En México la incidencia oscila entre tres mil y tres mil 500 nuevos diagnósticos al año.
El melanoma acral es un subtipo de cáncer de piel que se caracteriza como una mancha irregular y oscura en las palmas de manos, plantas de pies y bajo las uñas. Esta enfermedad se origina en los melanocitos o células que pigmentan la piel.
De los cuatro subtipos principales los de diseminación superficial y lentigo maligno (causados por la exposición a radiación ultravioleta del sol) son los más comunes en países anglosajones de Europa, Estados Unidos y Australia.
En México, con una incidencia de entre tres mil y tres mil 500 nuevos diagnósticos al año, la mitad son acrales.
Aunque todavía se ignora mucho del melanoma acral, los investigadores Patricia Basurto Lozada y Carla Daniela Robles Espinosa, junto con su equipo del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH) de la UNAM, están cambiando el panorama con un estudio que se inició hace una década.
“Desconocemos sus causas y por ello este padecimiento no cuenta con tratamientos específicos. Se le ha investigado poco porque en Europa y Estados Unidos se considera raro por su baja incidencia”, señala Patricia Basurto, doctorante en Ciencias Biológicas.
Por su lado, Daniela Robles, coordinadora del LIIGH, refiere que a partir de esta investigación se halló que uno de los genes principales que muta y favorece el desarrollo del tumor varía según la ascendencia o ancestría de la persona (europea, amerindia, africana, entre otras). Esto es clave para entender por qué la mayoría de los pacientes mexicanos no se benefician de las terapias existentes.
El trabajo Ancestry and somatic profile indicate acral melanoma origin and prognosis, publicado en la revista Nature, se realizó en conjunto con los institutos nacionales de Cancerología (INCan) y de Medicina Genómica (Inmegen) de México; el Instituto Nacional de Cáncer de Brasil; el Instituto Wellcome Sanger, de Cambridge, Inglaterra; y las universidades de Utah y Oxford.
“La colaboración potenció algo que en las instituciones solas hubiera tardado años. El agrupamiento de personas y mentes facilitó el desarrollo del estudio”, dice Héctor Martínez Saíd, subdirector de cirugía en el INCan.
Melanoma acral
Estudios del INCan muestran que este subtipo de melanoma acral tiende a presentarse en un estadio más avanzado y a una profundidad mayor en comparación con los otros, lo que conlleva un pronóstico malo en los afectados.
Para cualquier melanoma el tratamiento depende de la etapa clínica en que se encuentre. “En fase temprana solo requiere cirugía para removerlo y, en ocasiones, se extraen los ganglios afectados. Si está avanzado o hay metástasis se buscan las expresiones genéticas para saber si la persona es candidata a tratamientos como inhibidores de BRAF o inmunoterapia”, precisa Martínez Saíd.
El cáncer de piel tipo melanoma puede surgir a partir de un lunar ya existente o aparecer de pronto, como una mancha oscura nueva, irregular, de mal aspecto. Su capacidad para viajar por el torrente sanguíneo o linfático hacia los ganglios, el hígado, los pulmones o el cerebro es lo que lo hace tan temido. Por ello, cualquier cambio en el color, tamaño o forma de una mancha debe ser evaluado idealmente por un médico especialista a la brevedad.
Detección oportuna
Como parte de la prevención de enfermedades de la piel, la autoexploración resulta fundamental, además de acudir con médicos dermatólogos certificados para un diagnóstico oportuno de cualquier patología, recomienda la doctora Susana Canalizo, presidenta de la Fundación Mexicana para la Dermatología (FMD).
Señala que el melanoma, a pesar de ser el cáncer menos frecuente, es mucho más grave y puede presentarse en cualquier parte del cuerpo. “El cuello y el rostro son otros sitios comunes donde se origina el melanoma, en el caso de varones se puede presentar en pecho y espalda, mientras que en las mujeres se presenta con más frecuencia en las piernas”.
Detalla que para la autoexploración debemos usar la regla del ABCDE, a saber:A de asimetría: debemos observar si los lunares no son redondos y tienen ángulos asimétricos.B de borde: entre más irregular sea el borde del lunar más hay que examinarlo.C de color: si tiene más de dos colores puede ser peligroso.D de diámetro: el tamaño no debe ser superior a los seis milímetros.E de evolución: se detectan todos los cambios que pueda tener.La dermatóloga hace hincapié en utilizar bloqueadores o pantallas solares con un Factor de Protección Solar (FPS) mayor a 30 y replicarlo cuatro veces al día, aun cuando no salgamos de casa.
“La clave está en el diagnóstico oportuno: todos los tipos de cáncer si se diagnostican a tiempo, en la mayoría de los casos, pueden erradicarse”, resalta Canalizo.
Altas tasas de curación
Abordar este tema es de vital importancia porque el cáncer de piel es una de las afecciones más prevenibles y, si se detecta a tiempo, tiene una de las tasas de curación más altas en la medicina moderna. Ignorar un cambio sutil en la superficie de nuestro cuerpo puede marcar la diferencia entre un procedimiento menor de consultorio y un tratamiento oncológico complejo, de acuerdo con información del Centro Médico ABC.
La educación pública sobre cómo se ve el cáncer de piel y la importancia de la autoexploración son herramientas fundamentales para reducir la mortalidad, permitiendo que las personas tomen el control de su salud dermatológica antes de que una lesión se convierta en una amenaza grave.
Además de lo visual en el cáncer de piel, síntomas adicionales pueden ser sensaciones físicas infrecuentes. Si un lunar comienza a dar comezón persistente, duele al tocarlo o presenta sensibilidad sin una causa aparente, son señales de que las células están experimentando una actividad anormal debajo de la superficie. Vale la pena ser valorado por un especialista, en este caso un dermatólogo.
Entender cómo empieza el cáncer de piel hoy nos prepara para aprovechar las innovaciones tecnológicas disponibles, integrando la vigilancia constante con los avances científicos para lograr un mundo donde el daño solar no determine nuestra esperanza de vida.

