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01 agosto 2022
Javier Oliva Posada
Columnas

EL ENFOQUE GEORREGIONAL DEL TRÁFICO DE DROGAS

Decomiso histórico en la CDMX

El miércoles 27 los medios de comunicación nacionales e internacionales dieron cuenta de una incautación histórica de cocaína en la Ciudad de México, llegando a un total de una tonelada y 600 kilos.

Los detalles de la exitosa operación y la ruta de distribución se dan a conocer de forma gradual por las autoridades para evitar rumores y especulaciones que se generan de forma natural en este tipo de situaciones.

No obstante, se debe hacer un análisis detallado a propósito del entorno, así como de las dinámicas que autoridades y sociedad enfrentan.

El primer indicador respecto de un enfoque amplio de la georregión latinoamericana y en particular de los países andinos (Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia) relacionados con la producción y exportación de cocaína base denota que el mercado, y por lo tanto el consumo de dicho alcaloide, sigue en aumento. Esto a su vez nos conduce a un segundo indicador: que los principales mercados, Estados Unidos y Europa, al generar la creciente demanda incentivan a la producción. Es un sencillo proceso que invierte la lógica elemental del capitalismo de oferta-demanda, para convertirlo en demanda-oferta.

Un tercer indicador es que el paso de la cocaína al principal mercado de consumo de nivel mundial, por razones geográficas, debe hacerse por nuestro país. El desafío de frenarlo es enorme. Los recursos implicados en la contención del trasiego del alcaloide a los endémicos y crecientes adictos en Estados Unidos, es evidente, no han sido una responsabilidad ni acción compartida en partes iguales. Desde hace muchos años distintos funcionarios y responsables mexicanos señalan la ausencia de compromisos de fondo y duraderos por parte de las contrapartes estadunidenses para frenar el consumo de las drogas en general y de la cocaína en particular.

El cuarto y último indicador a considerar en esta relevante coyuntura ante el decomiso de referencia, que se suma a los realizados por las Secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de Marina-Armada de México (Semar) a lo largo del sexenio, es que el tráfico de cocaína solivianta la violencia homicida en la disputa a muerte (literal) por el consumo al menudeo de la cocaína y por supuesto de otras drogas en la Ciudad de México. Y esta variable sí que debe y merece un análisis a fondo.

Coordinación

Si bien el programa de erradicación de plantíos del gobierno del presidente Iván Duque en Colombia ha sido exitoso, también lo es el uso de nuevas técnicas y procedimiento agrícolas por parte de las organizaciones productoras de cocaína base.

Es decir, aunque la superficie de cultivo ha disminuido, la producción por hectárea aumenta y, como es lógico, la demanda y los consumidores también.

De ahí la necesidad de plantear desde nuestro país, ante un problema multidimensional (salud, violencia criminal, familiar, problemas laborales, seguridad pública, estructura jurídica, relaciones internacionales y un muy largo etcétera), una propuesta que articule los notables esfuerzos de las naciones de la región. Allí están como ejemplo los resultados de lo sucedido en la Ciudad de México en cuanto al decomiso récord.

Los datos y las estadísticas oficiales —en México o en cualquiera de las sociedades afectadas por el consumo de drogas, en este caso cocaína— no dejan lugar a dudas respecto de la severa problemática adicciones-violencia (de todo tipo) que padecemos.

Más temprano que tarde, la coordinación y articulación de políticas/programas compartidos será una indispensable realidad y exigencia.