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24 noviembre 2021
Javier Oliva Posada
Columnas

MÉXICO EN LA OTAN

En días pasados el jefe del Departamento de Defensa de Estados Unidos, general Lloyd Austin, planteó la posibilidad de que nuestro país se adhiera a la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN), el segundo más antiguo organismo multilateral de carácter militar (fundado el 4 de abril de 1949), solo rebasado por la Junta Interamericana de Defensa (inaugurada el 30 de marzo de 1942).

Cabe destacar que México sí forma parte de esta última e incluso ya la presidió de 2017 a 2018 con el general Luis Rodríguez Bucio, hoy comandante de la Guardia Nacional.

En la actualidad la OTAN agrupa a 30 países, entre los que destacan por su capacidad bélica Estados Unidos y Canadá —que son los únicos integrantes del continente americano—, Alemania, Francia, España, Italia y Turquía, único país también de Asia.

Como sabemos, este importante foro se creó en los comienzos de la Guerra Fría para tratar de contener el geoexpansionismo soviético. Una vez concluida la etapa de la rivalidad con la Unión Soviética, sin embargo, las tensiones en las fronteras orientales de Europa, como sucede ahora con la crisis migratoria entre Polonia y Bielorrusia, así como la soterrada guerra interna en Ucrania como consecuencia de la anexión rusa de la Península de Crimea, sigue dando elementos de vigencia a la OTAN.

En el caso de la República Popular de China y ahora Rusia, como rivales geopolíticos y sobre todo comerciales, formar parte de la mencionada organización colocaría a México en una difícil situación respecto de sus intereses con esas potencias. Pero en adición nuestro país forma parte por quinta ocasión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ocupando por dos años un asiento no permanente. Los integrantes con representación permanente son Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China.

Diplomacia militar

Ingresar a la OTAN representaría un importante ajuste en la doctrina y pensamiento militar mexicano, pues si bien las Fuerzas Armadas de nuestro país cuentan con reconocidas capacidades bélicas y de adiestramiento, integrarlas conduciría a la participación de maniobras en un momento dado desplegadas, como sucedió en el caso de Afganistán con varios países europeos. También tendría que revisarse el texto de la Constitución para estar en condiciones de despachar unidades militares con armamento propiamente de guerra.

La consideración del general Austin se dio en vísperas de la reunión en la Casa Blanca de los presidentes de Estados Unidos y México con el primer ministro de Canadá, lo que desde luego no se debe pasar por alto en los análisis de tan sensibles asuntos.

México anualmente participa en maniobras de adiestramiento multinacional. Sea con la Armada, la Fuerza Aérea o el Ejército la presencia de nuestro país es habitual, sobre todo en lo que corresponde al continente americano.

Por eso debe analizarse la sugerencia del jefe del Departamento de Defensa a la luz de los beneficios y costos que tendría para nuestro país formar parte de la OTAN. Por otro lado, tenemos lo que he denominado en otras entregas como la diplomacia militar mexicana en foros educativos, ferias, exposiciones y otros eventos internacionales, lo que permite contar con una sólida presencia de las Fuerzas Armadas de México.

Ya hay antecedentes entre los países latinoamericanos respecto de participaciones en la referida OTAN, destacando el caso de Colombia. Sin embargo, en el corto plazo parece poco probable que el gobierno de nuestro país avance en ese sentido.