Día del amor… propio: la base invisible de las relaciones sanas

El amor propio no es egoísmo ni narcisismo, como a veces se piensa. Tampoco se trata de una autosuficiencia emocional que excluye al otro

Día de San Valentín
Foto: Cliff Johnson/Creative Commons
Bienestar
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CDMX. 9 de febrero de 2026. Cada 14 de febrero las vitrinas se llenan de corazones, flores y promesas románticas. Se celebra el amor de pareja, la compañía y el vínculo afectivo con otros. Sin embargo, pocas veces se habla del tipo de amor que sostiene todos los demás: el amor propio.

Desde la Asociación Psicoanalítica Mexicana, esta fecha se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre una pregunta esencial: ¿qué lugar nos damos a nosotros mismos dentro de nuestras relaciones?

El amor propio no es egoísmo
El amor propio no es egoísmo ni narcisismo, como a veces se piensa. Tampoco se trata de una autosuficiencia emocional que excluye al otro. En términos psicológicos, implica la capacidad de reconocerse como alguien valioso, digno de cuidado, respeto y bienestar. Es una relación interna que se construye desde la infancia y que influye profundamente en la manera en que elegimos pareja, establecemos límites y permanecemos —o no— en vínculos que nos hacen daño.

Cuando una persona no ha desarrollado una base sólida de amor hacia sí misma, es más probable que busque en la pareja aquello que siente que le falta: validación, seguridad o sentido de identidad. Esto puede generar relaciones de dependencia emocional, miedo al abandono o dificultad para poner límites. En cambio, cuando existe un vínculo interno más estable, la relación amorosa deja de ser un lugar de carencia y se convierte en un espacio de encuentro.

Como señala Dolores Montilla Bravo, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana: “El amor de pareja no puede sostener lo que la persona no ha podido construir consigo misma. Amar(se) es reconocer la propia historia, las heridas y también los recursos internos que permiten relacionarse desde la elección y no desde la necesidad.”

La forma en que nos tratamos define cómo amamos
Esta perspectiva invita a cambiar la pregunta tradicional de “¿quién me ama?” por una más profunda: “¿cómo me trato yo cuando nadie me mira?”. El modo en que una persona se habla se cuida y se permite sentir es el modelo silencioso que luego se reproduce en sus relaciones afectivas.

El amor propio tampoco significa ausencia de conflicto. Amar a alguien —y amarse— implica atravesar frustraciones, diferencias y momentos de duda. La clave está en que esos conflictos no destruyan la dignidad personal ni el bienestar emocional. Una relación sana no es la que nunca duele, sino aquella en la que ambos pueden seguir siendo sujetos completos, no mitades que se necesitan para existir.

Una invitación a mirarse distinto este 14 de febrero

En una cultura que suele idealizar el romance, recordar la importancia del amor propio es también un acto de salud mental. Implica reconocer que ninguna pareja puede sustituir el trabajo interno, y que el cuidado emocional cotidiano —descansar, pedir ayuda, decir no, respetar los propios tiempos— es parte fundamental de la experiencia amorosa.

Este 14 de febrero puede ser una oportunidad distinta: no solo celebrar a la pareja o buscarla, sino preguntarse qué tan presente está uno mismo en su propia vida. Tal vez el gesto más significativo no sea un regalo externo, sino una decisión interna de escucha, paciencia y respeto hacia la propia historia.

Porque, al final, el amor que permanece no siempre es el que llega desde afuera, sino el que se aprende a construir desde dentro. Y es justamente ese amor el que hace posible que todos los demás vínculos sean más libres, más conscientes y verdaderamente compartidos.

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