Miércoles 23 de octubre de 2019
Mundo

LUCES Y SOMBRAS EN EL 70 ANIVERSARIO DE LA OTAN

Foto: Especial
2019-04-01 09:35:50 por Redacción
NATO

Los países integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han querido mostrar músculo y cohesión en Washington durante la celebración de su 70 cumpleaños, una fecha significativa, igualmente simbólica, en tiempos nuevamente de desequilibrio para la paz mundial, atenazada por una serie de factores.

Entre estos, si duda, la vuelta al rearme nuclear; el uso de Inteligencia Artificial (IA) tanto en artillería como en logística para el ejército del siglo XXI; el terrorismo de células y de lobos solitarios; la nueva Guerra Fría 2.0 con acuerdos que han dejado de ser respetados, porque Estados Unidos y Rusia abandonaron el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), y por último, la creciente intromisión de hackers en los sistemas de defensa junto con el ciberespionaje.

La OTAN llega a su festejo con una reedición de asuntos espinosos, confrontada además con EU y la retórica del reproche del presidente Donald Trump a favor de que “Europa pague más por su propia defensa”, porque Washington ya se cansó de aportar “por ellos y encima defenderlos”.

Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza hasta el 30 de septiembre de 2022, recién presentó el informe de actividades del año pasado, que incluye un incremento del gasto militar de la OTAN de 2.32% del PIB en 2017 a 2.36% del PIB doce meses después.

La nación norteamericana sigue siendo la que más gasta en defensa como porcentaje del PIB: pasó de 3.34 a 3.39% el año pasado; y salvo Reino Unido, Estonia, Grecia, Letonia, Lituania y Polonia, los demás países integrantes de la OTAN no superan 2% del gasto en defensa como porcentaje del PIB.

En dinero contante y sonante el organismo gastó en defensa el año pasado 987 mil 508 millones de dólares, es decir, unos 70 mil 433 millones de dólares más. EU es el país que más aporta a su defensa con 684 mil 360 millones de dólares.

Génesis

La OTAN se creó el 4 de abril de 1949, precisamente en el corazón de Washington, fruto de un esfuerzo colectivo por crear una defensa en común tras finalizar la Segunda Guerra Mundial y quedar el mundo dividido entre el bloque capitalista y el bloque comunista.

En ese mundo bipolar Europa —que vivió en sus carnes la guerra y el resultado entre vencedores y vencidos, al quedar escindida en dos bandos: el occidental bajo el liderazgo estadunidense y el oriental bajo la potestad de la URSS— vio con preocupación el creciente peso y la presencia soviética en su territorio, temerosa de que en cualquier momento el Kremlin decidiese traspasar las líneas más allá de Alemania del Este.

Fue así como a iniciativa de Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Reino Unido se firmó el Tratado de Bruselas con la finalidad de formar una alianza militar denominada Unión Europea Occidental.

Teniendo EU la bomba nuclear y con la URSS en proceso de obtenerla (la consiguió en 1949), los europeos firmantes de la Unión decidieron acercarse a su aliado norteamericano en búsqueda de un acuerdo marco de protección militar mutua.

Se llevaron negociaciones además con Canadá y se invitó a Dinamarca, Islandia, Italia, Noruega y Portugal. La histórica foto de la firma del tratado (4 de abril de 1949) que dio origen a la OTAN está en la oficina oval de la Casa Blanca, con el presidente Harry Truman dando su aval en razón de un quid pro quo.

Después de concluida la Segunda Guerra Mundial y con otro orden internacional conformándose iban naciendo igualmente varios organismos, organizaciones y sociedades multilaterales; otras transmutaron, como la Sociedad de las Naciones, convertida en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Precisamente la OTAN se basa en el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas, mientras que el Senado estadunidense hizo constar en el texto que “las medidas a tomar en caso de agresión a algún país integrante serían resultado de la libre elección de cada país”, según lo estipulado en el artículo 5.

A la URSS se le veía como la amenaza geopolítica y geoestratégica. Los dos vencedores de la Segunda Guerra Mundial se habían repartido el mundo y habían quedado como polos opuestos… recelosos entre sí. Para Europa la URSS dominante en el este de su territorio implicaba tener al enemigo a las puertas del zaguán.

A los socios originales del Tratado del Atlántico Norte se sumaron muy pronto Grecia y Turquía en 1952; y la URSS lo intentó también en 1954 bajo el argumento de la prevalencia de la paz global, pero su inclusión se rechazó, al igual que la de Alemania democrática en 1955.

La consecuencia de la objeción a la URSS fue la creación del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua, más conocido como Pacto de Varsovia (14 de mayo de 1955) con la Unión Soviética y sus aliados.

Avalado por Nikita Kruschev, el Pacto de Varsovia nació con la intención contestataria de ser el símil soviético de la OTAN; en sus años de prevalencia nunca sucedió una confrontación militar entre la OTAN y los integrantes del Pacto de Varsovia.

La OTAN, cuya sede está en Bruselas y acaba de reestrenar flamantes instalaciones hace dos años, llega históricamente adolorida y achacosa a su 70 aniversario, aguantando el ritmo de los nuevos tiempos; en contraste, el Pacto de Varsovia feneció en Praga el 1 de julio de 1991.

El desmantelamiento del bloque socialista en la Europa del Este y la vorágine de cambios en la Unión Soviética, dio un cierto respiro a los países europeos que vieron (tras la caída del muro de Berlín en 1989 y la reunificación alemana) una forma clara de terminar con las áreas de influencia del Kremlin.

El fin de la bipolaridad y el cese de la Guerra Fría abrieron las puertas hacia otro orden geopolítico, geoeconómico y geoestratégico en el que EU reinó solo en la última década del siglo XX, hasta que la mañana tibia del 11 de septiembre de 2001 el terrorismo puso los ojos del mundo en la dramática realidad.

La única vez que la OTAN ha activado su protocolo de defensa para dar la cara por uno de sus aliados aconteció como resultado de los atentados terroristas acaecidos en territorio estadunidense.

El 12 de septiembre de dicho año la OTAN instrumentó su artículo 5, que

establece que “un ataque armado contra uno o más aliados se considerará como un ataque contra todos ellos”. El objetivo fue cazar a Osama Bin Laden, junto con varios integrantes de Al Qaeda escondidos en la difícil orografía de Afganistán.

De nuevo Rusia

Mientras la nueva política exterior norteamericana intenta de la mano de Trump reflotar su relación con los rusos, en Europa no se ven muchos indicios de apaciguar los ánimos con el Kremlin, con el que llevan confrontados abiertamente desde 2014, tras la anexión rusa de Crimea.

A la fecha persiste una tirante relación de amor y odio entre europeos y rusos, acrecentada por la manzana de la discordia desde que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, va reforzando el rol geopolítico de la nación eslava.

En consecuencia los estrategas europeos observan con cautela las fauces del lobo: Putin lleva 14 años al frente de Rusia como presidente, más otros cuatro años como primer ministro, un cúmulo de 18 años en las cumbres del poder con una reelección en las urnas que lo ha colocado al frente hasta 2024.

Muchos de los pequeños países otrora comunistas temen que Rusia continúe su beligerante política de anexiones, como sucedió con Crimea en el caso de Ucrania y con las confrontaciones con Georgia por Osetia del Sur. Por eso Ucrania toca desesperadamente a las puertas de la UE para que le dé cobijo (es candidato para ingresar) y también en la OTAN (es integrante aspirante) para obtener un respaldo militar.

Asimismo Europa ve con muy malos ojos las intromisiones rusas: varias veces Reino Unido se ha quejado por detectar a cazas rusos en su espacio aéreo, haciendo fotos de su territorio, así como a embarcaciones rusas merodeando en sus aguas.

También hay acusaciones de interferencias de hackers rusos en varios procesos electorales en diversos países en los últimos dos años para alterar la convivencia política a fin de debilitarlos en su interior y de cara al exterior.

A la fecha persiste una postura de condena. La UE ha relegado a Rusia desde 2014 de las reuniones del G-7; igualmente la ha sancionado económicamente, comercialmente y en el ámbito de las inversiones, hecho al que Moscú responde restringiendo su comercio con Europa.

Más eficacia y más dinero

Recientemente el Pew Research Center llevó a cabo una encuesta acerca del grado de percepción que tienen los ciudadanos de los países integrantes de la OTAN acerca de la prevalencia del organismo y de su eficacia.

De acuerdo con los resultados el sondeo fue mayoritariamente favorable, sobre todo con niveles superiores a 65% en Canadá (66%), Alemania (67%), Países Bajos (79%) y Polonia (79%); los peores resultados, por debajo de 55%, estuvieron en España (45%), Grecia (33%) y Turquía (23%).

No han vuelto a ser tiempos fáciles. Al renacimiento geopolítico de Rusia se suma el incontestable poderío económico de China; ambos países reclamando su nuevo sitio histórico en los reacomodos actuales.

A Europa le vuelve a preocupar muchísimo el tema, sobre todo en la dimensión de su defensa, mientras el presidente norteamericano Trump exige un mayor esfuerzo presupuestario en gasto militar.

En palabras de Trump la OTAN es “obsoleta” y son los estadunidenses los que terminan pagando vía impuestos por la defensa de los europeos, “quienes deben contribuir más” por su propia protección.

Como secretario general de la OTAN, Stoltenberg apunta igualmente hacia la misma dirección: más gasto implica mayor compromiso en defensa militar y los tiempos, dicen aquí en Europa, lo ameritan.

El compromiso es que los aliados europeos, junto con Canadá, aporten un extra de más de 100 mil millones de dólares hasta sostener un nivel de aportación en defensa que supere 2% de su PIB.

A diferencia de Francia, España, Italia y Alemania, el gobierno británico cumple destinando más de 2% de su PIB en defensa. A juicio del titular de la Alianza del Atlántico Norte 80% del gasto en defensa “vendrá de países aliados no europeos”.

En la actualidad hay 29 Estados integrantes, tanto de América del Norte como de Europa; el gasto militar que se lleva a cabo es 52% del gasto militar global.

Para este año el presidente Trump quiere incluir a Brasil, aunque Ucrania también desea ser integrante formal y en 2017 se abrió la puerta para dar la bienvenida a Montenegro.

A juicio de Manfred Weber, candidato del Partido Popular Europeo, para sustituir a Jean Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea es necesario avanzar hacia una política exterior y de seguridad común, “que pueda ser acordada por mayoría simple” en lugar de por el consenso requerido actualmente.

Europa está nerviosa por el refortalecimiento militar ruso: en los últimos 24 meses Reino Unido ha detectado en sus aguas varios submarinos y acorazados rusos navegando, así como cazas en su espacio aéreo.

Aunque también los rusos han hecho lo mismo captando en el espacio aéreo del Mar Negro la presencia de aparatos militares estadunidenses, como sucedió en noviembre pasado con un BoeingRC-135V.

A estas maniobras disuasorias y de muestra de poderío se suma el creciente rearme: a finales de diciembre Rusia probó el misil hipersónico Avangard, un artefacto “capaz de superar el escudo antimisiles estadunidense” y que puede recorrer más de seis mil kilómetros.

Hasta el momento EU no tiene defensas contra las armas hipersónicas, un renglón de creciente interés para especializarse por parte de las defensas rusas y también chinas.

En la postura del Campus Internacional para la Seguridad y la Defensa (Cisde), con sus aciertos y sus errores la seguridad cobra un valor en alza con la OTAN siendo  “una herramienta exitosa” en el ámbito internacional.

“No podemos ignorar que en la competición global, sea cual sea el ámbito, hay quienes no siguen las reglas del juego y aquellos que las respetan parecen perder la partida de la influencia, del poder en definitiva. Sin embargo las consecuencias de todo ello también son, y tal vez hoy más que nunca, compartidas”, argumentó el organismo.

La defensa, en palabras del Cisde, es en definitiva necesaria a todos los niveles, incluso cuando uno no siente el peligro: “Tal vez en ese momento más que en ningún otro y en esa tesitura nos encontramos”.

En este sentido a inicios de marzo el presidente francés, Emmanuel Macron, emitió un discurso en el Elíseo en pro de un “renacimiento europeo” idealizado con un cónclave más fuerte y unido bajo un mismo destino, en el que se incluye un presupuesto común, así como una mayor apuesta en gasto militar para su autodefensa.

“Debemos alcanzar un tratado de defensa y seguridad, en colaboración con la OTAN y los aliados europeos, que prevea un aumento del gasto militar, la activación de la cláusula de defensa mutua y la creación de un Consejo de Seguridad Europeo que incluya a Reino Unido”, afirmó el mandatario galo.

Consciente de que la OTAN está rebasada por una serie de desafíos, como las intromisiones de hackers en los sistemas de defensa, propone que los cuerpos de élite de inteligencia trabajen de forma mucho más coordinada entre sí y se compartan mayores flujos de información a fin de detener tanto la escalada yihadista-terrorista como injerencias externas vía los hackers.

“Además de la OTAN es necesario contar con este esfuerzo común: necesitamos de la inteligencia europea para dar una respuesta coordinada a las amenazas que asolan al continente”, subrayó Macron.

Recientemente, en España, el Ministerio de Defensa denunció a la Fiscalía “una posible intrusión en su red de propósito general”; la dependencia dirigida por Margarita Robles reconoció que Ciberdefensa y el Centro de Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Cestic) trabajan en contener y encontrar a los culpables del ciberataque.

La gente quiere un mundo más seguro, donde la paz no sea una delgada línea roja traspasable en cualquier momento, con más de 15 mil ojivas nucleares repartidas entre dos países como son EU y Rusia.

A la fecha, ocho naciones tienen armas nucleares: EU, Rusia, Francia, China, India, Pakistán y Corea del Norte; solo dos son integrantes de la OTAN.

El mundo quiere la paz… la OTAN tiene mucho trabajo por delante.

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