Se estima que hasta 70% de las mujeres con síntomas no acude a consulta, pese a los impactos negativos que esta condición implica para la calidad de vida de la mujer.
El síndrome genitourinario en la menopausia o atrofia vulvovaginal es el adelgazamiento, resequedad e inflamación de las paredes vaginales, que puede ocurrir cuando el cuerpo femenino tiene menos estrógenos. Esta condición aparece con mayor frecuencia después de la menopausia.
Para muchas mujeres no solo provoca que las relaciones sexuales sean dolorosas sino que además hay ardor, picazón, aumenta el riesgo de infecciones urogenitales y también genera síntomas urinarios accidentales al reír, toser, estornudar o al cargar algo pesado.
Más de 20 millones de mujeres en México viven la etapa de la menopausia y el climaterio (entre los 45 y 55 años), enfrentando esta transición con falta de información, sin diagnóstico adecuado ni acompañamiento médico ginecológico.
Aunque es una etapa natural, 80% no recibe tratamiento, enfrentando síntomas como sofocos, aumento de peso, insomnio, vida sexual trunca y cambios de humor.
No acuden a consulta
La atrofia vulvovaginal se caracteriza por resequedad, molestias vaginales, dolor durante las relaciones sexuales e incluso alteraciones en la vida social y laboral.
Se estima que hasta 70% de las mujeres con síntomas no acude a consulta, lo que convierte a esta condición en un problema de salud silencioso y poco visibilizado, dice la doctora Imelda Hernández Marín, especialista en ginecología endocrina, menopausia y biología de la reproducción humana.
La especialista explica que “con la disminución hormonal la vagina pierde colágeno, tejido y capacidad de retención hídrica, lo que se traduce en sequedad, ardor, comezón, dolor durante el coito y mayor riesgo de infecciones”.
Además, menciona que durante la menopausia pueden aumentar las enfermedades vasculares, aunque los efectos de un tratamiento con estrógenos son aún objeto de debate debido a que, por un lado, los estrógenos ayudan a prevenir los síntomas de la osteoporosis; pero, por otro, el uso prolongado de estos puede provocar cáncer de endometrio y posiblemente de mama.
En la menopausia existen otros factores de riesgo que pueden desencadenar o agravar la atrofia vulvovaginal: insuficiencia ovárica prematura, ooforectomía bilateral, tratamientos como radioterapia y quimioterapia, medicamentos con efectos antiestrogénicos, y la reducción posparto de estrógenos durante la lactancia.
Resequedad vaginal
Hernández refiere que los signos y síntomas más comunes en las mujeres que se encuentran en la etapa de menopausia incluyen resequedad vaginal (reportada por hasta 80% de las pacientes), molestias vaginales (57%), dolor durante las relaciones sexuales (35%), picazón o comezón (28%), ardor (26%) e incluso incontinencia urinaria (6%). Estos síntomas pueden variar en intensidad, desde leves hasta severos, y tienden a incrementarse con la edad y el tiempo transcurrido desde la menopausia.
La especialista, miembro de la Asociación Mexicana de Medicina de la Reproducción (AMMR), comenta que existen estudios clínicos donde se han documentado los impactos negativos en la calidad de vida de la mujer: 72% reporta afectación en la satisfacción sexual; 66% en la espontaneidad sexual; 40% en el disfrute general de la vida; y 34% en el sueño.
Solución a la vista
En la actualidad existen tratamientos simples y efectivos para el síndrome genitourinario en la menopausia, como Hyavage (Armstrong Laboratorios de México), óvulos vaginales con ácido hialurónico, vitamina A y vitamina E. Se trata de un auxiliar en el tratamiento calmante y lubricante particularmente útil en mujeres en periodo de menopausia, ya que protege y mejora la elasticidad de la mucosa vaginal.
La evidencia científica señala que el ácido hialurónico, junto con antioxidantes como la vitamina A y E, puede favorecer la hidratación, la regeneración tisular y la protección de la mucosa vaginal, entre otros beneficios.
Estos hallazgos abren nuevas perspectivas para el abordaje de la atrofia vulvovaginal, más allá de los tratamientos hormonales tradicionales, puntualiza el doctor Andrea Genazzani, médico especialista en ginecología obstetricia y referente mundial en endocrinología ginecológica.
La salud íntima femenina continúa siendo un silencio incómodo en nuestra sociedad, aun cuando define profundamente la calidad de vida de millones de mujeres. Detrás de cada síntoma hay historias de bienestar interrumpido, de relaciones afectadas y de proyectos personales postergados. Romper ese silencio es un acto de cuidado y amor propio: las pacientes al acudir a consulta y conocer alternativas seguras y efectivas no solo protegen la salud, también devuelven confianza, plenitud y libertad a la vida cotidiana, resalta el especialista.
De acuerdo con un estudio en la revista científica Cell hasta 85% de las mujeres de más de 45 años no recibe una atención en salud integral en climaterio/premenopausia y menopausia. “Hay mucha confusión respecto de lo que viven, porque (los médicos) consideran que son cuestiones de la edad. A veces terminan medicadas en temas siquiátricos porque no hay una verdadera comprensión de lo que les sucede”, concluye Genazzani.
Perimenopausia Se caracteriza por ser el comienzo de la menopausia; puede durar hasta un año después del último periodo menstrual, donde existen periodos irregulares, sofocos, sudores nocturnos, sequedad en la piel; es posible que se presente depresión; ocurre entre los 40 y los 44 años.
Menopausia Se caracteriza por el cese de los periodos menstruales en doce meses consecutivos; ello refleja una disminución en la producción de hormonas como estrógeno y progesterona; ocurre entre los 45 y los 54 años.
Posmenopausia Se caracteriza por iniciar con la menopausia y continúa hasta la muerte; puede clasificarse en temprana o tardía; en este periodo pueden presentarse cefaleas, bochornos, insomnio, palpitaciones y ansiedad; puede ocurrir a partir de los 55 años.
Fuente: Estadísticas de género, Secretaría de las Mujeres (2025)

