CDMX a 20 de mayo del 2026. El avance de la oncología de precisión impulsa el uso de exámenes que hacen el diagnóstico y el seguimiento del cáncer más dinámicos y menos invasivos, un contexto en el que la biopsia líquida se consolida como una alternativa relevante al permitir la identificación de alteraciones genéticas tumorales a partir de una simple muestra de sangre.
La técnica utiliza muestras de fluidos corporales, principalmente sangre, para detectar fragmentos de material genético liberados por tumores en el organismo, mientras que la biopsia tradicional depende de la extracción de tejido mediante procedimientos invasivos, lo que posiciona al método como una opción que reduce la incomodidad del paciente y facilita la realización de tomas a lo largo del tiempo.
Este movimiento también se refleja en el mercado, ya que, en América Latina, el sector de biopsia líquida movió cerca de US$ 272,6 millones en 2025 y debe más que duplicarse hasta 2033, con una proyección de alcanzar aproximadamente US$ 669,9 millones y un crecimiento anual cercano al 12%.
Según Adriana Vega, gerente de productos de QIAGEN, multinacional alemana especializada en tecnologías para diagnóstico molecular, la tecnología representa un avance en la forma en que la enfermedad puede ser acompañada, ya que “el análisis del material genético tumoral a partir de una muestra de sangre permite monitorear la evolución del cáncer con mayor frecuencia y generar información relevante sin necesidad de procedimientos invasivos recurrentes”.
“El examen se basa en la identificación de componentes como el ADN tumoral circulante (ctDNA), ARN y otras biomoléculas presentes en el torrente sanguíneo, cuyos fragmentos contienen alteraciones genéticas características de los tumores, lo que posibilita no solo la detección de la enfermedad, sino también el mapeo de mutaciones específicas asociadas a distintos tipos de cáncer y, en consecuencia, la definición de estrategias terapéuticas más dirigidas”, explica Adriana.
La aplicación de la biopsia líquida cobra relevancia en la oncología de precisión, en la que el tratamiento se orienta por las características específicas del tumor, de modo que los datos sobre mutaciones genéticas y posibles mecanismos de resistencia apoyan la selección de terapias alineadas al perfil del paciente y contribuyen a la evaluación de la respuesta al tratamiento.
Otro punto relevante es la posibilidad de monitoreo continuo, ya que la toma simple y repetida permite seguir la evolución de la enfermedad e identificar cambios en el perfil tumoral, incluido el surgimiento de nuevas mutaciones, lo que favorece ajustes más rápidos en las conductas clínicas y sustenta un enfoque más personalizado.
“La biopsia líquida también es una alternativa importante en situaciones en las que la obtención de tejido tumoral es limitada o inviable, ya sea por la localización del tumor o por las condiciones clínicas del paciente, y, en estos casos, puede ofrecer información relevante para apoyar la toma de decisiones médicas”, explica Adriana.
Además de su uso en el monitoreo y en la definición de estrategias terapéuticas, la tecnología también es objeto de estudios en contextos como la detección temprana y la evaluación de riesgo, aunque estas aplicaciones aún están en desarrollo, al tiempo que los especialistas destacan la necesidad de uso complementario con otros métodos diagnósticos, ya que la sensibilidad puede variar según el tipo y la etapa del tumor.
“Con el avance de la medicina personalizada, la biopsia líquida tiende a ocupar un papel cada vez más estratégico en la oncología, ya que amplía la capacidad de monitoreo clínico y contribuye a decisiones terapéuticas más rápidas y precisas”, añade Adriana.
“Este escenario acompaña la evolución de las herramientas de diagnóstico molecular, cada vez más sensibles a la detección de pequeñas cantidades de material genético tumoral en circulación, y abre espacio para que empresas especializadas, como QIAGEN, inviertan en el desarrollo de soluciones orientadas a la biopsia líquida, con el objetivo de ampliar la precisión de las pruebas y apoyar la práctica clínica en diferentes etapas del cuidado oncológico”, concluye.

