Ciudad de México a 21 de mayo de 2026. Más de un millón de personas viven con esquizofrenia en México, una condición de salud mental que sigue rodeada de miedo, desinformación y prejuicios, pese a que existen tratamientos y modelos de acompañamiento capaces de cambiar el curso de vida de quienes la enfrentan.
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor de 23 millones de personas han recibido un diagnóstico de esquizofrenia, lo que equivale a una de cada 345 personas. En adultos, la proporción sube a una de cada 233. La misma fuente advierte que más de 2 de cada 3 personas con psicosis no reciben atención especializada en salud mental.
En el marco del Día Mundial de la Esquizofrenia, que se conmemora cada 24 de mayo con el propósito de difundir información y erradicar mitos sobre esta condición, Común Ati hace un llamado a dejar de reducir la esquizofrenia a una etiqueta clínica y reconocerla como una realidad que impacta a la persona, a su familia y a toda la comunidad.
“Cuando se habla de esquizofrenia, muchas veces se habla desde el miedo. Nosotros queremos hablar desde la dignidad, desde la posibilidad de tratamiento y desde la responsabilidad de acompañar. Una persona no es su diagnóstico. Una persona necesita atención, estructura, rehabilitación, redes de apoyo y una sociedad que no la excluya”, señaló Ma. del Carmen Rigal, directora y Fundadora de Común Ati.
Un padecimiento que no sólo afecta la mente
La esquizofrenia suele aparecer al final de la adolescencia o entre los 20 y 30 años, una etapa en la que muchas personas están estudiando, entrando al mundo laboral, construyendo vínculos o iniciando una vida independiente. Sus síntomas pueden incluir delirios, alucinaciones, pensamiento desorganizado, cambios importantes en el comportamiento, retraimiento social, limitación en la expresión emocional y dificultades cognitivas relacionadas con memoria, atención y resolución de problemas.
Su impacto va más allá del episodio psicótico. De acuerdo con expertos mexicanos publicados en la Gaceta Médica de México, alrededor de tres cuartas partes de las personas diagnosticadas con esquizofrenia experimentarán una recaída y aproximadamente una quinta parte tendrá síntomas a largo plazo y discapacidad.
“Uno de los errores más graves es pensar que el tratamiento termina cuando la crisis baja. La recuperación requiere continuidad, acompañamiento terapéutico, trabajo con la familia, actividades estructuradas y espacios donde la persona pueda recuperar habilidades, confianza y sentido de pertenencia”, afirmó Ma. del Carmen Rigal.
La atención no puede quedarse sólo en el medicamento
La OMS reconoce que existen opciones eficaces de atención para la esquizofrenia, entre ellas medicamentos, psicoeducación, intervenciones familiares, terapia cognitivo-conductual y rehabilitación psicosocial, incluyendo capacitación en habilidades para la vida. También señala que al menos una de cada tres personas puede recuperarse por completo cuando recibe atención adecuada.
Común Ati trabaja precisamente desde ese enfoque. La organización se define como un centro de tratamiento y reintegración psicosocial para personas con diagnósticos de salud mental como esquizofrenia, psicosis, trastorno bipolar, trastorno dual, ansiedad y depresión. Su modelo incluye rehabilitación neuropsicológica, atención individual y grupal, arte terapia, actividad física, talleres productivos, atención terapéutica y psicoeducación para familiares.
“Las familias también necesitan ser acompañadas. Muchas llegan con culpa, cansancio, miedo o sin saber qué hacer. Cuando una familia entiende el diagnóstico, aprende a identificar señales de alerta y se integra al proceso terapéutico, se convierte en una red de cuidado y no en un espacio de aislamiento”, agregó Ma. del Carmen Rigal.
El estigma también enferma
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las personas con esquizofrenia enfrentan estigmatización, discriminación y violaciones a sus derechos humanos. Esto puede limitar su acceso a la atención médica, la educación, la vivienda, el empleo y la vida social. Además, en promedio, las personas con esquizofrenia fallecen nueve años antes que la población general, con frecuencia por enfermedades físicas como padecimientos cardiovasculares, metabólicos o infecciosos.
Para Común Ati, la respuesta social no puede ser el silencio ni la exclusión. Desde 1985, la organización ha sostenido un modelo de atención integral orientado a la discapacidad psicosocial, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas y sus familias, y contribuir a erradicar los estigmas asociados a los diagnósticos de salud mental.
“Hablar de esquizofrenia no debe ser hablar de pérdida, sino de oportunidad. Oportunidad de atender a tiempo, de sostener el tratamiento, de abrir espacios de convivencia, de capacitar, de rehabilitar y de devolver a las personas un lugar digno en su comunidad”, concluyó Ma. del Carmen Rigal.

