CDMX. 13 de enero de 2026. A medida que la humanidad sigue ampliando las fronteras de la exploración espacial y justo ahora que está en crecimiento el interés por las misiones espaciales de larga duración y los viajes espaciales comerciales, las investigaciones de salud en el espacio están estudiando los síntomas de congestión nasal (síntomas sinonasales), ya que pueden impactar negativamente las misiones.
La NASA y el Hospital Houston Methodist analizaron casi dos décadas de expedientes médicos de astronautas que han estado a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), y encontró que los síntomas sinonasales, en especial la congestión nasal, se encuentran entre los problemas de salud más comunes en órbita.
“Los astronautas suelen ser de las personas más sanas y en mejor condición física del planeta, y aun así este estudio muestra que incluso ellos presentan molestias sinonasales importantes en el espacio”, señala el Dr. Mas Takashima, jefe del Departamento de Otorrinolaringología – Cirugía de Cabeza y Cuello del Hospital Houston Methodist y autor principal del estudio. “Ahora imaginemos qué podría ocurrir cuando civiles con condiciones preexistentes comiencen a viajar al espacio”.
El estudio, publicado en la revista Laryngoscope Investigative Otolaryngology, analizó 754 eventos médicos documentados en 71 astronautas entre los años 2000 y 2019. Los hallazgos más destacados: 85% de los astronautas presentó al menos un problema sinonasal, y la congestión nasal afectó a tres de cada cuatro.
Microgravedad y cambios de presión
La causa principal de los problemas sinonasales fuera de la Tierra parece estar relacionada con la reacción del cuerpo a la microgravedad. Sin gravedad que haga descender los fluidos corporales, ocurre un desplazamiento de líquidos hacia la cabeza: aumenta el volumen de sangre y fluidos en la zona craneofacial, lo que provoca hinchazón facial y congestión nasal.
“La mayoría de los síntomas aparecieron durante la primera semana de viaje espacial, lo cual respalda la hipótesis del desplazamiento de fluidos”, explica el Dr. Takashima. “Pero también observamos casos que persistían más allá de los seis meses en el espacio, lo que sugiere que hay otros factores involucrados”.
Los cambios de presión durante las actividades extravehiculares (EVA), o caminatas espaciales, también podrían agravar el problema, indica el Dr. Takashima. Al pasar de la presión interna de la ISS —de 14.7 psi— a la presión del traje espacial —tan baja como 4.3 psi—, los tejidos de los senos paranasales y del oído medio pueden expandirse, generando congestión y disfunción de la trompa de Eustaquio del oído.
El estudio encontró que los astronautas que participaban en EVA tuvieron un promedio de nueve eventos médicos sinonasales adicionales en comparación con quienes no realizaban estas actividades.
Uso de medicamentos y sus limitaciones
Para controlar los síntomas, los astronautas suelen recurrir a descongestionantes de venta libre. La pseudoefedrina y la oximetazolina fueron los medicamentos más utilizados, a menudo antes de una EVA. Sin embargo, su eficacia a largo plazo en microgravedad sigue siendo incierta.
“Es posible que estos medicamentos no funcionen igual en microgravedad”, señala el Dr. Takashima. “Y su uso frecuente, puede causar congestión de rebote, lo cual sería un problema serio si se depende de él cada vez que hay que prepararse para una EVA”.
Otros medicamentos, incluyendo antihistamínicos, también se utilizaron para tratar reacciones que se asumían como alérgicas, posiblemente desencadenadas por partículas en el aire que permanecen flotando más tiempo en microgravedad. Los filtros HEPA ayudan a reducir este riesgo, pero los astronautas siguen expuestos a irritación nasal por actividades cotidianas como afeitarse o comer.
Implicaciones para el futuro de los viajes espaciales Con las misiones Artemis y los planes de vuelos tripulados a Marte acercándose, las estancias prolongadas en el espacio serán cada vez más comunes. El estudio sugiere que medidas preventivas, como evaluar condiciones sinusales y considerar procedimientos otorrinolaringológicos menores —por ejemplo, la reducción de cornetes— podrían ayudar a reducir el riesgo de congestión en el espacio.
“En los casos en que una persona ya vive con obstrucción nasal, una reducción de cornetes mínimamente invasiva podría ayudar a reducir los riesgos de congestión en el espacio”, comenta el experto del Hospital Houston Methodist. “Es algo que estamos considerando cada vez con más seriedad”.
Además de la atención a los síntomas, los investigadores enfatizan la necesidad de estudios prospectivos que permitan definir tratamientos y estrategias preventivas específicos para el entorno espacial.
“Se trata de mantener el máximo rendimiento”, concluye el Dr. Takashima. “Si no puedes dormir bien porque no respiras correctamente, tu función cognitiva, tu tiempo de reacción y tu desempeño en la misión pueden deteriorarse, y todo eso es absolutamente crítico en el espacio”.

