TRASTORNO DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA AFECTA A 25% DE ADOLESCENTES

Salud mental
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Incluyen anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón, trastorno evitativo o restrictivo de la ingesta de alimentos, síndrome de pica y trastorno por rumiación o regurgitación.

Se estima que en México 25% de la población adolescente padece en diferentes grados un trastorno de conducta alimentaria, como anorexia, bulimia o síndrome del atracón, en la mayoría de los casos debido a algún problema mental: no se trata de una elección personal ni de un estilo de vida, sino de enfermedades complejas que pueden afectar gravemente la salud física, emocional y social de los jóvenes.

Estas conductas no solo involucran lo que se come, sino también cómo, cuándo y por qué se come, así como los pensamientos y emociones asociados a la alimentación.

Los trastornos de la conducta alimentaria pueden interferir de manera importante con la vida diaria, el desempeño escolar o laboral, las relaciones personales y la salud emocional. Por ello, es clave entender que esta condición requiere atención médica y sicológica especializada.

¿Qué son los TCA?

Comprender qué son los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), cuáles son sus tipos más comunes y cómo se tratan es fundamental para detectarlos a tiempo, buscar ayuda profesional y reducir el riesgo de complicaciones médicas graves, que pueden incluir daños cardiacos, renales o incluso consecuencias mortales.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud (SSA) los trastornos de la alimentación se caracterizan por una alteración grave y persistente de las conductas alimentarias, asociadas a pensamientos y emociones angustiantes, que no pueden explicarse por otra afección de salud, no son apropiados para el nivel de desarrollo del individuo y no son congruentes con las normas culturales.

Estos incluyen a la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón, trastorno evitativo o restrictivo de la ingesta de alimentos, síndrome de pica y trastorno por rumiación o regurgitación.

Se desarrollan con mayor frecuencia en la adolescencia y adultos jóvenes. Si bien la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa son más comunes en las mujeres, estos trastornos pueden ocurrir a cualquier edad y afectar a cualquier género.

Los trastornos de la conducta alimentaria pueden llegar a condicionar graves afecciones a la función física, sicológica y social; es por ello que tienen la tasa de mortalidad más alta de todas las enfermedades siquiátricas.

Las personas que luchan contra los trastornos alimentarios tienen una angustia emocional intensa y su calidad de vida se ve gravemente afectada. Es importante señalar que a menudo estos trastornos coexisten con otras condiciones siquiátricas, como los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos por consumo de alcohol y sustancias.

Es importante destacar que no existe una sola causa para los trastornos alimentarios. Al igual que otras condiciones siquiátricas, estos trastornos a menudo se agrupan en familias y pueden desarrollarse de manera diversa en diferentes personas.

Sin embargo, las investigaciones en la materia han encontrado amplias similitudes en la comprensión de los principales factores de riesgo, los cuales incluyen aspectos biológicos, sicológicos y socioculturales como el estigma, los prejuicios, bullying en la infancia o estereotipos de belleza.

Relación disfuncional con la comida

La especialista del Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro de la Secretaría de Salud, Ana Rosa García Berdeja, explica que en este hospital se aplica a niñas, niños y adolescentes un protocolo para detectar y tratar cualquier tipo de trastorno desde las primeras consultas médicas.

En un mes identificaron que 15 de 25 personas atendidas de entre 13 y 17 años estaban en riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria.

Para responder con claridad a la pregunta qué es un trastorno de la conducta alimentaria, se puede decir que es una condición en la que la relación con la comida se vuelve disfuncional y genera conductas que afectan el bienestar general.

Cuando los hábitos alimenticios son saludables, contribuyen a una buena nutrición, energía adecuada y bienestar general; pero cuando estos hábitos se distorsionan por miedo, culpa, ansiedad o una percepción negativa del cuerpo, pueden convertirse en un factor clave en el desarrollo de trastornos alimenticios.

Es importante aclarar que no todas las conductas alimentarias inusuales constituyen un trastorno de la conducta alimentaria. La diferencia radica en la intensidad, la persistencia y el impacto que estas conductas tienen en la salud física y emocional de la persona.

García Berdeja señala que la mayoría de las personas con estos trastornos busca apoyo médico hasta diez años después de presentar los primeros cambios en su alimentación, y es poco frecuente que soliciten atención de su salud mental por este tipo de problemas; de hecho, solo acuden a servicios especializados cuando tienen un intento suicida o conductas autolesivas graves.

Opciones de tratamiento

El tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria debe ser integral y adaptado a cada persona. Buscar ayuda profesional es fundamental, ya que estos trastornos pueden empeorar con el tiempo y poner en riesgo la vida. El diagnóstico suele incluir una valoración médica completa, historial clínico, exploración física y, en algunos casos, estudios de laboratorio para identificar posibles complicaciones.

Entre las principales opciones de tratamiento se encuentra el asesoramiento nutricional, que consiste en ayudar a la persona a reconstruir una relación saludable con la comida, aprender a cubrir sus necesidades nutricionales y alcanzar un peso adecuado de manera segura.

La atención médica es necesaria para tratar las consecuencias físicas del trastorno, como desnutrición, alteraciones metabólicas, problemas cardíacos o gastrointestinales. Se apoya con tratamientos farmacológicos; en algunos casos, se indican antidepresivos o estabilizadores del estado de ánimo para tratar síntomas asociados, como ansiedad, depresión u obsesiones.

De igual forma, se acompaña con sicoterapia, ya que la terapia sicológica es una parte central del tratamiento. Puede ser individual, familiar o grupal, y busca identificar patrones de pensamiento negativos, mejorar la autoestima y desarrollar habilidades para manejar emociones y conductas.

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