CDMX. 15 de abril de 2026. La infancia es una etapa fundacional del desarrollo humano, no solo en términos físicos o cognitivos, sino especialmente en la construcción del mundo emocional. Lo que un niño experimenta en sus primeros años influye profundamente en su manera de vincularse, de regular sus emociones y de entenderse a sí mismo en la vida adulta.
Cuidar la salud mental infantil no es un aspecto secundario del desarrollo: es una condición básica para la construcción de subjetividad, autoestima y capacidad de resiliencia.
La infancia como base de la salud emocional
El desarrollo psíquico en la infancia está directamente influido por el entorno afectivo, la calidad del vínculo con los cuidadores y la presencia de experiencias de seguridad emocional. Cuando estos elementos fallan de forma sostenida, pueden aparecer dificultades en la regulación emocional, la identidad y los vínculos interpersonales.
Desde una perspectiva psicoanalítica, la salud mental infantil no se limita a la ausencia de síntomas, sino a la posibilidad de simbolizar lo vivido, expresar emociones y desarrollar recursos internos para enfrentar la realidad.
El entorno sí importa: evidencia y contexto
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre el 10% y el 20% de los niños y adolescentes en el mundo experimentan trastornos mentales, pero muchos no reciben diagnóstico ni tratamiento oportuno. Este dato muestra la magnitud del problema y la importancia de la detección temprana.
En este sentido, la crianza, la escuela y el contexto social son determinantes. La exposición a violencia, negligencia emocional o inestabilidad familiar incrementa significativamente el riesgo de dificultades psicológicas a futuro.
La mirada psicoanalítica: lo que se forma en la infancia
La Dra. Dolores Montilla Bravo, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, señala que la salud mental también se construye en la relación entre impulsos, afectos y entorno: “En la esencia de los seres humanos cohabitan los impulsos libidinales a favor de la vida y la empatía con aquellos que nos empujan a la competitividad y la rivalidad sana.”
Este equilibrio, explica, depende en gran medida de la crianza y de la capacidad del entorno para contener emocionalmente al niño. Cuando esto falla, pueden aparecer expresiones de violencia, angustia o desconexión emocional desde edades tempranas.
En otro análisis sobre violencia y desarrollo emocional, la especialista subraya: “Cuando por la crianza o el ambiente en que se desarrolla un niño o adolescente no se ponen límites a las expresiones emocionales negativas, se compromete la convivencia y el desarrollo emocional sano.”
Estas observaciones refuerzan la idea de que la infancia no solo es un periodo de aprendizaje, sino un momento estructural en la formación del psiquismo.
La importancia del vínculo y la validación emocional
Uno de los factores más relevantes para la salud mental infantil es la presencia de figuras adultas capaces de contener emocionalmente. No se trata de evitar el malestar, sino de acompañarlo y darle sentido.
Cuando un niño es escuchado y validado, aprende a reconocer sus emociones sin sentirse desbordado. Cuando sus emociones son ignoradas o reprimidas, puede desarrollar dificultades para identificarlas o expresarlas en el futuro.
Prevención: una inversión a largo plazo
Invertir en salud mental infantil no solo tiene efectos inmediatos, sino también consecuencias a largo plazo. Muchos trastornos en la adultez tienen raíces en experiencias tempranas no elaboradas.
Fortalecer la salud mental desde la infancia reduce el riesgo de ansiedad, depresión, conductas impulsivas y dificultades en los vínculos interpersonales en etapas posteriores de la vida.
Cuidar la salud mental en la infancia implica reconocer que los niños no solo necesitan alimentación, educación y cuidado físico, sino también un entorno emocional estable que les permita desarrollarse con seguridad interna.
La infancia no es una etapa de “preparación” para la vida: es la base sobre la cual se construye la vida emocional adulta. Por eso, protegerla es una de las formas más profundas de prevención en salud mental.

