GEOPOLÍTICA DE MÉXICO 2022
29 octubre 2022
Javier Oliva Posada
Columnas

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“Se debe volver a analizar la preeminencia de la geografía de México”.

Luego del muy comentado asalto informático, como si fuera una novedad, vuelve a considerarse la ubicación clave que tiene nuestro país en la dinámica de los convenios, conflictos y tensiones en el mundo.

Se trata de un largo y documentado estudio de las especificidades de nuestro país en cuanto al concepto de Nación. Esta peculiaridad puede observarse incluso desde el escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde el mapa consignado corresponde solo a la parte de Latinoamérica: depende cómo se observe, de norte a sur o a la inversa, la región empieza o termina con nuestro país.

Comienzan en buen momento a publicarse y realizarse mesas de análisis para evaluar las condiciones bajo las cuales, en medio de la extensión cronológica de la invasión de Rusia a Ucrania, se suman distintos escenarios peligrosos como las pruebas balísticas de Corea del Norte, las maniobras militares de China en el entorno de Taiwán, sin dejar de lado el reciente y simbólico despliegue de la 101 División Aerotransportada de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en Europa.

Desde luego, no se trata de una lista exhaustiva, pero al menos proporciona una idea aproximada de un ambiente de crispación que no se vivía —de acuerdo con expertos en la materia— al menos en lo que va del siglo XXI.

Bajo esas premisas es que se debe volver a analizar la ubicación y, por tanto, la preeminencia de la geografía de México.

Intereses nacionales

Partamos del hecho de que Canadá y, desde luego, Estados Unidos forman parte de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN). Aunque es una obviedad, debe tomarse en cuenta para valorar el sentido de las inversiones, acuerdos comerciales, vínculos diplomáticos o científicos, por mencionar algunos, que tienen y proyectan Rusia y la República Popular de China con México.

Es ese ambiente el que debemos analizar para ajustar y proyectar la solidez de los intereses nacionales en medio de un acelerado contexto de rivalidades que de ninguna forma se limitan al ámbito de las especulaciones o versiones de conspiraciones.

El poder nacional de cada país, bajo esa perspectiva, atiende por principio a la parte fáctica (geografía), así como al diseño institucional y las dinámicas sociales propias. Por ejemplo, para nuestro país el sensible y complejo tema de las migraciones forzadas, ahora procedentes de Centroamérica, así como la de mexicanos hacia Estados Unidos, da paso a una serie de problemas que pueden derivar en severas tensiones en la región y con miles de personas afectadas por las difíciles condiciones de vida a las que se encuentran expuestas en su prolongado trayecto.

Las inversiones de capital extranjero en puntos de infraestructura crítica, propiamente de seguridad nacional, como son los puertos marítimos, es otro tema que debe analizarse, dada la privilegiada condición bioceánica a aguas templadas que tiene México. Con poco más de tres millones de kilómetros cuadrados de superficie marítima, se convierte de forma natural en un indispensable protagonista para el comercio mundial.

Aquí debemos recordar, como antecedente fundamental, la Nao de China y las implicaciones que tuvo para el comercio mundial por al menos 250 años a partir del primer viaje en 1565.

Y estas condiciones, desde luego, no se encuentran sujetas a un gobierno con un proyecto propio y orientación ideológica determinada: es en este sentido que se debiera proyectar la ampliación y consolidación de los intereses nacionales de México.