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13 mayo 2022
Sergio Pérezgrovas
Columnas

OBERTURA 1812

“Una obra que mueve los más profundos sentimientos”.

La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.

Leonard Bernstein

Perteneciente al periodo del romanticismo, Piort Ilich Tchiaikovski nació en Votkinsk, Rusia, el 7 de mayo de 1840. Fue uno de los compositores de algunas de las obras de música clásica más famosas del mundo. Destacan, por supuesto, El lago de los cisnes, El cascanueces y, la que a mí más me gusta, la Obertura 1812.
Pero hay algunas curiosidades de este singular compositor y en concreto de esta magna obra: él tuvo que estudiar Derecho por capricho de sus padres y perteneció al Ministerio de Justicia de San Petersburgo. En 1863 abandonó este trabajo para dedicarse por el resto de su vida a lo que más le gustaba, que era la música. Tomó un diplomado en composición para posteriormente comenzar a impartir clases de armonía en el Conservatorio de Moscú hasta 1877.
Según afirman algunos de sus biógrafos, sus primeras composiciones musicales no fueron de gran impacto y sobre todo no mostraban ninguna identidad.
Nadejda von Meck, una viuda adinerada, le financió su carrera, pero el músico nunca conoció a esta mujer. Con su ayuda escribió El Lago de los cisnes (1877), la ópera Yevgueni Oneguin (1878), Capricho italiano y la Obertura 1812 (1880). Esta última le llevó tan solo seis semanas escribirla para festejar la coronación del zar Alejandro II y la victoria sobre el ejército de Napoleón Bonaparte (según esto el mejor del mundo).
La pieza se planeó para que se interpretara frente a la catedral con una banda de metales, la orquesta y unas campanas acompañadas con balazos de salvas. En la primera versión debía haber 16 golpes de cañones que simulaban la guerra contra las tropas napoleónicas. Sin embargo, para la mala suerte del autor solo se pudo representar con una orquesta convencional a puerta cerrada.
La obra empieza con una famosa melodía religiosa de la iglesia ortodoxa de nombre Dios proteja al pueblo, interpretada por ocho violonchelos y cuatro violas. De esta manera se recuerda la declaración de la guerra contra Francia, que fue notificada por las congregaciones religiosas de Rusia.
Posteriormente continúa con una mezcla de melodías tradicionales que representan la angustia de los rusos al ser invadidos por el pinche francés.
Continúa con unos compases de la Marsellesa (hasta aquí a nadie se le ocurrió demandarlo por plagio, ni siquiera los franchutes). Cuando baja la música del himno francés aparecen cinco cañonazos que indican el avance de las tropas rusas. En la parte final hay otros seis que suenan al unísono con las campanas y representan la victoria del pueblo ruso.
La pieza la encontramos en un sinnúmero de películas: Help, de Richard Lester; Bananas, de Woody Allen: El club de los poetas muertos, donde Robin Williams la silba…
Además la melodía se utiliza cuando el equipo de futbol FC Dinamo de Moscú gana. Es una obra que, si bien está llena de plagios, mueve los más profundos sentimientos. Hay que escucharla con calma. Ahora que se han puesto de moda las tornamesas, mejor sentarse, abrir las portadas de las versiones en acetato, cerrar los ojos y escucharla. Es una maravilla.
Un crimen pasional
El Ruso estaba tirado en el piso con sendos agujeros en la sien. Junto al cadáver había una Makarov .38 de diez tiros. Cuando Tris la vio supo que, aun cuando el MP afirmaba que era un suicidio, no lo era.

Se encontraba en la habitación contigua el cuerpo de una mujer, también con una perforación en el pecho. Un disparo certero.

Además, en el tocadiscos portátil rodaba un disco con la Obertura 1812 en el plato. Sonaba scratch, scratch, scratch. Tris tomó la aguja y la puso en el principio del surco del acetato. La música comenzó a sonar en las bocinas.

Tris se sentó y comenzó a imaginar cómo habían sido los sucesos. Al cabo de un tiempo se paró y se fue sin decir nada. Llegó a la comisaría y buscó a los muertos en la base de datos. Cuando le preguntaron qué había pasado, solo dijo:
–––Esto no es un suicidio. El tipo era un espía y la mujer su amante. Es un crimen pasional.
Al tiempo Tris dio con la esposa del Ruso y la metió a la cárcel.
Una vez más tenía razón.