Ucrania vs Rusia
20 noviembre 2022
Javier Oliva Posada
Columnas

LA CRISIS DEL MISIL

“Es posible, aunque algo remoto, una distensión en la guerra”.

Los antecedentes más importantes de esa temible arma se encuentran en las bombas V-1 y V-2 que utilizó la Alemania nazi para machacar ciudades de Bélgica y del sur del Reino Unido. Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, para los aún aliados resultaron sorprendentes el avance tecnológico y las grandes ventajas que ofrecía como un recurso destructivo de amplio espectro.

Con esos antecedentes se iniciaron tanto la era de los ataques con misiles como el desarrollo de la carrera espacial con base, según los expertos, en los mismos principios —en aquel momento— de propulsión.

De entonces a la fecha un muy selecto grupo de potencias militares cuenta con los recursos necesarios para, con sus capacidades científicas y tecnológicas, disponer de misiles de distinto tipo.

Otro antecedente fundamental en cuanto a lo que significa contar con dicha arma es la célebre Crisis de los misiles en octubre de 1962, cuando Estados Unidos descubrió la instalación de bases de lanzamiento de cohetes con carga nuclear de mediano alcance, que afectaría de forma muy grave la geografía de aquel país.

Una de las principales características de la carrera armamentista es la competencia por el constante avance en la fabricación de misiles. En recientes meses nos hemos enterado de la existencia y funcionamiento de misiles hipersónicos, que son la última generación, y hay indicios de que Rusia los ha usado en la invasión a Ucrania.

Con estos antecedentes se puede comprender la severa crisis que desató la caída de un misil en la frontera entre Polonia y Ucrania (en territorio polaco) el pasado martes 15, el cual causó dos víctimas mortales.

A las primeras horas, verdaderamente críticas, del acontecimiento las partes demostraron capacidades analíticas para, antes de tomar una grave decisión, agotar una investigación multilateral, llamar a consultas y por fin adoptar una posición.

Las conclusiones compartidas por el gobierno de Polonia, la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y Estados Unidos son que se trató de un misil procedente de la defensa antiaérea de Ucrania y que su trayectoria fue mal trazada.

Sensatez

A su vez, el Kremlin reconoció la disposición prudente que demostró el presidente Joseph Biden al momento de fijar una postura respecto de los resultados de las investigaciones.

Sin embargo, esto de ninguna manera puede suponer un avance hacia una negociación que conduzca o ponga las bases para un acuerdo de paz. El único acuerdo posible, señala la comunidad internacional, es que Rusia abandone la totalidad del territorio invadido.

Justo en sentido contrario fueron a lo largo de la semana los señalamientos de la OTAN respecto de los bombardeos masivos con misiles por parte de Rusia a una importante cantidad de ciudades ucranianas e infraestructura en general calificados, por ejemplo, por el Departamento de Estado norteamericano como “crimen contra la humanidad”.

Es complicado hacer o fundamentar algún planteamiento positivo en medio de la guerra y la tragedia de millones de personas, pero al menos en la que ha sido hasta el momento la situación más grave y crítica del conflicto las partes evidenciaron sensatez para evitar una descomunal escalada de destrucción.

Las investigaciones siguen y las Fuerzas Armadas de Polonia continúan en alerta máxima, pero lo que sí puede ser posible, aunque algo remoto, es una distensión en la guerra. Es decir, una reducción en las acciones militares. Sobre todo, para salvar vidas.