Ciudad de México, 2 de marzo 2026. “Desintoxicación” es una palabra que la mayoría de nosotros hemos escuchado, normalmente en el contexto de batidos o suplementos. Pero ¿qué significa realmente? En nuestro organismo, es la eliminación natural, o con ayuda médica, de sustancias tóxicas a través de los riñones, el hígado y los pulmones.
Una parte de este proceso de desintoxicación es la sulfonación, un paso que el cuerpo utiliza para hacer que ciertas moléculas sean más seguras y fáciles de eliminar.
Un nuevo estudio realizado por investigadores de Arizona State University (ASU) sugiere que los microbios desintoxicantes del sistema digestivo de nuestro cuerpo ayudan a identificar y eliminar del cuerpo sustancias químicas potencialmente dañinas, algo que los científicos pensaban que solo las células humanas podían hacer.
El descubrimiento podría ayudar a explicar por qué las personas a veces responden de manera diferente a un mismo medicamento, incluso cuando toman dosis idénticas. “Si los microbios intestinales pueden llevar a cabo estas reacciones, podrían cambiar el tiempo que un medicamento permanece activo, la rapidez con la que se elimina o la intensidad de sus efectos y efectos secundarios”, afirmó Dhara Shah, autora principal del estudio y profesora adjunta del Biodesign Institutes Center for Fundamental and Applied Microbiomics.
En la sulfonación, las células adhieren un pequeño grupo de átomos, conocido como grupo sulfo, a sustancias como medicamentos, subproductos alimenticios y otras sustancias químicas naturales producidas por el organismo.
El grupo sulfo puede convertir compuestos aceitosos y difíciles de eliminar en formas que se disuelven más fácilmente en agua. Esto permite que los riñones y el sistema digestivo los eliminen del organismo.
Los investigadores de ASU descubrieron que una bacteria intestinal común, Phocaeicola vulgatus, contiene una enzima capaz de realizar la sulfonación. Los nuevos hallazgos plantean la posibilidad de que las bacterias intestinales desempeñen un papel más activo en la eliminación de toxinas de lo que se creía anteriormente.
La enzima bacteriana identificada en el estudio de ASU, conocida como BvASST, puede transferir grupos sulfo entre unaserie de compuestos naturales que se encuentran en el intestino. El acetaminofén ofrece un claro ejemplo. En el hígado, las enzimas humanas normalmente convierten parte del fármaco en una forma sulfonada que puede excretarse de forma segura.
El equipo de ASU descubrió que la enzima bacteriana podía interactuar tanto con el fármaco activo como con su versión marcada en el laboratorio. Eso significa que, en teoría, los microbios intestinales podrían ayudar a acelerar la eliminación de los fármacos o, en algunos casos, revertirla.
Las implicaciones pueden ir más allá de los medicamentos. Algunos compuestos sulfonados, conocidos como sulfatos fenólicos, tienden a acumularse en determinadas afecciones de salud, como la enfermedad renal crónica y el trastorno del espectro autista. Estas moléculas suelen ser subproductos del metabolismo humano y microbiano, y sus niveles pueden reflejar la eficacia con la que el organismo procesa y elimina los residuos químicos.
“Esta enzima bacteriana podría ayudar a desintoxicar ciertos compuestos, pero podría ser menos eficaz cuando hay otras moléculas similares presentes al mismo tiempo”, afirma Rosa Krajmalnik-Brown, coautora del estudio y directora del Biodesign Center for Health Through Microbiomes. “Por ejemplo, el p-cresol es uno de esos compuestos fenólicos elevados en el autismo que potencialmente compite con otras moléculas por la sulfatación, lo que podría interferir en su eliminación del organismo”.
Esa competencia podría ser importante para las moléculas que afectan a la señalización cerebral, como la dopamina, que se analizó en el estudio. “La sulfonación microbiana podría afectar al tiempo que persisten en el organismo y a su impacto en la fisiología”, afirma Shah.
Las investigadoras son muy enfáticas en destacar lo que aún no saben. Sigue sin estar claro cuán activa es esta enzima bacteriana dentro del intestino humano real, donde las condiciones son mucho más complejas que en un entorno de laboratorio controlado.
“La principal incógnita es si la BvASST es activa e influyente en los sistemas vivos”, afirmó Shah. Para determinarlo, futuras investigaciones tendrán que demostrar estas reacciones en cultivos microbianos, seguidos de modelos animales y, finalmente, en seres humanos. Si los estudios futuros confirman que los microbios intestinales ayudan habitualmente a procesar los fármacos y las toxinas, este trabajo podría influir algún día en la forma en que los médicos abordan la dosificación, los efectos secundarios y la medicina personalizada.
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