CDMX. 8 de marzo de 2026. La Dra. Laura Minhui Kim, sostenía con firmeza la aguja de sutura entre las yemas enguantadas de sus dedos. Trabajando bajo un microscopio de gran aumento, enhebraba con delicadeza el tejido de los vasos sanguíneos, restableciendo el “sistema de plomería”, es decir, el flujo sanguíneo hacia el injerto de piel del paciente. Mantuvo sus manos firmes mientras trabajaba durante dos horas más, esculpiendo el injerto para que descansara de forma natural sobre el cuero cabelludo del paciente.
En cirugías reconstructivas microvasculares como esta, el ojo creativo de la Dra. Kim, cirujana oncóloga de cabeza y cuello y especialista en reconstrucción del Hospital Houston Methodist, es fundamental. Sus técnicas ayudan a fusionar el tejido donado con la piel circundante durante la cicatrización, con el objetivo de que parezca que nada ocurrió. Eso era especialmente importante para Anthony Hood, un hombre sano de 63 años diagnosticado con angiosarcoma asintomático, un tipo de cáncer de piel raro pero agresivo.
“Para este tipo de cáncer, era necesario retirarlo con un margen más amplio de tejido sano, para asegurar que no regresara ni local ni regionalmente”, explicó la Dra. Kim. “Sin embargo, al retirar el tumor, Anthony quedaría con un defecto grande en el cuero cabelludo”.
Para resolver ese defecto, la experta extrajo tejido donante del músculo dorsal ancho, cuidando meticulosamente que los vasos sanguíneos dentro del tejido se mantuvieran intactos. Luego colocó el tejido sobre el cuero cabelludo, donde realizó la reconstrucción microvascular para restablecer el flujo sanguíneo. Después, dio paso a su lado artístico.
“Sin un modelado adicional, el tejido donado puede verse como un casco de carne o asimétrico”, comentó la especialista. “En el caso de Anthony, al ser un paciente sano y preocupado por la apariencia, dediqué más tiempo a contornear el tejido donado. En otros casos, sin embargo, la estética es un objetivo secundario”. Como en todas las cirugías, existen riesgos.
Las posibles complicaciones de la reconstrucción microvascular incluyen torceduras o dobleces en los vasos sanguíneos que pueden generar coágulos y un mal suministro de sangre al sitio del tejido donado. Las probabilidades de que esto ocurra durante la estancia hospitalaria de cinco días después de la operación son mínimas, pero si llegan a presentarse, suelen resolverse con una nueva cirugía.
El resultado final busca devolver al paciente lo más posible a su estado previo. En cuanto a Hood, quien enfrentó uno de los momentos más aterradores de su vida con una actitud positiva, logró someterse a radioterapia y actualmente se encuentra en vigilancia oncológica.
Contento con su apariencia tras la operación, el Sr. Hood enfatizó que el ejercicio regular y una dieta saludable jugaron un papel importante en su recuperación y en su estado general de salud. Esta experiencia también le recordó qué es lo que realmente importa en la vida.
“Tengo muchas razones para vivir”, expresó. “La Dra. Kim fue una bendición. Realmente tiene vocación para este trabajo”.
La especialista en oncología reconstructiva espera seguir ayudando a más pacientes con cáncer preocupados por su apariencia.
“Este caso destacó mi pasión por hacer que los pacientes se vean lo más parecido posible a cómo eran antes, porque sé que eso impacta en su vida social, en su estado anímico y psicológico, lo cual a su vez influye en su recuperación”, afirmó. “Como cirujanos oncológicos, debemos intentar optimizar la estética siempre que sea posible”, concluyó la especialista.

