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10 junio, 2021
Martha Mejía
Bienestar

ICEBERGS Y GLACIARES SE DERRITEN DEBIDO AL CAMBIO CLIMÁTICO

El desprendimiento del A-76 de la Antártida y la desaparición del Ayoloco en México son prueba de los terribles efectos del calentamiento global.

Desde principios de 1900 muchos glaciares en el planeta se derriten con gran rapidez. “Las actividades humanas son la causa de este fenómeno y prueba de ello es el reciente desprendimiento del A-76, considerado el iceberg más grande del mundo, que se separó del oeste de la Antártida, una región especialmente vulnerable al cambio climático”, explica en entrevista José Antonio Benjamín Ordóñez-Díaz, profesor-investigador del Instituto Tecnológico de Monterrey.

De acuerdo con el especialista, desde la Revolución Industrial el dióxido de carbono y otras emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) aumentan las temperaturas, provocando elevaciones aún mucho mayores en los polos y como resultado los glaciares se desintegran rápidamente.

Los científicos vigilaban desde hacía semanas el A-76, un enorme bloque de hielo que empezó a separarse de la barrera de Ronne el 13 de mayo, según el Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos.

El desprendimiento se confirmó mediante imágenes del satélite Sentinel-1 del programa europeo de observación de la Tierra Copernicus, según anunció la Agencia Espacial Europea (ESA).

“Su tamaño es cuatro veces el equivalente a Londres. Tiene una superficie de cuatro mil 320 kilómetros cuadrados, más de 170 kilómetros de largo y 25 kilómetros de espesor. Su desprendimiento es de origen antropogénico, es decir, que nuestra contaminación ha calentado el aire de la atmósfera y del agua, lo que genera un flujo que derrite el área donde estaba ubicado este segmento de hielo”, señala el especialista.

“Al calentarse el aire y el agua se genera una fractura muy fuerte. Actualmente este iceberg se acerca a las Islas Malvinas y posiblemente cause un trastorno mayor al descongelarse”, explica el también catedrático de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

De acuerdo con el experto el derretimiento de los glaciares provoca el aumento del nivel del mar, lo que a su vez incrementa la erosión costera y eleva las marejadas a medida que el calentamiento del aire y del mar ocasiona tormentas costeras más frecuentes e intensas, como huracanes y tifones.

El fenómeno también cambia la circulación de corrientes del océano Atlántico y se vincula con el colapso de distintas pesquerías ya que estas se verán afectadas a medida que las aguas más cálidas cambien el lugar y época de desove de los peces. En medio de este escenario se prevé que las comunidades costeras continúen enfrentando desastres, de los que recuperarse les costará miles de millones de dólares a medida que aumenta la frecuencia de las inundaciones y la intensidad de las tormentas.

Ayoloco

México no está exento de las consecuencias del cambio climático: este fenómeno, junto con la influencia de la actividad humana, ocasionó la desaparición en el país de algunos cuerpos de hielo como el Ayoloco.

El glaciar Ayoloco se ubicó en la cumbre del volcán Iztaccíhuatl en el centro del país. Se extinguió en 2018 pero dicho estatus lo certificaron apenas recientemente expertos del Instituto de Geofísica de la UNAM con la colocación de una placa alusiva.

“La tendencia general de hoy es que todos los glaciares retroceden porque las líneas de equilibrio se van más arriba de lo normal. Lo que sucedió en el caso mexicano es que la línea de equilibrio ya está muy por encima del nivel. De hecho en el Iztaccíhuatl ya no hay zona de alimentación: toda es ya de pérdida”, explica en entrevista Hugo Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM.

“A las generaciones futuras: Aquí existió el glaciar Ayoloco y retrocedió hasta desaparecer en 2018. En las próximas décadas los glaciares mexicanos desaparecerán irremediablemente. Esta placa es para dejar constancia de que sabíamos lo que estaba sucediendo y lo que era necesario hacer. Solo ustedes sabrán si lo hicimos”, indica la placa que colocaron el pasado 22 de abril Delgado Granados y otros de sus colegas en la zona.

De acuerdo con el especialista el principal efecto de la extinción del glaciar se muestra en la disminución de la cantidad de agua para consumo humano, la abstención de lluvias, así como un aumento de la temperatura en la parte alta de la montaña —donde estaba la masa de hielo— y a escala global el fenómeno inhibe las precipitaciones.

“Si desaparecen las superficies blancas de las cumbres de las montañas el fenómeno que se tiene es radiación, la cual es absorbida por las rocas y el terreno que son de color oscuro y eso hace que aumente la temperatura a nivel local en las zonas altas de las montañas. Esto provoca un incremento de la temperatura local y puede ocasionar la inhibición de la precipitación eventualmente”, explica Delgado.

¿Qué es un glaciar?

Los glaciares son masas de hielo que permanecen en las cumbres de las montañas durante por lo menos un año. Su importancia ecológica radica en la generación de agua dulce en la Tierra.

En el caso de México los glaciares disminuyeron durante el siglo XX y sus afectaciones se aceleraron en las últimas dos décadas.

“Cuando ya no hay glaciares suceden dos cosas. Por un lado ya no hay ese aporte de agua tan necesario en la época de secas; y por otra parte tenemos un aporte de temperatura por una absorción de la radiación solar. Esos dos efectos al final derivan en sequía y en una disminución al aporte de agua al sistema hidrológico regional”, puntualiza el también vulcanólogo, geólogo y montañista.

Con respecto del glaciar Citlaltépetl, en el Pico de Orizaba, precisa que es una montaña de cinco mil 670 metros de altitud con un sistema glacial que retrocede de manera paulatina, pero significativa.

“Tiene la mayor probabilidad de sobrevivir un tiempo más, aunque bajo un pronóstico reservado porque cambia el clima global. Se piensa que puede permanecer dos o tres décadas más”, comenta el científico.

En opinión de Delgado somos testigos de la desaparición de cuerpos glaciares, por lo que es determinante realizar tareas que permitan saber cómo se adaptará la población a un cambio de ambiente y de paisaje.

En este sentido explica que él y su equipo se encuentran trabajando con el Servicio Meteorológico Nacional para equipar y mantener las actividades de monitoreo de los glaciares, “puesto que esta debe ser una actividad de tiempo completo”.

Hoy se sabe “que el ritmo es demasiado rápido y los pronósticos no se cumplieron, es decir, el mundo se orienta más rápido hacia la extinción glacial de lo que se suponía”, finaliza.