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18 mayo 2021
Daniela Suárez Roel
Columnas

CELOS CANINOS

“Hasta ahora se creía que los animales no experimentan celos”.

El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor.

Molière

Los celos son un sentimiento muy extraño. Nos pueden provocar enojo e ira y son sensaciones que resultan en pláticas o interacciones incómodas. Nos pueden hacer actuar de forma irresponsable o bien de forma iracunda. Se cree que los celos son sentimientos exclusivos de los humanos, ya que estos pueden percibirse como una amenaza social y requieren del concepto del yo y de un entendimiento mental. Por ejemplo, si vemos que alguien coquetea con nuestra pareja lo percibimos como una amenaza a la relación. Es por ello que anteriormente se creía que los animales (quienes no tienen sentido del yo) no experimentan celos… hasta ahora.

Un nuevo estudio publicado por Psychological Science sugiere que esta creencia ya cambió. La investigación que lideraron Amalia P. M. Bastos y su equipo en la Universidad de Auckland encontró evidencia de que los perros podrían representar mentalmente la amenaza social que surge tras sentir celos. Para el estudio el equipo reclutó a 18 perros con sus dueños. Los perros involucrados habían vivido dentro de las casas por lo menos seis meses, no eran agresivos y no mostraron actitudes negativas dentro del ambiente del experimento; por lo tanto, así eliminaron cualquier riesgo de agresión o miedo ante la situación.

Para la investigación los dueños se sentaron detrás de una barrera y traían audífonos y una venda en los ojos. Los perros estaban a cinco metros de distancia, amarrados a un aparato para medir qué tan fuerte jalaban la correa para acercarse a sus dueños. Para el ejercicio, un peluche de un perro se colocó al lado del dueño y se removió la barrera para que el perro real viera al perro de peluche. Después, la barrera regresó a bloquear al perro de su dueño mientras el dueño le hablaba y acariciaba al peluche como si fuera real.

En otro escenario, los dueños acariciaron y le hablaron a un cilindro cubierto de felpa mientras el peluche estaba dentro de la habitación pero detrás de una pequeña barrera. Al perro real también se le mostró este segundo escenario. De acuerdo con los resultados, los perros que vieron al peluche interactuar con sus dueños jalaron más la correa que aquellos que los vieron interactuar con el cilindro de felpa.

Interacción

Esto, de acuerdo con los expertos, sugiere que los perros buscaron romper la interacción entre sus dueños y al que percibieron como un rival. En el otro escenario fue importante que el perro viera al peluche dentro de la habitación, ya que el hecho de que el perro lo tuviera presente no significó nada porque no provocó comportamientos de celos. La interacción fue lo que provocó lo que parecieran ser celos.

Más adelante, cuando los perros lograron llegar al peluche, los investigadores se percataron de que les olieron la cara y los genitales, mismo comportamiento que revela que los perros creyeron que los peluches eran reales. En general, los perros mostraron signos de celos parecidos a los humanos porque reaccionaron ante la situación de que sus amos interactuaran con un rival, pero no contra un objeto como el cilindro. Por otro lado no reaccionaron ante el peluche en el cuarto si este no mostraba interacción con su humano.

Esto sugiere que los perros sí experimentan algún tipo de celos y quizás hasta pueden representar mentalmente las interacciones sociales que le dan pie a los sentimientos de celos.

Si bien el estudio sugiere esta actitud en los perros yo pienso que el vínculo entre un perro y su dueño es tan grande, que sin duda en algún momento se experimentarán celos de ambos lados.