Ciudad de México, 19 de febrero de 2026. febrero de 2026. - A medida que las terapias contra el cáncer mejoran y logran cada vez más curaciones o periodos recurrentes de remisión, la prevención y el manejo del daño a los órganos causado por el tratamiento oncológico se han convertido en una prioridad. Esto incluye las lesiones en el corazón, afirma Joerg Herrmann, M.D., cardiólogo, fundador y director de la Clínica de Cardio-Oncología de Mayo Clinic en Minnesota.
Mientras investigadores y médicos trabajan para prevenir, diagnosticar y tratar el daño cardíaco asociado a las terapias contra el cáncer, también han identificado vínculos entre el cáncer y el corazón que van más allá de los efectos cardíacos directos de los tratamientos oncológicos. El Dr. Herrmann comparte tres aspectos clave que conviene conocer:
1. Existe una “red de factores de riesgo”.
El cáncer y las enfermedades cardiovasculares comparten factores de riesgo, señala el Dr. Herrmann. Entre ellos se incluyen los hábitos del estilo de vida.
“La llamamos la red de factores de riesgo. Algunos de los mismos factores relacionados con el estilo de vida pueden predisponer a los pacientes tanto al cáncer como a las enfermedades cardiovasculares”, explica. “El tabaquismo es un ejemplo claro. Aumenta el riesgo de cáncer de pulmón y de otros tipos de cáncer, así como de enfermedad coronaria, infartos de miocardio y enfermedad arterial periférica.”
Además de no fumar, se puede reducir el riesgo de cáncer y de enfermedad cardíaca manteniendo un peso saludable, evitando o moderando el consumo de alcohol, controlando el colesterol (algunos tratamientos oncológicos pueden empeorar los niveles de colesterol), durmiendo lo suficiente, y adoptando una alimentación saludable rica en frutas y verduras, añade.
La actividad física es otro factor clave. Se ha demostrado que reduce el riesgo de daño cardíaco durante el tratamiento oncológico, ayuda a prevenir la recurrencia del cáncer y mejora los resultados cardiovasculares, afirma el Dr. Herrmann.
“Cuantos más componentes de un estilo de vida saludable se cumplan, mejor será la proyección de salud tanto para el corazón como para el cáncer”, señala. “Se reducen los riesgos de dos de las principales causas de mortalidad y se incrementa la esperanza de vida”.
El cáncer y las enfermedades cardiovasculares pueden, de hecho, ser factores de riesgo entre sí.
“Hemos comprendido que la relación entre el cáncer y las enfermedades del corazón funciona en ambos sentidos”, explica el Dr. Herrmann. “El propio cáncer puede afectar al sistema cardiovascular, independientemente de las terapias oncológicas, y viceversa. Los pacientes con insuficiencia cardíaca u otras enfermedades cardiovasculares presentan un mayor riesgo de desarrollar cáncer.”
2. Durante el tratamiento del cáncer pueden adoptarse diversas medidas para reducir el riesgo para el corazón.
El tipo de tratamiento que se administra y la forma en que se aplica pueden influir en el riesgo de daño cardíaco, señala el Dr. Herrmann. Por ejemplo, el equipo médico puede:
- Utilizar tratamientos que minimicen el daño al tejido sano, como las terapias dirigidas o la terapia con haz de protones.
- Escalonar determinados fármacos de quimioterapia para dar al corazón la oportunidad de recuperarse entre ciclos de tratamiento.
- Emplear medicamentos que protejan el corazón durante la quimioterapia.
- Aplicar técnicas de protección del tejido sano durante la radioterapia, como el posicionamiento corporal y la contención de la respiración, para aumentar la separación entre el tumor y el corazón.
“Estos esfuerzos de protección han avanzado de forma notable tanto en adultos como en niños con cáncer”, afirma.
3. La inteligencia artificial y los dispositivos portátiles representan innovaciones prometedoras.
Los objetivos de la investigación del Dr. Herrmann incluyen el desarrollo de herramientas que permitan predecir – antes de iniciar el tratamiento – qué pacientes presentan un alto riesgo de daño cardíaco asociado a determinadas terapias oncológicas. Esto facilitaría la toma de decisiones compartida entre los pacientes y sus equipos asistenciales en relación con el enfoque terapéutico.
Él y sus colegas también trabajan en terapias destinadas a reparar el daño cardíaco causado por la quimioterapia, así como en el desarrollo de estrategias de vigilancia más sencillas y eficientes en términos de coste-efectividad para detectar los efectos cardiovasculares secundarios de los tratamientos contra el cáncer. La detección precoz y la intervención temprana son clave para lograr los mejores resultados, señala el Dr. Herrmann.
El uso de dispositivos portátiles y de la inteligencia artificial (IA) puede contribuir a este objetivo, añade. Diversos estudios han demostrado, por ejemplo, que la aplicación de IA a un electrocardiograma, una prueba que mide la actividad eléctrica del corazón, puede ayudar a detectar un deterioro de la función cardíaca.
“Nos interesa avanzar aún más en las tecnologías de IA y desarrollar simulaciones que muestren cómo diferentes terapias podrían afectar a un paciente concreto”, explica el Dr. Herrmann.
Algunos pacientes mantienen un mayor riesgo de enfermedad cardíaca durante toda la vida tras el tratamiento oncológico, pero no resulta práctico realizar ecocardiogramas de forma indefinida. En este contexto, el uso de dispositivos portátiles que alerten a los supervivientes de cáncer y a sus equipos asistenciales sobre posibles anomalías cardíacas constituye otra línea de investigación prometedora, añade.
“La cardio-oncología ha avanzado enormemente. Hoy comprendemos mucho mejor qué podemos hacer para gestionar el riesgo cardíaco asociado a las terapias contra el cáncer”, concluye el Dr. Herrmann. “Los pacientes se encuentran en una situación mucho mejor que hace apenas diez años.”

