En los dos años de pandemia de Covid-19 el grupo que resultó más vulnerable y en el que hubo un mayor número de decesos en el mundo fue el de adultos mayores. La emergencia sanitaria que ya empieza a superarse dejó una enorme lección: las personas que superan los 60 años deben prepararse para un envejecimiento saludable, con actividades deportivas, sociales, culturales y de esparcimiento de acuerdo a sus gustos y posibilidades, a fin de que la esperanza de vida sea mayor y en las mejores condiciones posibles para prevenir enfermedades crónicas, discapacidad y muerte prematura.
Hay en la comunidad internacional visiones polarizadas sobre el concepto de la vejez: o bien se concibe como sabiduría y por lo tanto como liderazgo en una comunidad; o bien se asume como carga familiar y social.
A finales del siglo XIX, con la Revolución Industrial, la vejez adquirió una carga negativa. Su fuerza de trabajo dejó de ser competitiva en el mercado laboral. Y las sociedades occidentales modernas estigmatizaron el solo hecho de ser “viejo”.
Cada cultura intenta encontrar su propio significado respecto de la vejez, generando muchas veces mitos y estereotipos negativos frente a lo que realmente significa este proceso natural que entraña una riqueza de sabiduría y experiencia que únicamente se puede adquirir con el paso de los años.
El futuro escenario en torno de la transformación demográfica en el planeta prevé que la población de adultos mayores mantenga su acelerado aumento. El Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), plantea una realidad que se debe tomar en cuenta: para 2050 el número de personas de más de 60 años aumentará de 600 millones a casi dos mil millones.
De igual forma, el reporte Perspectivas de la población mundial 2019 revela que para 2050, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años (16% de la población), más que la proporción de una por cada once personas en 2019 (9%).
Para 2050 una de cada cuatro personas que viven en Europa y América del Norte podría tener 65 años o más
El estudio indica que en 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de cinco años en el mundo. Se estima que la cifra de personas de 80 años o más se triplicará, pasando de 143 millones en 2019 a 426 millones en 2050. Asimismo, en los países en desarrollo como México la población de adultos mayores se multiplicará por cuatro en los próximos 50 años.
Los retos que imponen estos escenarios globales exigen a todos los gobiernos y diseñadores de políticas públicas redoblar esfuerzos en los esquemas de finanzas, salud, derechos humanos, programas de bienestar social y atención oportuna de las enfermedades.
En México hay aproximadamente 14.5 millones de personas adultas mayores, segmento que representa 11% de la población total. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica 2018 del INEGI 54% de los adultos mayores son mujeres y 46% hombres.
La previsión es que este grupo continuará aumentando, en especial los que superan los 69 años, por lo que el Instituto Nacional de Geriatría (Inger) señala que lo que hace dos décadas eran tendencias y proyecciones en la actualidad son ya una realidad: el envejecimiento de la población mexicana es un fenómeno presente y de alta progresión.
“La dinámica demográfica que alcanzamos durante los últimos años lo hace evidente. La disminución en la natalidad y el aumento en la esperanza de vida son elementos que condicionan el envejecimiento de nuestra población, siendo uno de los fenómenos demográficos más importantes de los últimos años no solo en México, sino en todo el mundo”, expone el Inger.
Sin embargo, agrega, “si bien la esperanza de vida ha venido creciendo de manera sostenida no podemos decir lo mismo sobre la calidad de vida; las ganancias en la esperanza de vida no siempre se asocian a una buena salud”.
Por lo anterior es necesario que México y todos los países con poblaciones que están envejeciendo tomen medidas para adecuar los programas públicos al número creciente de personas mayores, incluyendo el establecimiento de sistemas universales de atención médica y de cuidado a largo plazo, así como mejorando la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social y pensiones.
No es una enfermedad
Si bien la esperanza de vida en México sigue creciendo, no es el caso para la esperanza de vida saludable, ya que la brecha entre ambas sigue ampliándose. De ahí la importancia de dejar de considerar a la vejez como una enfermedad y enfocarla como una etapa más de la vida.
Al respecto, el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, explica que el Programa Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, del gobierno federal, “tiene como objetivo general mejorar la situación de protección social de la población adulta mayor indígena o afromexicana de 65 años o más y la población adulta mayor de 68 años o más, a través de apoyos económicos”. Resalta que “el apoyo económico directo cubre a más de ocho millones de derechohabientes únicos, personas adultas mayores”.
El Inger trabaja desde hace diez años en impulsar y consolidar la investigación de la salud para este sector de la población mediante la creación de una red de investigación en envejecimiento y salud. “Esta red comprende más de 180 investigadores a nivel nacional e internacional que estudian nuevas evidencias científicas que contribuyen a mejorar la calidad de vida al envejecer”.
Hoy más que nunca, dice por su lado la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, “las personas mayores necesitan una mejor protección para disfrutar plenamente de sus derechos humanos. Pero la realidad es que los marcos legales internacionales, que deberían proteger a todos, sin discriminación, todavía invisibilizan a las personas mayores”.
La funcionaria de la ONU considera que la pandemia demostró “cómo la discriminación relacionada con la edad crea y exacerba la pobreza y la marginación; y cómo amplifica las amenazas a los derechos humanos. Las personas mayores se han quedado al margen de la sociedad en el momento en que más necesitan nuestro apoyo”.
Además de la pandemia, agrega Bachelet, el cambio climático impactó más gravemente la salud, el acceso a alimentos, agua y saneamiento, tierra, vivienda y medios de subsistencia de los adultos mayores. Las crisis humanitarias y los conflictos son otras situaciones que acentúan la vulnerabilidad de las personas de edad, como se observa en Siria, Tigray, Ucrania y otros escenarios de violencia y carestía.
“Frente a estos desafíos es imperativo fortalecer los derechos humanos de las personas mayores”, recalca la funcionaria, quien añadió que todo el mundo debe sumarse a esa causa. Recuerda que toda la gente envejece, por lo que apela a un espíritu de solidaridad intergeneracional para desbloquear el avance hacia la protección de los derechos humanos en cada etapa de la vida.
Bachelet estima que el marco de derechos humanos que existe para las personas mayores “es totalmente inadecuado y brinda una cobertura fragmentada e inconsistente de sus derechos humanos, tanto en la ley como en la práctica”.
De hecho, en la actualidad ninguno de los tratados de derechos humanos de la ONU contiene disposiciones específicas sobre discriminación por edad. “Tenemos que luchar contra esto”, insiste Bachelet e insta a delinear las medidas decisivas que se precisan para el desarrollo de propuestas de un instrumento legal internacional que promueva y proteja los derechos y la dignidad de las personas mayores, ya que la discriminación por edad es “omnipresente” en todas las sociedades, con estereotipos que “pueden ser peligrosos”.
Envejecimiento saludable
En México, de los 14.5 millones de personas adultas mayores, tres millones no cuentan con seguridad social, condición que limita la atención de sus enfermedades crónicas no transmisibles como problemas cardiovasculares, diabetes mellitus, hipertensión arterial, obesidad, cáncer, artritis reumática, osteoartritis, Alzheimer, Parkinson y demencia senil, entre una larga lista de padecimientos.
Los padecimientos del corazón fueron la primera causa de muerte en personas mayores de 65 años durante 2021 en el país, ocasionando más de 171 mil decesos de acuerdo con datos del INEGI. Esta tendencia se ha mantenido por años, puesto que además del factor biológico contribuyen antecedentes de un estilo de vida poco saludable, así como diagnósticos y tratamientos tardíos.
“Se estima que de todos los fallecimientos por afecciones del corazón que hubo en 2021 al menos 75% se registró en pacientes de más de 65 años. En este rubro entran las cardiopatías coronarias, enfermedades cerebrovasculares, arteriopatías periféricas, trombosis venosas profundas y embolias pulmonares, por mencionar algunas. No obstante, en muchas ocasiones es posible controlar el daño, brindar una mejor calidad de vida y retrasar un desenlace fatal, siempre y cuando se actúe de manera oportuna de la mano de los especialistas”, indica Liliana Galván, jefa de Cardiología de Grupo Diagnóstico PROA.
Entonces, agrega, es fundamental prestar particular atención a los adultos mayores con sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial y/o diabetes, que son factores de riesgo adicionales a circunstancias ajenas al estilo de vida, como tener más de 65 años e incluso ser hombre, apunta la experta.
Por su lado, Violeta Guerrero Martínez, gerente de Proyectos Médicos Comerciales del mismo grupo, recalca que “la vejez no es un proceso uniforme ni estandarizado. Por eso familiares, cuidadores y pacientes no deben obviar síntomas como cansancio, dolor de cabeza, confusión, pérdida de equilibrio o hinchazón de extremidades”, ya que podrían enmascarar un problema en el corazón que debe ser abordado cuanto antes para poder disfrutar de más y mejor tiempo a su lado.
Salud mental
La soledad que enfrentan los adultos mayores en México es un problema de salud pública al que se debe prestar atención porque propicia problemas físicos y neurocognitivos en este sector social.
“Esta situación es un asunto que se tiene identificado desde antes de que la pandemia nos orillara al confinamiento. Así como la soledad, el duelo, los desórdenes de sueño son factores que pueden desencadenar ansiedad, depresión, confusión, demencia y, en algunos casos, hasta sicosis”, indica Gabriela Cámara, presidenta honoraria de Voz Pro Salud Mental.
Se estima que el riesgo de mortalidad aumenta 26% en personas que se sienten solas, 29% en las que experimentan aislamiento social y 32% en las que viven en soledad. Si bien la soledad que enfrentan cientos de adultos mayores en el país es un asunto recurrente, la pandemia expuso aún más la fragilidad en la que se encuentran muchos de ellos sin accesos a servicios de salud.
En el Día de los Abuelos, que se celebra el 28 de agosto, resulta oportuno concientizar a la población sobre la importancia de atender la salud mental de los adultos mayores, brindarles atención, compañía y que a la menor señal de lagunas mentales, irritabilidad, alucinaciones, falta de sueño o nerviosismo se acuda a los servicios especializados para un diagnóstico y tratamiento oportuno.
Hay que considerar que en esta etapa de la vida la regeneración neuronal decrece, los neurotransmisores bajan su actividad y sin estímulos intelectuales, actividad física, alimentación saludable y acompañamiento familiar o social es muy probable enfrentarse a un envejecimiento problemático.
“Los adultos mayores son símbolo de sabiduría y los avances médicos contribuyen en su calidad de vida. Promover en esta comunidad el envejecimiento saludable consiste en desarrollar y mantener las habilidades funcionales que permitan su bienestar”, agrega Gabriela Cámara.
Igualdad digital
Las barreras que enfrentan los adultos mayores en la vida moderna son diversas, incluido el acceso a dispositivos digitales o internet, la falta de habilidades, experiencia y confianza en uno mismo. El diseño de la tecnología también hace que la participación sea más desafiante a una edad avanzada, cuando ocurren algunas deficiencias físicas o cognitivas. Ante ello, la ONU exhorta a valorar estas deficiencias en vista del envejecimiento de la población mundial.
El secretario general del organismo, António Guterres, dice que los adultos mayores “son tal vez quienes más apoyo necesitan” para encarar el reto que plantea la creciente dependencia tecnológica del mundo actual. “Estas tecnologías pueden ayudar a los ciudadanos mayores a mantenerse conectados con sus seres queridos, asistir a un servicio religioso o expresar su postura y opinión frente a las cosas”.
Las personas mayores también corren un mayor riesgo frente a la amenaza del ciberdelito, agrega. De ahí que las exhorta a capacitarse para que no se conviertan en víctimas. “Al tiempo que adoptamos todas las medidas posibles para que aquellos delincuentes sin escrúpulos que se aprovechan de las personas de edad rindan cuentas de sus actos, debemos también fortalecer las capacidades digitales de esas personas”.
Según Guterres, cuando las personas mayores puedan acceder y utilizar nuevas tecnologías estarán mejor equipadas para contribuir a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, por lo que insta a implementar políticas, estrategias y acciones más inclusivas para lograr la igualdad digital para personas de todas las edades.
En México el uso de computadoras y celulares se potenció en la contingencia sanitaria. Pero esa transición no fue pareja: mientras que para los adolescentes y jóvenes se dio casi de manera natural, la inclusión tecnológica en adultos mayores ha sido más lenta: apenas 35% de las personas de 55 años y más son usuarias de internet, 62% lo son de telefonía celular y solo 17% de computadoras, según el INEGI.
The Competitive Intelligence Unit refiere que de los nacidos en 1964 o antes, los llamados Baby Boomers, 77% es usuaria de smartphones, 70% utiliza servicios de banda ancha móvil y 49% hace compras vía comercio electrónico.
Finalmente, el estudio destaca que entre 2015 y 2019 el número de usuarios de internet mayores de 55 años pasó de 3.2 a 7.8 millones de personas, un crecimiento promedio anual de 25%. En los usuarios de telefonía celular, estos pasaron de 9.4 a 13.8 millones, un crecimiento de 10.2% promedio anual en el periodo. En cuanto al uso de computadora, pasó de 2.8 a 3.7 millones, un incremento medio de 7.1%, lo que refleja que el uso de tecnologías durante el confinamiento por la pandemia de coronavirus creció de manera considerable y se convirtió en la nueva forma de comunicación e interrelación de las familias.
Sugerencias para una vejez saludable
Primer grupo Dirigido a personas de 60 a 70 años, “los principiantes en envejecer”. Se les recomienda aprender a usar la tecnología. Por ejemplo, abrir sus propias cuentas de redes sociales, que les permitirán comunicarse con sus familiares y amigos. Aunque no está mal que pidan ayuda, se les sugiere no atenerse y por sí mismos aprender el manejo de la tecnología y redes sociales. Con la tecnología se tiene acceso a un mar de oportunidades para aprender a preparar platillos, realizar jardinería, manualidades e incluso aprender otro idioma.
Segundo grupo En este se encuentran las personas con patologías de la vista, como glaucoma o afectaciones en la mácula lútea. Para ellos lo conveniente es entretenerse por medio de la audición, escuchando la radio, música, entrevistas especializadas en YouTube o podcast de diversos temas.
Tercer grupo Lo conforma gente con problemas auditivos, para la cual por esta condición lo conveniente es realizar actividad táctil, kinestésica. Por ejemplo, en Jubilare 2030 practican un juego que se llama “lotería a ciegas”, que consiste en meter en un costal objetos de la vida diaria, de uso cotidiano y similares entre ellos, y con los ojos cerrados sacar algo y tratar de adivinar qué es.
Cuarto grupo Integrado por personas mayores que cuidan a otros adultos mayores. En este grupo los cuidadores sufren mucho desgaste físico, por lo cual les resultaría útil incorporar a sus vidas la meditación o alguna actividad de relajamiento muscular, que ayudan a aliviar la tensión permanente con la que viven.
Quinto grupo A este pertenecen las personas con diagnóstico confirmado de demencia. Para ellas se recomienda la terapia olfativa, que resulta muy relajante. Por ejemplo, darles a oler especias como laurel, canela, comino o mejorana, para que adivinen qué es. Para las personas con demencia es de suma importancia respetar sus rutinas, por lo que deben procurarles el cumplimiento en tiempo y forma de las rutinas propias de sus vidas.
Quienes viven con otros familiares, pueden jugar con ellos a las cartas, lotería, dominó, ajedrez o cualquier juego de mesa. “Lo importante es fomentar la convivencia en familia, que es la red social más importante que tiene cualquier persona”.
Fuente: Jubilare 2030

