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27 julio 2021
Daniela Suárez Roel
Columnas

DUELOS INESPERADOS

“Una pérdida es inexplicable, inigualable e incomparable”.

Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero eso presupone que la raíz del duelo es finita.

Cassandra Clare

El duelo viene de algo totalmente inesperado, o en ocasiones se presenta después de una larga espera presuponiendo que todo inicio tiene un final. Así es la ley de la vida: lo que inicia acaba. Como existe el blanco también hay negro, el día llega a su fin y cae la noche. Las metas tienen rectas finales y los objetivos se cumplen. Así también sucede con la vida: cuando hay vida tiene que haber muerte. No hay de otra y no es algo que se pueda cambiar o negociar.

Con la muerte el problema es que de pronto llega a tocar la puerta de maneras inesperadas, sin previo aviso y así, de la nada, como una bocanada de humo que nos atraganta o un balde de agua fría que nos deja sin aliento. Esto nos obliga a enfrentar el proceso del duelo. Un proceso complejo que tiene duración distinta para cada persona. Un proceso complejo que nadie sabemos cómo abordar y tampoco sabemos cómo consolar a alguien que pasa por ello.

Fases

Es extraño tratar de entender que hay finales abruptos. Como un punto en una oración que no había terminado de ser escrita. Finales que dejan muchas posibilidades abiertas y sobre todo que nos arrancan el alma de un golpe. Si bien el proceso del duelo no tiene un manual de cómo sobrellevarlo, la siquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross publicó a finales de los sesenta un libro titulado On Death and Dying (“Sobre la muerte y los moribundos”), en el que describió cinco fases del duelo asegurando que todos pasamos por ellas cuando perdemos a alguien. Las fases son las siguientes.

Negación Esta es una reacción muy común y se presenta inmediatamente después de que hay una pérdida; quienes hemos perdido a alguien inicialmente negamos que la persona se ha ido.

Ira Enseguida comenzamos a tener sentimientos de frustración y de impotencia; esta frustración conlleva enojo e ira. Durante esta etapa tratamos de atribuirle la culpa de la pérdida a algún factor: ya sea a otra persona o a nosotros mismos.

Negociación En esta fase pasamos por una etapa de esperanza donde esperamos que nada cambie y que la situación fluya de algún modo.

Depresión En este periodo es cuando podemos empezar a asimilar por primera vez la pérdida y esto nos genera sentimientos de tristeza y de desesperanza que pueden relacionarse con aislamiento social y falta de motivación.

Aceptación La última fase es la aceptación de la pérdida. Es cuando por fin encontramos la calma y comprendemos que la muerte y otras pérdidas son fenómenos naturales en la vida humana.

El manual de Kübler-Ross es algo que da un poco de esperanza, es como un bálsamo curativo ya que puede impulsarnos a tratar de entender que hay fases distintas y que es normal que pasemos por todas ellas.

Una pérdida es inexplicable, inigualable e incomparable y el proceso del duelo es tan individual y diferente como lo son los copos de nieve. Y no hay más que podamos hacer que tratar de tener paciencia con nosotros mismos y con los demás, así como animarnos poco a poco a entender que saldremos adelante, porque somos capaces de adaptarnos y somos resilientes sin muchas veces ni siquiera cuestionarlo.