Yo, borrado. Óleo sobre lienzo, 70x50 cm.
Juan Carlos del Valle
27 enero, 2020
Juan Carlos del Valle
Columnas

¿CONOCEMOS A NUESTROS ARTISTAS?

El arte fomenta la configuración de una estética colectiva y una memoria histórica.

Desde las más diversas manifestaciones los artistas han explorado y explicado aquellas características que determinan la identidad personal, social, nacional y global, y han ayudado a fabricar y fortalecer un sentido de quiénes somos, no solo como individuos sino como sociedades. Al mismo tiempo, el arte también cuestiona los estereotipos y convenciones propios de esa identidad, retando, cambiando y destruyendo nociones establecidas y aceptadas.

Eugène Delacroix pintó en 1830 una de sus obras más conocidas, La libertad guiando al pueblo, poco después de haber sido testigo de los disturbios en las calles de París. En este óleo de gran formato la libertad es personificada como una heroica mujer que, enarbolando la bandera tricolor en una mano y una bayoneta en la otra, mira hacia atrás para comprobar que la brigada revolucionaria está siguiéndola en su arremetida contra las fuerzas monárquicas. Y aunque pudieran citarse cientos de ejemplos, esta pintura es quizás una de las ilustraciones históricas más evidentes e icónicas del papel que ha jugado el arte en la consolidación de una conciencia colectiva y la transformación de ciertos valores.

Además de contribuir a la construcción, desestabilización, demolición o transformación de una identidad social, el arte fomenta la configuración de una estética colectiva y de una memoria histórica, generando capital cultural para sus lugares de origen. Como consecuencia, los artistas se vuelven embajadores de sus países —a menudo póstumamente— y mientras más exitoso o reconocido sea el artista, más prestigio internacional recibe, por extensión, el lugar donde haya nacido o trabajado.

La imagen que se tiene de España está irremediablemente ligada a Velázquez, Goya, Picasso y Dalí, entre otros, así como la de Italia lo está, por ejemplo, a sus grandes maestros del Renacimiento. El deseo de apropiación es tal, que incluso hay disputas sobre los orígenes de algunas importantes figuras: Van Gogh es holandés pero pintó algunas de sus obras más conocidas en Francia y John Singer Sargent nació en Florencia, tenía nacionalidad estadunidense, se educó en París y vivió y trabajó casi toda su vida en Londres. También hay figuras tan trascendentales que se las adueña el mundo y ese es, paradójicamente, el honor supremo para su lugar de origen. El máximo orgullo para Italia, por ejemplo, es que Leonardo da Vinci —quien, por cierto murió en Francia y cuya obra más emblemática se encuentra en el Museo del Louvre— sea considerado, más que italiano, un genio de la humanidad.

Identidad

Aunque México ha sido cuna y anfitrión de grandes artistas a lo largo de cientos de años de historia, su imagen no parece estar suficientemente ligada a ellos. Frida Kahlo es la excepción más notable a este fenómeno y cumple la función de ser embajadora de nuestro país de manera muy efectiva, aun cuando aporta una imagen idealizada, estereotipada y simplista de la mexicanidad construida desde su obra y personalidad. Puede decirse que se ha inventado deliberadamente una marca nacional a partir de los atributos de Frida: atormentada, exótica, apasionada, colorida, indigenista, surrealista. Y más allá del muy eficaz uso de la imagen de esta artista para obtener reconocimiento y prestigio, tanto en el exterior como en el interior, me atrevo a decir que se conoce muy poco a nuestros artistas.

Lamentablemente, la identidad de México está hoy más asociada a la violencia, al crimen y a la corrupción que a nuestras muchas, complejas, contradictorias, variadas y complementarias manifestaciones artísticas. Sin pretender replicar modelos nacionalistas del pasado, me pregunto: ¿por qué no fortalecer nuestra identidad individual, local y global desde el arte? ¿Por qué son tan pocos los artistas mexicanos que se conocen, valoran y promueven? ¿Por qué limitar nuestra identificación como nación a prácticamente un solo artista? Para muestra de que esto es así basta con hacer el siguiente ejercicio sin recurrir a un buscador de internet: mencionar cinco músicos mexicanos, cinco escultores, cinco poetas, cinco pintores y cinco arquitectos. Y el ejercicio se hace aún más difícil si hay que mencionar artistas vivos.