Sensores ultraligeros y mapas digitales revelan nuevas rutas, desvíos y puntos de descanso de la especie.
Cada primavera millones de mariposas Monarca emprenden uno de los viajes más extraordinarios del mundo, pero ahora, por primera vez en México, la ciencia puede seguir de cerca el vuelo individual de algunas de ellas: con sensores de apenas 0.06 gramos, alimentados por luz solar y conectados a una plataforma digital, especialistas en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca reconstruyen con una precisión inédita su ruta migratoria, revelando desvíos, tiempos de desplazamiento y nuevos puntos de descanso que hasta ahora permanecían fuera del mapa.
Tecnología en vuelo
La posibilidad de seguir con precisión el vuelo individual de la mariposa Monarca comenzó a tomar forma fuera de México. El proyecto arrancó en Estados Unidos y Canadá, impulsado por la empresa Cellular Tracking Technologies, que desde el otoño de 2025 inició el marcaje de ejemplares durante su trayecto hacia el sur.
Meses después la tecnología llegó a los santuarios mexicanos, donde especialistas de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) comenzaron a implementarla dentro de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca.
“Ellos empezaron a hacer el marcaje de las mariposas en Estados Unidos y Canadá por ahí desde septiembre-octubre, con las mariposas que apenas venían en camino para México”, explica a Vértigo Adriana Adelina Ruiz Márquez, subdirectora de la Reserva.
En México el proceso inició el 10 de febrero, una vez obtenidos los permisos para trabajar con una especie protegida dentro del área natural.
El núcleo de esta innovación es un sensor ultraligero de apenas 0.06 gramos, equipado con una minicelda solar, microchips y una pequeña antena.
Su funcionamiento depende de la luz solar: cuando recibe iluminación, transmite la señal vía Bluetooth, que puede ser detectada a través de la aplicación Project Monarch.
“Es un sensor muy pequeñito… es una miniceldita solar que abajo tiene unos chips y una pequeña antenita. Si hay luz, funciona; si no tiene luz, no transmite nada de información”, detalla en entrevista.
La aplicación permite registrar cada pocos segundos la ubicación de las mariposas marcadas cuando algún dispositivo cercano detecta la señal. Esto puede ocurrir de forma activa mediante usuarios que abren la plataforma, o de manera pasiva, a través de la triangulación Bluetooth en teléfonos cercanos.
La colocación del dispositivo también requirió un procedimiento minucioso. Cada mariposa fue inmovilizada suavemente en un soporte especial que protege sus alas con pequeñas cubiertas de papel para evitar el desprendimiento de sus escamas. Después, el sensor se adhirió al tórax con un pegamento de uso cosmético, similar al que se utiliza para pestañas postizas, elegido por su ligereza y porque no daña al insecto. “Usamos un pegamento especial, que es para pegar pestañas… no se absorbe ni hace daño, más bien se plastifica”, explica.
En México fueron marcados 175 ejemplares, seleccionados por su talla, el buen estado de sus alas y sus reservas energéticas, con el objetivo de aumentar la probabilidad de obtener datos durante el trayecto de regreso al norte.
“Cuidamos mucho que fueran mariposas que tuvieran buena talla y buena condición en sus alas. Buscamos las que estuvieran en mejores condiciones para regresar a Estados Unidos y dar buenos resultados”, señala la especialista.
El resultado es una herramienta que permite observar con precisión inédita fechas de salida, tiempos de desplazamiento y puntos específicos dentro de la ruta migratoria, un avance que cambia la manera en que la especie se estudia científicamente.
Mapa oculto
Los primeros registros obtenidos con este sistema ya comenzaron a modificar algunas de las ideas que se tenían sobre la migración de la Monarca. Uno de los hallazgos más relevantes, por ejemplo, es que las mariposas no permanecen en un solo santuario durante toda la temporada de hibernación.
“Ya comprobamos que del Rosario se mueven a Chincua o se van a La Mesa; entre ambas se mueven”, explica Ruiz Márquez.
Este intercambio entre colonias, hasta ahora no documentado con tal precisión, revela que existe una movilidad activa dentro de los propios santuarios y abre nuevas preguntas sobre las condiciones ambientales que la detonan.
La tecnología también comenzó a desmontar la idea de una ruta lineal de regreso al norte. Los primeros mapas muestran que las mariposas marcadas no siguen necesariamente una trayectoria recta desde Michoacán hacia Estados Unidos.
“Encontramos que hay mariposas que desvían un poquito su ruta; unas empezaron a ir hacia Guadalajara, tenemos un registro de una que llegó hasta Nayarit, otras dieron vuelta por Zacatecas y hay algunas por Veracruz”, detalla la especialista.
Los registros más recientes también muestran ejemplares en Texas, Mississippi, Florida, Oklahoma y Arkansas, lo que amplía la comprensión de sus primeros movimientos en territorio estadunidense.
Más allá de la ruta, uno de los avances más significativos es la posibilidad de fechar con exactitud el inicio del retorno y su llegada al norte. “Ahora sí, con certeza podemos decir en qué fecha las mariposas empiezan a llegar a Estados Unidos”, subraya.
Lejos de cerrar el estudio de la migración, estos datos abren nuevas preguntas científicas sobre los patrones de vuelo, los sitios de descanso y la influencia de factores como el clima y la disponibilidad de alimento a lo largo del trayecto.
Redefinir la conservación
Más allá de trazar el recorrido de la especie, esta tecnología comienza a transformar la manera en que se observa la conservación de la Monarca. Cada nueva detección no solo suma un punto al mapa, sino que también ofrece información sobre sitios de descanso, rutas alternas y zonas que podrían requerir mayores esfuerzos de protección.
Para la especialista, uno de los alcances más importantes es que los datos obtenidos permitirán comparar patrones a lo largo de los años y observar posibles cambios vinculados con el clima, la disponibilidad de néctar o la alteración de hábitats.
“Si cada año empezamos a hacer estos marcajes, de aquí a 30 años podemos ir viendo cómo se está moviendo, qué patrones encontramos o qué cambios vamos detectando, incluso desde una perspectiva de cambio climático”, explica.
Lejos de ofrecer respuestas definitivas la tecnología abre otros cuestionamientos científicos: si existen diferencias entre hembras y machos en la ruta, cómo eligen sus puntos de descanso o qué variaciones presentan entre generaciones. En esa búsqueda el monitoreo digital no solo sigue el vuelo de la Monarca sino que construye una nueva base de conocimiento para entender y proteger uno de los fenómenos migratorios más emblemáticos del mundo.

