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13 mayo 2022
Juan Pablo Delgado
Columnas

GRAN HERMANO REGIÓN 4

“Más información es igual a más control y más poder”.

En las mazmorras del Banco de México se cocina una idea sumamente peligrosa para la privacidad de todos los ciudadanos: la creación de una moneda digital que planea reemplazar al peso mexicano.

La ocurrencia la planteó recientemente la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja, quien puso a 2025 como fecha de lanzamiento para este proyecto orwelliano. Así que tenemos tres años para prepararnos.

“¿Y por qué tanto alboroto?”, se preguntarán ustedes. Pues creo que basta con malpensar un poco para comprender las posibilidades perversas y la capacidad de abuso que tiene esta moneda.

Bien indicó Tarik Hansen, analista de Tecnologías de la Información para la Reserva Federal de Estados Unidos, que una moneda digital controlada por un banco central tiene la capacidad de recopilar y almacenar toda clase de información de identificación personal, la cual podría ligar a los usuarios con todas sus operaciones y transacciones financieras.

Porque a diferencia del “dinero tonto” que ahora utilizamos pronto el gobierno sabrá donde se encuentra cada “peso digital” y para qué se utiliza. Así el Banxico tendrá conocimiento de cada uno de nuestros pagos y compras: sabrá qué clase de productos compramos, dónde, cuándo y qué tan seguido los compramos. Esto aplicará con todas y cada una de las transacciones que realices el resto de tu vida, porque la idea de Banxico es dejar de imprimir dinero eventualmente.

Todo esto me hizo recordar un texto del historiador Yuval Noah Harari, que incluso les compartí en 2018. En aquel documento (Why Technology Favors Tyranny), Harari introduce el concepto de las “dictaduras inteligentes” que podrían florecer gracias a la Inteligencia Artificial (IA). El argumento es el siguiente.

Dictaduras inteligentes

Harari apunta primero que la diferencia entre democracias y dictaduras no se reduce a una pugna entre dos sistemas éticos opuestos. Igual de importante es que utilizan dos sistemas distintos para el “procesamiento de información”: las democracias distribuyen la información entre numerosos agentes, mientras que los regímenes autoritarios la concentran en un círculo reducido de personas.

Esto explica el colapso de prácticamente todas las dictaduras del siglo XX. Sin la tecnología necesaria para procesar enormes cantidades de información, el círculo en la cima del poder no podía digerir todos los datos, lo cual llevaba a un incremento en la ineficiencia, al estancamiento de la innovación, a la pérdida del crecimiento económico y al final a la imposición del régimen en cuestión.

Pero Harari apunta que el auge de la IA soluciona estos problemas. Con la capacidad de procesar miles de millones de datos de manera inmediata, esta tecnología “podría hacer a los sistemas centralizados aún más eficientes que los sistemas difusos”, porque una computadora trabaja mejor entre más data concentra en un solo lugar. Así, la mayor desventaja de las dictaduras pasadas —concentrar el poder e información en un lugar— podría ser hoy la ventaja definitiva de estas “dictaduras inteligentes”. En otras palabras: más información es igual a más control y más poder.

Nada de esto quiere decir que en tres años el Banxico se convertirá en la piedra angular de un régimen totalitario. Pero lo que sí es una realidad es que el gobierno de México tendrá una base de datos de cada ciudadano, la cual continuará creciendo con cada transacción y compra que realicemos. No es una exageración suponer que en un futuro alguna o todas las oficinas del gobierno federal podrían acceder a esta data y usarla en nuestra contra.

Ya están advertidos: tenemos tres años para prepararnos. Y si no aseguramos la privacidad absoluta al momento de lanzar esta moneda digital, pronto despertaremos gobernados por el Gran Hermano de Orwell… aunque sea Región 4.