Qué es y cómo prevenir la inflamación silenciosa

La inflamación crónica no tratada se ha asociado con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, entre otras

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Cortesía Bupa
Bienestar
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CDMX. 22 de mayo de 2026. El cuerpo humano tiene una respuesta natural ante las lesiones o infecciones: la inflamación aguda. Sin embargo, existe otra forma de inflamación que no duele, no se ve y, muchas veces, ni siquiera se siente, pero que puede afectar la salud en silencio durante años. Se trata de la inflamación crónica de bajo grado, también conocida como inflamación silenciosa, una respuesta inmune persistente y de baja intensidad que ocurre dentro del organismo sin generar síntomas evidentes, de ahí su nombre, y su detección temprana puede marcar la diferencia entre prevenir o desarrollar enfermedades graves.
 
A diferencia de la inflamación aguda, que se presenta cuando nos golpeamos o tenemos una infección y genera señales visibles como enrojecimiento, calor o dolor, la inflamación silenciosa presenta síntomas inespecíficos que pueden confundirse o normalizarse; entre ellos se encuentran la fatiga persistente, hinchazón abdominal, niebla mental, dolores articulares leves, dificultad para perder peso y problemas de la piel. Esta puede mantenerse activa durante meses o incluso años, y solo detectarse a través de marcadores en estudios de laboratorio.
 
Considerando que la inflamación silenciosa no surge de un único factor, si no como el resultado de una acumulación de hábitos y condiciones que se sostienen en el tiempo, Bupa México, empresa de salud integral especializada en seguros de salud, comparte causas más comunes y consecuencias de este padecimiento, así como consejos para reducirla:
 
Alimentación ultraprocesada y alta en azúcares: el consumo excesivo de azúcares refinados, grasas trans y alimentos ultraprocesados activa vías inflamatorias en el organismo.

Sedentarismo: la inactividad física favorece la acumulación de grasa visceral, la cual es uno de los principales promotores de inflamación crónica.

Estrés crónico: cuando el estrés se vuelve constante, el cuerpo mantiene elevados los niveles de cortisol, una hormona que en exceso altera la respuesta inmune y dispara marcadores inflamatorios.

Privación del sueño: dormir menos de 7 horas de forma continua se asocia con un aumento de citocinas proinflamatorias. De acuerdo con la Fundación Nacional del Sueño (NSF), la privación sostenida del sueño eleva el riesgo de enfermedades crónicas.

Tabaquismo y consumo de alcohol: ambos activan mecanismos inflamatorios en el organismo y dañan progresivamente los tejidos.

Obesidad y sobrepeso: el tejido adiposo, especialmente el visceral, libera sustancias proinflamatorias llamadas adipocinas.
 
Es importante prestar atención a estos hábitos, ya que las consecuencias de ignorar este proceso son significativas, pues la inflamación silenciosa no tratada se ha asociado con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, enfermedades autoinmunes, entre otras.
 
Por otro lado, este padecimiento es en gran medida prevenible y reversible con cambios en el estilo de vida, por ejemplo:
 
Incorpora alimentos antiinflamatorios: frutas y verduras de colores intensos, pescados ricos en omega-3, aceite de oliva extra virgen, frutos secos, leguminosas y especias como la cúrcuma y el jengibre tienen propiedades antiinflamatorias probadas. La dieta mediterránea, ampliamente estudiada, reduce los marcadores inflamatorios de forma significativa según múltiples estudios clínicos.

Mantén una rutina de actividad física: el ejercicio moderado y regular reduce los niveles de proteína C reactiva y otras moléculas inflamatorias. Caminar, nadar, andar en bicicleta o practicar yoga son opciones accesibles y efectivas.

Cuida tu sueño: priorizar entre 7 y 9 horas de sueño reparador cada noche es una de las estrategias más simples y poderosas para reducir la inflamación; apagar pantallas al menos 30 minutos antes de dormir, mantener un horario regular y crear un ambiente oscuro y fresco favorece la calidad del descanso.

Gestiona el estrés: prácticas como la meditación, respiración consciente, contacto con la naturaleza o hablar con un profesional de la salud mental ayudan a regular el cortisol y, con ello, la respuesta inflamatoria del cuerpo.

Evita el tabaco y modera el alcohol: dejar de fumar reduce significativamente los niveles de marcadores inflamatorios en sangre en cuestión de semanas. Reducir el consumo de alcohol a niveles mínimos también es clave para proteger hígado e intestino, dos órganos estrechamente ligados a la inflamación sistémica.

Realiza chequeos preventivos periódicos: dado que la inflamación silenciosa no produce síntomas claros, la única forma de detectarla a tiempo es a través de estudios de laboratorio. Una revisión anual que incluya biometría hemática, glucosa, perfil lipídico, proteína C reactiva ultrasensible (PCRus), ácido úrico y función hepática permite identificar señales tempranas antes de que se conviertan en enfermedad. Para este fin, contar con un seguro de gastos médicos ayuda a realizarse estos estudios de forma periódica. Asimismo, herramientas como Blua, plataforma de salud digital de Bupa México, permiten el monitoreo de constantes vitales con IA a través de su aplicación y un seguimiento puntual de síntomas con sus videoconsultas disponibles las 24 horas, los 365 días del año.
 
La inflamación silenciosa es un proceso invisible, en donde la clave está en anticiparse con hábitos cotidianos que nutran el cuerpo y con chequeos periódicos que permitan actuar antes de que una condición menor se convierta en una enfermedad mayor. Cuidar la salud no siempre implica grandes cambios muchas veces basta con tomar decisiones consistentes, pequeñas y constantes.

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