VEJEZ DIGNA
07 octubre 2022
J. Alberto Castro
Columnas

FÁRMACOS SENOLÍTICOS ABREN LA PUERTA A UNA VEJEZ SALUDABLE

“Permitiría al adulto mayor ser funcional”.

Ahora más que nunca y por primera vez en la historia de la humanidad muchas personas viven casi un siglo y los científicos intentan que todos vivamos incluso más que eso y con buena salud.

Uno de los campos más innovadores de la ciencia contemporánea es la biogerontología, el estudio de la biología del envejecimiento, que pone en vilo la idea de considerar la vejez como un fenómeno rígido e inmutable: los biólogos han descubierto que existen especies como las tortugas y las salamandras para las cuales la edad no acarrea la probabilidad de morir.

Por ello muchos investigadores concluyen que el envejecimiento no es un proceso único, sino un conjunto de cambios biológicos que hacen que los organismos viejos sean diferentes de los jóvenes. Lo increíble es que la ciencia contemporánea ya elabora una lista con estos cambios y prepara tratamientos para ralentizar o revertir cada uno de ellos.

El biólogo y médico Andrew Steele, autor del libro Eterno: la nueva ciencia de envejecer sin envejecer, sostiene: “Uno de esos fenómenos es la acumulación de células senescentes en el cuerpo. Cuando somos jóvenes tenemos pocas, pero con el tiempo van acumulándose y se asocian a una serie de enfermedades relacionadas con la edad”.

En julio de 2018 la Clínica Mayo, en un excepcional y muy bien desarrollado estudio sobre ratones envejecidos, confirmó que muchas disfunciones relacionadas con la edad pueden ser revertidas eliminando las células senescentes. Adicionalmente, el estudio mostró que los ratones envejecidos cuyas células senescentes fueron eliminadas tuvieron una vida 36% más larga.

Apoyado en este conocimiento el doctor Steele subraya que una clave fundamental para frenar el deterioro asociado a la vejez estará en el desarrollo de medicamentos senolíticos, que pueden ser drogas, péptidos o extractos de plantas con la propiedad destructora de células senescentes.

En entrevista, José de Jesús Rivera Sánchez, médico internista y geriatra del Hospital General de México, aporta crucial información sobre las células senescentes involucradas en el envejecimiento patológico global y los prometedores fármacos senolíticos.

“Las células senescentes son células envejecidas que van perdiendo su capacidad para funcionar normalmente adquiriendo un estado similar al de un zombi sin que estén total y funcionalmente vivas, pero tampoco muertas. Conforme se acumulan van dañando a todo el sistema al emitir señales pro-inflamatorias y segregar enzimas que degradan las proteínas”.

Doctor en Ciencias de la Salud, apunta que “las células senescentes se encuentran normalmente en los tejidos envejecidos y no pueden eliminarse a sí mismas por los medios habituales. Su propio deterioro y la tendencia a promover la inflamación contribuyen a la pérdida de funciones físicas y al aumento de enfermedades y discapacidades relacionadas con la edad”.

El declive funcional del organismo “aparentemente está determinado de manera importante por células que tienen esta variante fenotípica. Son las que van a orquestar una inflamación crónica. Descubiertas en 2015 en la fibrosis pulmonar y el cáncer, tienen un rol muy importante en el desarrollo del deterioro multiorgánico en las personas”.

De hecho, “son las responsables de iniciar o mantener la cascada proinflamatoria que lleva a la lesión de diversos órganos y sistemas y a la disminución de su papel. Es lo que llamamos envejecimiento”, profundiza el académico de la Facultad de Medicina.

Las células senescentes están en todo el organismo. Por ejemplo, en el cerebro se llaman microglía; en el hígado, células de Kupffer; a nivel pulmonar, macrófagos alveolares.

Tienen características específicas. En la piel expuesta a la radiación solar evitan que el proceso de reparación (síntesis proteica) sea eficiente: aumentan la tasa de daño por rayos ultravioleta y la piel se adelgaza y envejece. En el caso del corazón, causan la pérdida de la función contráctil.

Hallados por serendipia o casualidad, los fármacos senolíticos funcionan en el manejo de enfermedades crónicas como la fibrosis pulmonar y también se ha descubierto que tienen la propiedad de matar de manera selectiva a las células senescentes. Activan un sistema de autodestrucción y estas se mueren, lo cual retarda el proceso de envejecimiento mediado por una de las principales vías de señalización que permiten que una célula siga viva.

Su acción permite que no exista el declive funcional relacionado principalmente por la vía de las proteínas BCL2 y BCLX.

Los senolíticos se han probado en modelos murinos de cáncer para la modulación de células neoplásicas. Y en el tratamiento actual de las fibrosis pulmonar y hepática estos medicamentos han dado buenos resultados. Facilitan la apoptosis de células dañadas. Ya se prueban dasatinib, quercetin y fisetiny navitoclax.

Revolución

El desarrollo de los fármacos senolíticos supondrá la mayor revolución en la atención médica de la vejez, porque al inducir selectivamente la muerte de las células del fenotipo secretor envejecidas se dará el retardo del envejecimiento patológico con limitación funcional.

De acuerdo con el científico en diez años tendríamos “un envejecimiento con órganos y sistemas más resilientes, más preservados. El resultado final sería una funcionalidad conservada. Podríamos llegar a edades avanzadas con órganos funcionales, lo cual detonaría muchas cosas buenas, entre ellas la disminución de la demanda y por ende los costos de la atención hospitalaria que requiere el envejecimiento global patológico”.

Para Sánchez Rivera los senolíticos no propiciarán una longevidad total sino más bien funcional. “Evolucionistas y biólogos del envejecimiento consideran que tenemos un límite biológico de 120 años. Ahora no hay manera de detener el tsunami del envejecimiento. Otro problema es que actualmente 70% de la población de más de 70 años llega a esa edad con envejecimiento patológico”, comparte.

La gran esperanza de los senolíticos es que al menos 80% por ciento de la población de más de 70 años viva sin una patología evidente o limitación orgánica funcional. Eso le permitiría al adulto mayor ser funcional y no depender de medicamentos y de atención médica. Esto último provocaría consecuencias profundas y de amplio alcance, tanto individualmente como para la sociedad, ya que a los 84 años se podría estar saludable, funcional, con condiciones para trabajar y mantener a la familia. Vivir a esa edad se volvería atractivo.

“El cuidado médico, familiar y social del adulto mayor con alta dependencia cuesta mucho. Genera una gran presión económica y por eso hay mucho maltrato y abandono. Pero si al final tú lograras un envejecimiento funcional, la presión disminuiría mucho. Esa —en lugar de no envejecer— es la promesa más atractiva”, puntualiza Rivera Sánchez.

Mientras tanto, eliminar las células envejecidas o senescentes pasó de ser un experimento de laboratorio a un paradigma de tratamiento de la vejez completamente nuevo en menos de un decenio.

Numeralia

Alrededor de 150 mil personas mueren cada día: en más de 100 mil casos a causa del envejecimiento.

Una persona de 80 años tiene 60 veces más probabilidades de morir que una de 30.

Tiene 30 veces más probabilidades de desarrollar cáncer.

Y 50 veces más de sufrir un ataque cardiaco.

La mitad de las personas de 65 años tiene dos o más enfermedades crónicas.

La persona promedio de 80 años padece cinco enfermedades distintas y toma una cantidad similar de medicamentos para tratarlas.