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08 agosto 2022
Javier Oliva Posada
Columnas

LA DIVERSIFICACIÓN DE LAS TENSIONES

“Washington da una advertencia a propósito de las consecuencias de una invasión militar”.

La presencia de la líder de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en Taiwán no se puede analizar o percibir como una decisión de última hora ni menos como una ocurrencia, dado que ya tenía programada una gira por los países aliados de esa parte del mundo.

En efecto, ante la creciente complejidad y peligro que corre buena parte de Europa en cuanto a la prolongación de la invasión rusa a Ucrania, la apertura de un frente al menos diplomático y de repercusiones comerciales puede parecer algo innecesario.

Pero es probable que la explicación a dicha determinación diplomática y política tenga una doble vertiente. La primera, demostrar que con todo y su alicaída economía y el criticado liderazgo interno del presidente Joseph Biden, Estados Unidos puede tener una fuerte y consistente presencia en dos escenarios con sus dos rivales de primer orden.

En este sentido se debe recordar el posicionamiento aquí comentado del nuevo concepto estratégico de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) dado a conocer luego de la reunión en Madrid del 28 al 30 de junio pasado. Se hace mención explícita en el citado documento sobre la amenaza militar real que significa Rusia y, por otro lado, se alude a la República Popular de China como un adversario estratégico, aunque sin referencias a la cuestión militar.

De esa forma, con el aval de dicha postura unánime de los países integrantes de la OTAN, es que Estados Unidos —cuyo Congreso aprobó por cierto por unanimidad el ingreso de Suecia y Finlandia a la alianza— logra sin duda un posicionamiento de desafío, pero sobre todo de un rejuvenecido liderazgo internacional.

Ni China ni Rusia tienen las capacidades para tener dos amplios frentes diplomáticos, comerciales y militares abiertos de manera simultánea. Y esto debiera ser considerado por la diplomacia y política exterior de México ante la evidente escalada de desencuentros respecto de Estados Unidos.

Y es aquí donde se puede observar la segunda vertiente de análisis e interpretación de lo sucedido en torno de la también conocida como isla de Formosa.

Contención

La compleja disputa se da por islas deshabitadas que no obstante representan un codiciado paso de embarcaciones comerciales, así como la opción de hacer crecer la Zona Marítima Exclusiva y con ello los beneficios de la explotación de recursos naturales y las actividades turísticas.

Llamadas Diaoyu (por China) o Senkaku (por Japón), son una más de las herencias de conflictos limítrofes de la Segunda Guerra Mundial.

China ocupa tres de esas islas, donde instaló plataformas para hacer crecer de forma artificial la superficie de esos deshabitados territorios. Pero las inconformidades de países como Australia, Filipinas, Vietnam, Corea del Sur y, desde luego Japón, entre otros, ponen de manifiesto la creciente tensión a propósito del expansionismo chino.

Por último, el explícito reconocimiento de Estados Unidos a la soberanía e independencia de Taiwán a raíz de la visita de Nancy Pelosi implica que debido al ambiente que genera la invasión de Rusia a Ucrania respecto de antiguos reclamos territoriales de China, entre ellos el aquí analizado, desde Washington de forma contundente se da una muestra de contención y advertencia a propósito de las consecuencias que una acción de esa magnitud, es decir, una invasión militar, pudiera tener. Una muestra clara es el ilustrativo silencio de la diplomacia rusa ante la decisión de Estados Unidos.

Es deseable que la situación no escale, pero nos encontramos en un escenario de tensiones.