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15 octubre 2021
Juan Pablo Delgado
Columnas

DEL 11S01 AL 6E21: EXCEPCIONALISMO NORTEAMERICANO

“Estados Unidos se convirtió en el enemigo que buscaba combatir”.

En días recientes me encontré con un documental (PBS: America After 9/11) que propone una hipótesis seductora: que existe un hilo conductor que nos puede guiar directamente desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 a la insurrección del 6 de enero de 2021. Una cadena de decisiones políticas que culminó en la creación de una cultura de odio, división y paranoia, y que amenazó al mismo núcleo de la democracia en Estados Unidos.

Se trata de una historia de ideales malogrados; de líderes políticos fracasados; de manipulación mediática; de esperanzas rotas, y de valores quebrantados.

Para comenzar este relato debemos volver al momento histórico que transcurría previo a los ataques de 2001: Estados Unidos estaba en la cima de su poder como única potencia global, victorioso de la Guerra Fría, con una profunda creencia en el “excepcionalismo norteamericano”, donde la democracia, la libertad y el libre mercado debían reinar en todo el planeta (guiados por los mismos yanquis, naturalmente).

Los ataques en Nueva York quizá rompieron la ingenuidad de esta Pax Americana. Pero esto —más que sosegar al Imperio— terminó por revolucionar los ideales de este supuesto “excepcionalismo”. Pocas veces en toda la historia estadunidense habíamos visto tal unidad en la sociedad y entre las fuerzas políticas. La misión era única y clara: perseguir a los culpables. No había duda, el Imperio estaba en marcha.

El primer error en esta trama surge tras el éxito inicial contra el Talibán. Después de una guerra rápida y con pocas víctimas norteamericanas en Afganistán, la política de George W. Bush se transformó bajo la lógica del “universalismo democrático” para extender su “guerra” contra el terrorismo a todo el mundo. A partir de ese momento, EU representaría al “bien” y tomaría responsabilidad para propagar la democracia y para derrotar (y derrocar) a “las fuerzas del mal” donde quiera que se encontraran.

Puertas

Al respecto el documental marca dos puntos: el primero es que una guerra localizada en Afganistán contra Al-Qaeda y el Talibán se volvió global, no solo poniendo en la mira a regímenes como Irak, Irán y Corea del Norte (“el eje del mal”), sino a todos los grupos terroristas presentes ¡y futuros! que pudieran surgir para desafiar al Imperio. Esto abrió la puerta —como efectivamente sucedió— a una campaña bélica sin final que de hecho sigue vigente tras 20 años.

En segundo lugar, el documental advierte que cuando te defines como el “bueno” en cualquier cruzada existe el peligro de comenzar a ver a todas tus acciones como nobles, justificando cualquier atrocidad que realices. Para Estados Unidos esta realidad no tardó en llegar.

A los pocos meses de la caída del Talibán cientos de “prisioneros” encontraron su nuevo hogar en la base naval de Guantánamo bajo condiciones inhumanas. Sumado a esto, la CIA tomó a pecho las palabras del vicepresidente Dick Cheney (“debemos trabajar desde las sombras”) para establecer cárceles secretas para torturar salvajemente a supuestos terroristas. Y en Irak las imágenes que surgieron de la prisión de Abu Ghraib causaron asco y furia en el mundo, destruyendo la credibilidad de EU y erosionando la confianza en la sociedad norteamericana hacia su supuesto proyecto “democratizador”.

Bien dice aquella famosa frase: “Cuando te enfrentes a un monstruo asegúrate que tú no te conviertas en uno”. Y esto fue precisamente lo que sucedió. En los primeros años de su “guerra global contra el terrorismo” Estados Unidos se convirtió en el enemigo que buscaba combatir: un país que causa terror en el mundo.

Hasta aquí esta primera parte de la historia. En mi siguiente columna continuaré con este relato para contarles cómo la invasión a Irak inició una irreversible erosión en la confianza de la clase política y los medios, llevando eventualmente a la distorsión misma de la realidad y la verdad.

¡Salud!