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Marctran
24 noviembre, 2020
Lorena Ríos
Bienestar

Demandan ONGs que se apliquen políticas para eliminar grasas trans de alimentos

En México no existe regulación específica que limite su consumo

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) puso por plazo el 2023 para que todos los países avancen en regulación específica para limitar el consumo de los ácidos grasos trans de producción industrial (AGT), sea porque prohíban los ácidos parcialmente hidrogenados, limitan el contenido de la ingesta a dos gramos por cada 100 gramos del total de grasas o aceites en todos los alimentos, o ambas”, explicó Erick Antonio Ochoa, representante de la Coalición México SaludHable.

Y añadió que los AGT aumentan considerablemente el riesgo de muerte por cualquier causa en 34% y por cardiopatías coronarias en 20%. Se estima que seis mil muertes en México -el 5.82% de los casos fatales por cardiopatía coronaria- se deben al consumo de productos con ácidos grasos trans, advirtió.

Por ello, la eliminación de los ácidos grasos trans de producción industrial del suministro de alimentos es una meta prioritaria del 13 Programa General de Trabajo, adoptado en la 71 Asamblea Mundial de la Salud (mayo de 2018), que orientará las acciones de la OMS de 2019 al 2023.

Para tal efecto, se aprobó un conjunto de recomendaciones de política pública llamado Replace por sus siglas en inglés, que forma parte de 16 intervenciones prácticas y costo-efectivas que, si son implementadas globalmente, pueden salvar 10 millones de vidas hacia el 2025 y prevenir 17 millones de accidentes cerebrovasculares e infartos hacia el 2030.

En octubre de 2019, durante la 57 reunión del Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se aprobó el Plan de Acción para eliminar los ácidos grasos trans de producción industrial 2020-2025. México, junto con el resto de los países del continente americano, aprobaron de forma unánime dicho Plan, con lo cual reiteran su compromiso de alcanzar esta eliminación hacia el 2023.

En septiembre pasado, “México avanzó en sus políticas de combate a la obesidad, con la integración de etiquetados claros en los empaques y envases de alimentos y bebidas ultraprocesados, que incluyen sellos de advertencia por exceso de calorías, azúcares, grasas saturadas, grasas trans, etc. Pese a ello, nuestro país dista de cumplir con el conjunto de políticas considerado en Replace, especialmente porque el gobierno no ha regulado su eliminación. Es claro que hay compromiso, porque firmó el Plan de Acción promovido el año pasado por la OPS, pero falta avanzar en la regulación nacional”, señaló.

“Tanto el Congreso de la Unión, como las dependencias del Ejecutivo federal, deberían definir si nuestro país se suma a la prohibición de los ácidos parcialmente hidrogenados, vigente en Estados Unidos y Canadá, entre otros países, o por la limitación de las grasas trans al 2% del total de grasas contenidas en todos los alimentos del mercado, que ya son una realidad en Chile, Ecuador y Uruguay. Con ambas políticas, como las que se siguen en Perú y Brasil, se podrían evitar miles de casos de cardiopatías coronarias, la principal causa de muerte en México”, añadió Antonio Ochoa.

El aporte más importante de AGT en nuestra dieta proviene de la ingesta de productos industriales, como es el caso de las margarinas y mantecas (sólidas y líquidas) de uso doméstico e industrial.
Desafortunadamente el efecto adverso de los AGT se ha relacionado no solamente con las enfermedades cardiovasculares. Algunas investigaciones muestran su efecto sobre el perfil lípidos en sangre, inflamación, función endotelial, infertilidad y Alzheimer, concluyó.