La variante más peligrosa de esta enfermedad en México es el cáncer de mama triple negativo, un subtipo que avanza con rapidez y afecta a mujeres cada vez más jóvenes.
El cáncer de mama tiene la capacidad de invadir tejidos de ese órgano, los aledaños (como los ganglios), y otros como hígado y pulmón: es el tumor maligno con mayor incidencia y mortalidad en mujeres en el mundo y en México ocupa el primer lugar con 31 mil 43 nuevos casos, así como ocho mil 195 muertes en 2022, según el Global Cancer Observatory.
Pero la variante más letal de esta enfermedad en México es el cáncer de mama triple negativo, un subtipo que avanza con rapidez y afecta a mujeres cada vez más jóvenes, en lo cual inciden la falta de diagnóstico oportuno y barreras de acceso al tratamiento.
Además, esta variante no responde a terapias hormonales ni dirigidas, toda vez que sus células carecen de receptores hormonales y HER2. Así, fue responsable de más de cuatro mil 878 muertes en un solo año (2022).
El diagnóstico del subtipo triple negativo requiere una biopsia con estudios de inmunohistoquímica. Contar con esta información desde el primer contacto con el sistema de salud es clave para definir tratamientos oportunos y mejorar la calidad de vida. Por ello, especialistas insisten en la importancia de promover revisiones periódicas, mastografías anuales y la autoexploración constante.
Eliza Puente, directora de Fundación Cima AC, explica que “esta variante tiene una incidencia preocupante en mujeres jóvenes, y aún hay regiones del país donde no existen los medios para detectarla y tratarla oportunamente”.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la detección y tratamiento oportunos de los casos de cáncer de mama reducen la mortalidad y la mayoría de las personas no experimentarán ningún síntoma mientras el cáncer esté todavía en fase temprana.
La OMS ha fijado metas concretas para enfrentar este tipo de cáncer: detectar más de 60% de los casos en etapas I y II, realizar el diagnóstico completo en un plazo máximo de 60 días y garantizar que al menos 80% de los tratamientos sean completos y sin abandono.
Como parte de los esfuerzos para visibilizar esta enfermedad, organizaciones de la sociedad civil y médicos especialistas han propuesto declarar el 3 de marzo como el Día Nacional del Cáncer de Mama Triple Negativo Metastásico, para impulsar políticas públicas que mejoren la atención integral de las personas diagnosticadas.
“Designar una fecha nacional no solo visibiliza esta enfermedad, sino que además pone en la mesa el tema para fortalecer políticas públicas, impulsar la investigación y mejorar la atención integral de quienes enfrentan este diagnóstico”, resalta Puente.
El subtipo triple negativo —nombrado así por la falta de expresión de tres marcadores— representa cerca de 15% de los casos y su comportamiento biológico es agresivo. Por lo regular afecta a jóvenes y tiene mayor predominio de metástasis al cerebro o hígado. Si se detecta en etapa metastásica el pronóstico suele ser malo y la esperanza de vida es de 15 meses, cuando mucho.
Las opciones para tratar este tipo de cáncer dependen del tamaño del tumor y de la presencia de la enfermedad en los ganglios loco-regionales. En general, si son menores a un centímetro, de inicio se atienden con cirugía, seguida de quimioterapia, y puede o no darse radioterapia.
Más grandes, primero deben recibir quimioterapia con el objetivo de disminuir el tamaño del tumor y lograr una respuesta completa (ausencia de células neoplásicas) para que la probabilidad de reaparición de la enfermedad a largo plazo disminuya.
Si quedan células cancerígenas, el pronóstico se agrava. En tal escenario, o si debutan con metástasis, el manejo requiere la búsqueda de un biomarcador para ver si se benefician de terapia inmunológica (el tratamiento estándar en México). De lo contrario, la única opción disponible es la quimioterapia, a fin de prolongar el tiempo y calidad de vida hasta por dos años.
Hallazgo inesperado
Hace 20 años las inmunólogas Edda Sciutto y Gladis Fragoso, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, identificaron la molécula GK-1 (actualmente producida de forma sintética) al elaborar una vacuna contra la cisticercosis. Una década después descubrieron que dicho péptido puede ser útil para el tratamiento del cáncer de mama.
“Sin esperarlo, durante nuestras investigaciones vimos que presentaba capacidades adicionales a las protectoras contra la cisticercosis y le detectamos propiedades antitumorales (reduce el tamaño y volumen tumoral) y antimetastásicas (disminuye el número de macro y micrometástasis)”, explica Fragoso.
“Cuando una célula muta nuestro sistema inmunológico la identifica y propicia su muerte para evitar su crecimiento. Pero las células neoplásicas son capaces de evadir esa respuesta y formar tumores que crecen a tal grado, que ya no pueden ser atacados por el sistema, el cual queda rebasado”, expone Claudia Arce Salinas, jefa del Departamento de Oncología Médica en el Instituto Nacional de Cancerología (INCan) y profesora de pregrado en la UNAM.
“Si se demuestra su eficacia, nos ayudará a cambiar la vida de pacientes con mal pronóstico”, afirma la investigadora.
La función del péptido es revertir esa inhibición de la respuesta inmune a fin de reaccionar contra dicha masa anormal. Hasta la fecha los estudios preclínicos muestran una alta efectividad y seguridad de la molécula GK-1, pues además de ser inocua (no es tóxica ni mutagénica), en altas concentraciones no reporta efectos secundarios.
Ahora están por terminar el proceso de formulación para definir cómo la presentarán para inocularla (inyectarla) vía subcutánea a una persona. “En estudios preclínicos encontramos alta eficiencia y, en un rango alto de concentraciones, no detectamos efectos colaterales negativos (ni a niveles microscópico o macroscópico). Esto es alentador; estamos preparadas para iniciar la parte clínica”, señala Sciutto.
La siguiente etapa se realizará con el INCan, donde ya se prepara el protocolo con el que por primera vez el convenio entre ambas instituciones alcanzará la participación para probar el fármaco en personas con el padecimiento referido. La molécula GK-1 podría convertirse en una opción terapéutica para este cáncer en etapa metastásica. Pese a ello, la especialista del INCan remarca que todavía “no hablamos de curación, pero sí esperamos prolongar la vida sin dolor ni limitaciones por los síntomas de la enfermedad o los efectos secundarios derivados de los tratamientos, ya que las quimioterapias llegan a causar náusea, vómito, fatiga o caída de cabello”.

