Separar residuos ya es obligatorio, pero la ciudad enfrenta retos en su implementación.
A partir del 1 de enero la Ciudad de México inició un cambio histórico en su manejo de residuos y ahora bajo el programa Transforma tu ciudad, cada basura en su lugar, todos los habitantes deben separar la basura en tres categorías: productos orgánicos, inorgánicos reciclables e inorgánicos no reciclables.
El objetivo de la iniciativa que coordina la recién creada Agencia de Gestión Integral de Residuos (AGIR), establecida en octubre pasado, es claro: mejorar la eficiencia del sistema, aumentar el reciclaje y aliviar la presión sobre los rellenos sanitarios, que reciben más de doce mil 500 toneladas de basura al día.
Pero la puesta en marcha ha dejado en evidencia la brecha entre la intención y la realidad, pues hasta el momento apenas 15% de los residuos se separa correctamente en la capital.
“Este esquema no es nuevo, sino una profundización del sistema actual”, asegura el Gobierno de la CDMX, pero especialistas, trabajadores de limpia y vecinos coinciden en que la ciudad todavía no está completamente lista para este cambio.
Desde este año los residuos orgánicos —restos de comida, poda y jardinería— se deben sacar martes, jueves y sábado; los inorgánicos reciclables —PET, metales, papel, cartón, vidrio y aluminio— y los no reciclables —pañales, colillas y residuos sanitarios— se recogen lunes, miércoles, viernes y domingo, con días diferenciados según la alcaldía.
En teoría los orgánicos irán a composta y procesos de carbonización hidrotermal; los reciclables, a plantas de recuperación; y los no reciclables a rellenos sanitarios o a la producción de combustible derivado de residuos.
Pero buena parte de esta infraestructura todavía no funciona de manera completa, lo que genera dudas sobre la viabilidad real del programa.
A decir de Sandra Gazca, vocera de Vida Circular, el mayor reto es cultural, pero también logístico. “Separar ya no es una buena práctica, ahora es una obligación. Pero si no hay claridad y acompañamiento, el sistema se va a desbordar”, advierte. Por ejemplo, dice, “una simple caja de pizza manchada de grasa puede arruinar todo el ciclo de reciclaje”.
Camiones nuevos, problemas antiguos
El programa llegó acompañado de 50 nuevos camiones recolectores adaptados para la recepción de residuos, que se suman a otros 50 adquiridos por las alcaldías.
“Adquirimos maquinaria por 170 millones de pesos para instalarla en el Bordo Poniente con el objetivo de transformar los residuos orgánicos en composta. A ese sitio llegan los residuos, pero era necesaria una gran inversión que permitiera producir composta de calidad”, indicó el gobierno capitalino durante la entrega de camiones.
“Queremos que para 2030 al menos 50% de las toneladas de residuos que actualmente recibe la ciudad sean transformadas y recicladas”, añadió.
De acuerdo con el inventario más reciente de residuos sólidos la capital cuenta con dos mil 731 vehículos destinados a la recolección de basura. Sin embargo, el diagnóstico oficial revela que 32% se encuentra en mal estado, 42% en condiciones regulares y solo una de cada cuatro unidades opera en buen estado.
Pero los especialistas advierten que el problema del sistema no se resolverá solo con vehículos nuevos. En zonas como Paraje San Juan, en Iztapalapa, el nuevo sistema genera más dudas que certezas. Vecinos como Fernando Franco saben que separar la basura es obligatorio, pero no tienen claro qué va en cada bolsa ni los días exactos de recolección. “La información ha llegado principalmente por redes sociales, más que a través de talleres o capacitaciones”, dice.
Los recolectores confirman la situación. Muchos terminan explicando cómo separar los residuos, pese a no haber recibido capacitación suficiente y con jornadas ya saturadas. “La idea es buena, pero sin las herramientas suficientes y sin educación constante será difícil que funcione”, señalan.
Además, algunas rutas aún no están definidas y los volúmenes de basura mezclada complican la planeación diaria.
Retos
El programa, rebautizado por el gobierno como Basura Cero, también enfrenta retos económicos. La diputada local panista Liz Salgado asegura que se arrancó sin los recursos necesarios.
Y en efecto: el presupuesto asignado al programa E093 de Manejo Integral de Residuos Sólidos Urbanos tuvo una reducción de 14.5% respecto de 2025, casi 300 millones de pesos menos, lo que contradice la prioridad declarada por las autoridades.
Salgado critica que la información para la población ha sido limitada. Muchos ciudadanos desconocen cómo separar correctamente los residuos, especialmente los inorgánicos reciclables y no reciclables, que representan 44% de la basura generada. Algunos operadores solo recibieron instrucciones de colocar lonas ilustrativas en los camiones, sin seguimiento ni capacitación adicional.
Datos de ECOCE indican que cada habitante de la CDMX genera cerca de un kilo de basura al día, de la cual 46% es orgánica. Sin separación adecuada, estos residuos contaminan a los reciclables y reducen drásticamente su recuperación. La falta de espacio en viviendas pequeñas y la costumbre de mezclar desechos complican aún más la implementación.
La encuesta nacional sobre hábitos de reciclaje 2025, elaborada por Vida Circular, muestra una paradoja: siete de cada diez mexicanos dicen preocuparse por el medio ambiente, pero solo un tercio traduce esa preocupación en acciones sostenibles.
Más de la mitad de las personas (56%) separa sus residuos en casa, pero en oficinas la cifra baja a 39% y en escuelas apenas alcanza 29 por ciento.
Además, solo 46% de los encuestados confía en que su basura separada sea realmente reciclada, lo que refleja una desconfianza estructural en el sistema de recolección. “Separar ya no es el problema —explica Gazca—, sino creer que sirve de algo hacerlo”. Esto evidencia la necesidad de campañas educativas sostenidas y de generar confianza en los ciudadanos.
Especialistas coinciden en que la clave será la constancia, la capacitación y la inclusión de la economía informal del reciclaje. Sin coordinación entre autoridades, industria y ciudadanos el programa podría fracasar pese a la inversión en infraestructura y camiones nuevos.
“Los residuos no son basura, son recursos”, concluye Gazca. “Pero si seguimos mezclando todo no habrá camiones, leyes ni programas que alcancen. La transformación depende de que cada persona entienda que lo que tira tiene valor y que su acción diaria impacta no solo en el medio ambiente, sino en la ciudad que queremos dejar a las siguientes generaciones”.

