Ciudad de México, 10 de febrero 2026. La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad crónica, inflamatoria y altamente fluctuante, que afecta significativamente la calidad de vida de quienes la padecen. En México, su impacto es mayor de lo que se reconoce pues afecta aproximadamente al 9.8% de la población, predominando en la infancia, donde hasta el 60% inicia síntomas durante el primer año de vida.
“En cuanto a la gravedad, los estudios muestran que, aunque la mayoría de los casos en México son leves, un porcentaje importante requiere atención especializada. Actualmente, datos recientes muestran que 52% de los adultos mexicanos con DA atendidos en consulta presenta dermatitis atópica moderada a grave, lo que evidencia la gran carga de enfermedad en este grupo”, apuntó la doctora Ana Cantú, directora ejecutiva del área médica para Inmunología en Lilly México.
Además, la enfermedad se caracteriza por ser altamente impredecible, con brotes que aparecen sin previo aviso y que pueden alterar el sueño, el desempeño escolar o laboral y el bienestar psicológico. “Esta naturaleza fluctuante hace indispensable contar con tratamientos que ayuden a controlar y prevenir esos picos de actividad, brindando la estabilidad que los pacientes necesitan para llevar vidas más equilibradas”, señaló la doctora Cantú.
“Los pacientes con dermatitis atópica moderada a grave podrían requerir terapias especializadas para lograr un control adecuado de la enfermedad. A pesar de la carga que representa esta condición, solo 50% de los pacientes en México están diagnosticados y únicamente 50% de ellos recibe tratamiento. De este grupo, menos del 0.5% tiene acceso a este tipo de alternativas, lo que refleja una oportunidad para mejorar el acceso a opciones avanzadas y tratar la enfermedad”, subrayó el doctor Santiago Posada, vicepresidente Asociado de Asuntos Médicos para Lilly en México.
La combinación de alta prevalencia, diagnóstico tardío, curso impredecible y elevada carga en enfermedad moderada a grave subraya la urgencia de fortalecer el acceso a tratamientos que permitan mejorar y estabilizar el curso clínico de la DA, evitando los brotes que más deterioran el bienestar del paciente.
“En este contexto, resulta fundamental cubrir la necesidad de disponer de una terapia innovadora, de largo alcance y con resultados sostenidos, que no solo beneficie directamente a quienes viven con dermatitis atópica, aportando estabilidad y mejor calidad de vida, sino que también permita a las instituciones de salud pública a tener resultados más amplios y controlados. Esto facilitaría la reducción de visitas médicas recurrentes, optimizando recursos y mejorando la eficiencia en la atención de la enfermedad”, puntualizó el doctor Santiago Posada.
La gravedad del padecimiento A pesar de su alta prevalencia, la DA continúa siendo una de las enfermedades cutáneas más subdiagnosticadas en el país, lo que retrasa la atención adecuada y agrava la carga emocional, social y económica para los pacientes y sus familias. En general, los adultos con DA tienen un riesgo de depresión y ansiedad de 2 a 3 veces mayor que las personas sin DA, y los niños tienen un riesgo 1.5 veces mayor, siendo el mayor riesgo para quienes presentan una enfermedad más grave.
Entre el 47 % y el 80 % de los niños y entre el 33 % y el 87 % de los adultos con DA informan alteraciones del sueño (p. ej., dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos, reducción de la eficiencia del sueño o somnolencia diurna) y se citan con frecuencia como uno de los aspectos más molestos de la enfermedad.
“Los pacientes también pueden experimentar estigmatización, acoso y atención no deseada relacionada con la DA. Los adolescentes con esta enfermedad son más propensos a sufrir acoso y ciberacoso. Un estudio reveló que el 39% de los niños con DA había sufrido acoso escolar y 34% de los adultos con la enfermedad había sufrido discriminación en el ámbito laboral”, anotó la especialista Ana Cantú.
Además, se tiene registrado que en México vivir con DA moderada puede generar un costo de 1,527 dólares por año, y aquellas personas que presentan una enfermedad grave pueden generar una inversión de 9,487 dólares anuales. Los montos incluyen consultas dermatológicas, interconsultas, estudios de laboratorio y gabinete, así como medicamentos tópicos y sistémicos. Los costos son significativamente mayores cuando el paciente presenta comorbilidades, depresión o un curso más prolongado de enfermedad.

