Desarrollada para detectar agua en el planeta rojo, hoy esta herramienta satelital permite recuperar millones de litros en ciudades y barrios del país.
El agua se está perdiendo bajo tierra. No es una metáfora: en México siete de cada diez litros que se extraen de ríos y pozos no llegan a los hogares porque se diluyen en tuberías corroídas, se filtran por fugas invisibles y desaparecen a través de conexiones clandestinas —un fenómeno conocido como “huachicol del agua”— que dejan a su paso redes debilitadas y barrios enteros con presión insuficiente.
La crisis ya tiene diagnóstico. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió el inicio de una era de bancarrota hídrica mundial, marcada por la sobreexplotación de acuíferos, la degradación de suelos y la contaminación, fenómenos agravados por el cambio climático.
En México esta alerta global se traduce en una emergencia cotidiana: infraestructura obsoleta, pérdidas técnicas y robos sistemáticos de agua que vuelven palpable la escasez.
En 2022 Monterrey fue una señal de advertencia: miles de familias enfrentaron semanas sin agua potable, tinacos vacíos y largas filas para abastecerse. En la Ciudad de México, durante las temporadas de sequía, el bajo nivel del Sistema Cutzamala y los hundimientos asociados a la sobreexplotación de acuíferos evidencian que la escasez es inmediata y tangible.
“Ya lo vivimos en Monterrey. Lo estamos viendo en Ciudad de México. No hablamos de algo que ocurrirá en 20 años: está pasando ahora”, dice a Vértigo Carolina del Pilar Villacís Espinoza, directora general de Integrored.
“De cada diez metros cúbicos, estamos perdiendo siete. Nuestro trabajo es encontrar dónde están”, señala.
La pregunta clave, agrega, es identificar si esas pérdidas se deben a infraestructura obsoleta, robo de agua o ineficiencia en la gestión.
De Marte a los barrios
Integrored, empresa poblana conformada en 95% por mujeres especialistas en el sector hídrico, encontró en la tecnología satelital de Asterra una herramienta disruptiva.
Diseñada originalmente para buscar agua en Marte, hoy esta tecnología permite identificar fugas invisibles y el llamado huachicol del agua en redes urbanas.
“Es una tecnología israelí que se dio a conocer en 2013. Cuando contrataron a un experto para buscar agua en Marte, pensó: ‘Si funciona para Marte, ¿por qué no orientar el satélite hacia la Tierra y localizar el agua que estamos perdiendo aquí?’”, explica Villacís Espinoza.
“El satélite no solo toma imágenes sino que además escanea el terreno. Cuando el agua entra en contacto con la tierra genera una firma química que el algoritmo interpreta: indica si se trata de agua potable, residual o irregular. Con esa información podemos prelocalizar fugas antes de que el daño sea visible”, detalla.
Posteriormente, el equipo acude al sitio con geófonos, videocámaras y equipo especializado para confirmar si se trata de una avería o de una conexión clandestina.
Los resultados, asegura, son contundentes: “Por cada punto de interés encontramos en promedio 15 fugas. Si una ciudad registra 300 puntos, hablamos de unas cuatro mil 500 fugas entre red principal, tomas domiciliarias y pérdidas no visibles”. En municipios de Guanajuato, donde ya operan, el promedio es de 15 fugas invisibles por cada 150 metros intervenidos.
La precisión tecnológica no solo permite recuperar millones de litros de agua, sino también optimizar recursos humanos y financieros: recorrer manualmente mil 300 kilómetros de red tomaría años; con esta metodología el trabajo se realiza en semanas.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no basta. Integrored realiza un análisis integral que cruza información catastral de redes, pozos, derivaciones y usuarios. “Es como buscar un tesoro. No basta con detectar la humedad; hay que entender su origen, su impacto en la presión y cómo recuperar el caudal. Solo así se optimiza el servicio y se devuelve agua a los usuarios”, explica.
En Irapuato, luego de identificar 793 fugas invisibles y más de dos mil tomas clandestinas, la empresa contribuyó a reducir la cartera vencida de 19 mil a once mil usuarios, mejorando el suministro y la recaudación. El mensaje es claro: cuidar el agua también fortalece las finanzas de los organismos operadores.
Retos
El camino no ha sido sencillo, y no solo por la resistencia a adoptar nuevas tecnologías, señala Villacís Espinoza. Guanajuato enfrenta un contexto de seguridad complejo, lo que obliga a planear cuidadosamente cada inspección. “No siempre es fácil ingresar. Hay intereses detrás de estas conexiones clandestinas y debemos garantizar la seguridad de nuestro equipo”, explica.
A ello se suma el desafío de género. “Estamos en una industria históricamente dominada por hombres. Muchas veces debemos demostrar el doble para ganar credibilidad”, afirma.
Integrored mantiene entre 85 y 90% de mujeres en su equipo: ingenieras civiles, arquitectas, administradoras y especialistas en gestión hídrica. “Nos hemos preparado el doble para demostrar conocimiento y resultados. Siempre le digo a mi equipo: estudien, investiguen, estén un paso adelante”, sostiene la directora.
El 3 de febrero de 2026 Integrored firmó un convenio con la Asociación Nacional de Entidades de Agua y Saneamiento de México para integrarse a la iniciativa Cascos Rosas, que promueve la equidad y el liderazgo femenino en áreas técnicas y operativas del sector hídrico.
“Queremos demostrar que el liderazgo técnico también puede tener rostro de mujer”, pero sobre todo resolver problemáticas de antaño, afirma.
Agua para la vida
El riesgo de no actuar es claro y urgente: “Sin agua no hay vida. No es un negocio; es supervivencia. Si continuamos con administraciones ineficientes y no adoptamos metodologías técnicas, pronto no habrá agua suficiente para millones de personas”.
Su llamado es amplio: a los organismos operadores, a modernizarse; a la ciudadanía, a cuidar el recurso y evitar el clandestinaje; y a más mujeres profesionales, a integrarse a un sector donde aún son minoría.
Recuperar el agua invisible no es solo eficiencia operativa: es resiliencia frente a la sequía, continuidad en el suministro, estabilidad financiera y, sobre todo, preservación de la vida. “Cada metro cúbico rescatado bajo tierra representa un paso lejos de la bancarrota hídrica y uno más cerca de garantizar lo esencial: agua para vivir”, finaliza la especialista.

