Empresas con presión encuentran en el humor la forma de cuidar a sus equipos

Cuando el humor se integra con criterio en la cultura de la empresa, mejora la claridad mental, fortalece la confianza entre áreas y facilita una colaboración más efectiva

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Especial
| Actualizado 🕑 11:43
Finanzas
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CDMX. 24 de abril de 2026. Juntas interminables, plazos de entrega imposibles de cumplir, falta de comunicación entre equipos y jefes que operan en automático, es una fotografía muy común en las empresas, donde la presión ya registra costos que van más allá de lo económico como índices altos de burnout y personas pensando en renunciar. De acuerdo con la OCC el 51% de los trabajadores reporta estrés laboral y quienes lo padecen son tres veces más propensos a renunciar en los próximos 12 meses.

“Muchas empresas siguen confundiendo tensión con productividad. Pero un equipo que trabaja bajo presión constante no decide mejor, no colabora mejor y no sostiene resultados por mucho tiempo. Lo que empieza como exigencia termina erosionando la operación”, afirma Saskia de Winter, socia fundadora y directora general de Saskia de Winter Training, firma de capacitación empresarial e individual, que este año celebra su 25 aniversario.

En ese escenario, el humor empieza a cobrar un nuevo valor; dejó de verse como distracción y se convirtió en una herramienta para reducir los niveles de estrés y así recuperar energía mental. Este 3 de mayo, Día Mundial de la Risa, se reconoce que esta reacción tiene un papel esencial en los equipos que viven bajo presión constante.

Tener sentido del humor no es contar chistes ni forzar momentos de diversión. Es la capacidad de leer una situación tensa, tomar distancia y cambiar la perspectiva sin negar el problema. La risa surge porque libera la presión acumulada y le da al equipo una pausa emocional para reorganizarse; no evade la realidad, permite atravesarla sin quedar atrapados en ella. Tiene un efecto fisiológico, ayuda a reducir el cortisol, la hormona asociada al estrés y crea condiciones mentales más favorables para decidir y colaborar.

Cuando un equipo puede relajarse, pensar con claridad y relacionarse de un modo más espontáneo, mejora su capacidad para sostener el ritmo de trabajo.

“El humor bien usado no le quita seriedad al trabajo; le quita fricción. Ayuda a reducir la presión en momentos tensos, acerca a los equipos y hace más fácil atravesar conflictos. El problema no es reír en el trabajo; el tema es normalizar culturas donde nadie puede soltar la tensión”, señala la también psicoterapeuta Gestalt.

No se trata de forzar dinámicas ni de convertir la oficina en un espacio de mero entretenimiento. La clave está en usar el humor con criterio y dentro de una cultura de respeto. Para lograrlo, Saskia de Winter Training recomienda tres prácticas:

Crear entornos inclusivos: La risa que fortalece a un equipo no excluye ni humilla. Las dinámicas, referencias o chistes internos deben construir pertenencia, no aislar a alguien ni marcar jerarquías. Es alegría y no es burla.

Fomentar cercanía desde el liderazgo: Los líderes que usan el humor, oportuno y respetuoso, suelen generar más confianza. Se vuelven más accesibles sin perder autoridad y eso facilita conversaciones más honestas en momentos de presión.

Establecer límites claros: No todo lo que hace reír construye cultura. El sarcasmo constante, la burla o los comentarios condescendientes deterioran el clima laboral. Por eso, los directivos deben marcar con claridad qué tipo de humor suma y cuál cruza las líneas. Es generar alegría, no es burla.

El costo de no reír
El costo de ignorar este tema es más alto de lo que muchas empresas reconocen. Los equipos tensos no innovan con la misma facilidad, los liderazgos rígidos desgastan más rápido y los lugares donde todo se vive al límite suelen perder talento mucho antes de corregir el problema.

“Las empresas pueden seguir operando como si el agotamiento fuera parte normal del trabajo, o pueden construir entornos donde las personas rindan sin vivir bajo presión permanente. La risa no resuelve sola una cultura, pero sí puede ser una señal muy clara de si un equipo está funcionando desde la confianza o desde el desgaste”, concluye De Winter.

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