresión y manifestación son solo posibles en una sociedad democrática, aunque matiza que la libertad de expresión no significa que cualquier persona pueda decir cualquier cosa sin consecuencias, ya que siempre está sujeta a reglas.

El catedrático reconoce que en algunos países hay una amenaza a las libertades y derechos civiles, situación que no ve que ocurra en estos momentos en México.

—Hay preocupación respecto de lo que sucede con la libertad de expresión en las democracias liberales. ¿Se está dando una restricción de las libertades en ese tipo de gobiernos?

—La libertad de expresión no significa que cualquier persona pueda decir cualquier cosa sin consecuencias: la libertad de expresión siempre está sujeta a reglas. Existe la libertad de expresarse pero hay legislaciones sobre la calumnia o injurias, porque yo puedo decir lo que sea pero si es calumnioso puedo ser demandado.

Sin embargo, puntualiza, “las formas modernas de comunicación, en particular las redes sociales y las formas digitales, hacen difícil poner reglas. Las compañías proveedoras de servicios desean ponerlas y limitar formas de expresión inaceptables, como la promoción de la violencia o del odio, lo que es muy difícil pero siempre hace falta. Líderes como Recep Tayyip Erdogan, en Turquía, o el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, prohíben formas de expresión que nos parecerían aceptables”.

—¿Por qué ha sido importante la libertad dentro del sistema neoliberal?

—Si hay un corazón del programa liberal es el poner límites al poder. Hay dos maneras distintas: el liberalismo anglosajón limita el poder del Estado y protege a otros poderes sociales, como la Iglesia, las corporaciones, los gremios; y el liberalismo continental limita el poder de cualquier institución social que afecte a la libertad del individuo para actuar. La libertad siempre está en el corazón del programa liberal.

Crisis

—¿Se ha superado el conflicto entre los intereses del poder y la libertad en las democracias liberales?

—No es un problema que pueda superarse. Hay una tensión entre la libertad y la autoridad del Estado y de cualquier otra. La autoridad impone límites a lo que podemos hacer y por lo tanto coarta nuestra libertad. Si cobra impuestos está coartando mi libertad de usar ese dinero para otras cosas. Se trata de encontrar cuáles formas de limitación de la libertad nos parecen justas o legítimas.

—¿Estaríamos viviendo una nueva etapa por la crisis que enfrentan las democracias liberales?

—Más bien una etapa diferente. En los últimos 40 años dominó un arreglo institucional legal y de políticas públicas que podemos llamar el arreglo neoliberal, que suponía una manera de limitar el poder del Estado y proteger ámbitos de libertad, sobre todo las libertades económicas. Este arreglo entró en crisis en los últimos diez años a partir de la crisis global financiera y económica de 2008, así como por los  fenómenos migratorios en todo el mundo. No se ha diseñado otro arreglo institucional, político o legislativo diferente. Vivimos el arreglo de los últimos 40 años con la conciencia de que tiene graves deficiencias.

—¿Cuáles son los riesgos de coartar las libertades en sociedades con jóvenes democracias como en América Latina o consolidadas como en Estados Unidos?

—Decía Ortega y Gasset que libertad y democracia empiezan por no tener nada que ver y terminan siendo tendencia de sentidos opuestos. Es una exageración, pero lo que decía es importante. Son respuestas a preguntas distintas: la democracia se pregunta ¿quién debe gobernar? y responden el pueblo o las mayorías; el liberalismo responde a la pregunta ¿qué límites debe tener el poder? Se trata de asuntos diferentes y entonces la tensión siempre será inevitable, porque en la medida en que establecemos un poder democrático el pueblo o las mayorías quieren emplearlo para mejorar las condiciones de vida o hacer las cosas de una manera diferente. La  mayoría quiere ejercer el poder, pero cada nueva acción que le pidamos a la autoridad supone una merma de alguna libertad.

—¿Cómo compaginar los derechos civiles con gobiernos que pudieran sentirse incómodos con la crítica contra los líderes o de sus políticas públicas?

—Los gobiernos se sienten incómodos con las críticas. No conozco uno que no. La gente que no gobierna también se siente incómoda con la crítica. El problema es qué puede hacer un gobierno cuando una crítica le incomoda. Que pueda responder a las críticas no solamente es posible: es lo que se espera de un gobierno democrático.

—¿Es una evolución que la tecnología por medio de las redes sociales genere una mayor libertad de expresión ante los intentos de control por parte de gobiernos impopulares o represivos?

—La libertad de expresión ha evolucionado conforme lo hacen los medios técnicos para difundir textos e ideas de manera cada vez más amplia. Es real que la tecnología hace posible que la expresión llegue más lejos y se tenga un mayor alcance. Las innovaciones tecnológicas que se refieren a la expresión han sido recibidas con recelo y desconfianza; y tardarán un tiempo antes de ordenarse de alguna manera.

—¿Para usted qué es la libertad?

—Respondería con una frase de José Martí: la libertad es el derecho que uno tiene a ser honrado, a decir lo que piensa y a vivir según lo que piensa.

 

Fernando Escalante Gonzalbo es sociólogo y profesor del Centro de Estudios Internacionales en El Colegio de México. Estudió Relaciones Internacionales en El Colmex, donde más tarde cursó además Sociología. Ha dado clases en la UNAM, el CIDE, la FLACSO, el ITAM, la Universidad de Chicago, el Instituto de Estudios Políticos de París y el Instituto Universitario Ortega y Gasset de Madrid.En su trabajo académico se ha ocupado sobre todo de temas de ciudadanía, industria editorial y vida pública, casi siempre a partir de lo que podría identificarse como una sociología de las representaciones sociales.Ha sido colaborador de varios periódicos y revistas de la Ciudad de México.

 

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Ángel Hernández
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