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CO
23 noviembre, 2020
Redacción
Bienestar

Educación por televisión uniformiza y excluye a muchos de aprender

El acceso a internet, con fines educativos, se debe considerar un derecho humano

La pandemia de Covid-19 y el posterior confinamiento por razones sanitarias llevaron al gobierno a recurrir a las tecnologías, televisión y radio, para suplir la ausencia de la educación cara a cara (presencial), pues esto es lo único que podía hacer. Sin embargo, la educación a distancia, sobre todo cuando sólo se lleva a cabo a través de medios que no son interactivos, como la televisión, uniformiza los contenidos y los ritmos de enseñanza; y esto, al imponerse en una realidad diversa, heterogénea y desigual como la de México, excluye a muchas y muchos alumnos de seguir en el proceso educativo y de lograr alcanzar los aprendizajes esperados.

Señaló lo anterior Sylvia Schmelkes del Valle, vicerrectora académica de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, al hablar de El impacto del COVID en la educación básica, durante el evento La educación en tiempos de pandemia, Schmelkes dijo que cuando no se tiene presencialidad y se está aprendiendo a distancia lo que fundamentalmente se afecta es el desarrollo de habilidades básicas, como la aritmética y la adquisición o perfeccionamiento de la lectura y la escritura, que necesariamente implican una secuenciación y una guía, y que son fundacionales para aprender cualquier otra cosa.

Por otro lado, agregó que la crisis económica provocada por la pandemia ha aumentado el trabajo infantil, pues algunos niños y niñas están teniendo que laborar para complementar el ingreso de sus hogares (aunque desde antes de la pandemia 700 mil niños y niñas de cinco a 17 años ya trabajaban más de 20 horas a la semana, de los cuales más o menos la mitad iban a la escuela), lo que traerá como consecuencia una alta deserción escolar.

Otra causa adicional de deserción será la evaluación de los aprendizajes, porque cuando llegue el momento de que éstos tengan que ser evaluados habrá alguna consecuencia en la calificación y hasta una reprobación, lo que a su vez agravará la ya de por sí frágil asistencia a clases.

“Desde luego se tiene que evaluar a los alumnos. Se tiene que saber si aprendieron y no se puede simplemente hacerles pasar automáticamente de grado si no tienen los fundamentos del grado anterior. Pero también hay que aceptar que eso agrava la deserción, porque cuando un niño reprueba, los riesgos de deserción son más altos”, señaló la investigadora.

Aunque todas las niñas y niños no dejan de aprender, porque aprenden de manera informal de aquello que les rodea y de las personas con las que tienen contacto, hay límites contextuales a estas condiciones de aprendizaje, mencionó Schmelkes.

La escuela, por su parte, es especialmente propicia para aprender ciertas cosas, las que precisamente tienen más riesgo de perderse con la pandemia. Apunta la Vicerrectora: “la educación formal conduce a un aprendizaje difícil de lograr sin una metodología sistemática, es decir, sin una pedagogía que implica la introducción gradual de demandas intelectuales crecientes que, a la postre, conducen a las habilidades superiores de pensamiento, como el pensamiento crítico, por ejemplo, o la capacidad de discernir”.

Para que todo esto ocurra es crucial el dominio del lenguaje, sobre todo de la escritura y la lectura de comprensión, que se adquieren mucho mejor en la escuela, así como la formalización de las cuatro operaciones de las matemáticas, lo que fundamentalmente se logra a través de procesos sistemáticos graduados que implican una guía determinada. Estas son las habilidades que, en general, se están perdiendo los niños y niñas que no las tenían antes de la pandemia, “porque es muy difícil adquirirlas fuera de la escuela, siguiendo un curso por internet o una pantalla de televisión”.

Si bien no es imposible, también es difícil lograr a distancia todo lo que implica aprender haciendo, sobre todo en los laboratorios y en los talleres en secundaria, añadió la Maestra.

Pero algo que sólo se logra en la escuela es aprender a convivir. “Aprender a convivir es lo que nos enseña a ser responsables, nos enseña a ser ciudadanos, el aprendizaje cooperativo, el trabajo en equipo, la participación democrática, la solución no violenta de conflictos, que lo que siembra es paz, la responsabilidad social sobre otros; esto solamente se aprende en la escuela, y esto lo estamos perdiendo. Podemos tener algunas actividades que conduzcan a la convivencia, a través de medios a distancia, pero nunca será lo mismo que la interacción y la relación cara a cara”.

Asimismo, la escuela es el lugar para aprender de los derechos humanos y cómo defenderlos, sobre todo viviéndolos; la identidad, autoestima y el sentido de pertenencia igualmente se desarrollan en la escuela; también las habilidades superiores de pensamiento, el pensamiento abstracto y el pensamiento crítico; y los niveles superiores de desarrollo moral, que requieren de un desarrollo cognitivo superior, y que son clave para la participación democrática responsable, para la acción ciudadana, para el respeto de los otros diferentes y, por lo mismo, para la convivencia pacífica.

Condiciones para aprender a distancia

Un déficit en todos los aprendizajes enunciados es lo que cabe esperar ante la falta de clases presenciales. Y, no obstante, hay cosas que se aprenden bien a distancia, pero dependiendo de si se tiene o no acceso al ‘vehículo’ que se está utilizando para llegar a las y los estudiantes.

“Aquí lo que identificamos son cuatro condiciones: cuando se tiene acceso a internet; cuando no (se tiene acceso a internet), pero se tiene acceso a la televisión o al radio; cuando esto tampoco, pero se tiene un contacto indirecto o directo con los docentes y materiales educativos; y cuarto, cuando no se tiene nada de esto. Son estas cuatro condiciones las que en este México desigual y heterogéneo están presentes”.

Cuando se cuenta con un dispositivo que permite la conexión a internet, detalló la Mtra. Schmelkes, se pueden lograr prácticamente todos los propósitos cognitivos que no requieren de una formación sistemática. De hecho, no hay límites, pues se tiene acceso al conocimiento acumulado por la humanidad y al conocimiento científico, incluso si no se domina la lecto-escritura. Y también se aprende a aprender, cuando se aprende a acceder a este tipo de conocimiento.

Cuando no se tiene acceso a internet, pero sí a la radio y a la televisión, estas dos últimas logran enriquecer un poco el ambiente de aprendizaje, porque introducen cosas que no hay en el hogar y porque pueden mantener la aplicación de habilidades activas ya aprendidas, como leer y escribir, “que si no se usan cuando no se han adquirido suficientemente bien se pierden por desuso”. Empero, en la educación por radio y por televisión el aprendizaje se encuentra más confinado a lo cognitivo, no está presente lo socioafectivo y lo psicomotor de manera parcial.

En el caso de las niñas y niños que no tienen acceso a internet, a la televisión, ni a la radio, algunos de sus profesores han hecho esfuerzos notables al elaborar materiales didácticos que les hacen llegar. Los materiales más valiosos, resaltó la Vicerrectora, son aquellos que aprovechan lo que sus estudiantes tienen disponible a su alrededor: las tradiciones, saberes e historia de sus comunidades, su lengua cuando ésta es diferente del español, el conocimiento del campo y las plantas de su entorno; lo que puede ser explotado educativamente y llevarles a aprender, al invitarlos a observar, interactuar y a reflexionar.

Y hay quienes no tienen acceso a nada de lo anterior, son los niños que viven en zonas marginales rurales, que necesitan trabajar, que son jornaleros agrícolas migrantes, que tienen discapacidad, que son indígenas o que viven en familias en pobreza. Ellos representan el 42% de la población escolar infantil, que ya se encontraba en desventaja en una realidad educativa altamente desigual en México, sobre la que recayó la pandemia, que incrementará su déficit educativo (antes del COVID ya aprendían menos, transitaban por la escuela con mayor dificultad y permanecían menos en el trayecto educativo), probablemente hasta llevarles a la deserción.

Por último, señala que se requiere que el acceso a internet, con fines educativos, se considere un derecho humano; recurrir más a la educación inclusiva y a la atención a la diversidad, que reconozcan que México es un país heterogéneo; y empezar una radical descentralización de la educación a nivel de la escuela y de la zona escolar, “para irle encargando cada vez más a los docentes las decisiones importantes acerca de: sobre qué educar, cómo educar y a qué ritmo ir educando a sus diferentes alumnos. También podemos suponer que la evaluación va a cambiar”.