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01 agosto 2022
Juan Pablo Delgado
Columnas

GUERRA, HUH, YEAH. ¿PARA QUÉ ES BUENA?

“Las guerras no pagan como antes; y por si fuera poco, tampoco se ganan”.

Ahí les va una declaración que quedará grabada en mármol para la posteridad: la guerra es una reverenda y absoluta estupidez. ¡Ay, goey!

No digo esto desde una óptica pacifista o siquiera ética. Esta observación es meramente pragmática. Hoy la guerra simplemente no paga como antes.

Tomemos el caso de Rusia. A estas alturas del juego creo que es evidente que su invasión a Ucrania resulta ser un fracaso. Al momento de escribir esto estamos terminando el quinto mes de conflicto. Pero aunque Vladimir Putin resulte el ganador y logre quedarse con un pedazo de territorio ucraniano, esto no necesariamente dejará a su país en una posición más fuerte.

La razón es que los conflictos ya no funcionan como antes. Todos sabemos que por siglos diversos imperios se enriquecieron a través de conquistas y campañas militares. Los romanos se merendaron al mundo helénico; los españoles a los mexicas, y así un largo etcétera. Pero si revisamos la historia a partir del siglo XX nos daremos cuenta de que ningún país que ganó una guerra se enriqueció directamente de la misma.

Este es un argumento que rescata el economista Paul Krugman en The New York Times. Krugman nos refiere a La gran ilusión, una obra de 1909 del autor británico Norman Angell, donde se establece que la guerra para ese entonces ya se había vuelto obsoleta. Angell no se refería a que no hubiera futuras guerras (hubiera sido un error garrafal), sino simplemente que los vencedores no podrían obtener ganancias de su victoria y por lo tanto la guerra no tenía sentido.

Esto fue evidente con los grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar el conflicto Francia y Gran Bretaña quedaron en quiebra y su poder imperial hecho pedazos. Estados Unidos —el gran ganador— tampoco recibió una bonanza por derrotar a Hitler y en los años subsecuentes vivió una inflación por encima de 20 por ciento.

Economía global

¿Pero por qué la guerra ya no es redituable? De acuerdo con la teoría de Angell esto se debe a la “interdependencia vital” que existe entre los países, algo que la globalización y la tecnología profundizan a niveles imposibles de imaginar en 1909.

Porque como bien apunta Krugman, en una economía global es sumamente difícil conquistar a otro país sin afectar la “división de trabajo internacional” y el sistema financiero del mundo. O sea… que una guerra termina por desmadrar la maquinaria económica global, afectando al invasor, al invadido y a todos los espectadores.

Esto lo hemos visto en tiempo real durante los últimos meses. La invasión a Ucrania llevó a una escasez de trigo y petróleo, que incrementó sus precios y terminó por afectar los niveles de inflación a nivel mundial. En mayo pasado el nivel de inflación en Rusia era 17.1% más alto que un año anterior, de acuerdo con cifras oficiales. A esto sumen todos los estragos que la guerra le ha causado al pueblo ruso.

Y conquistar territorio tampoco deja mucha lana. Claro, antes un ejército podía robar tierra y ganado, pero hoy los activos fijos son de distinta índole. Claro que puedes confiscar una fábrica o un complejo industrial, pero Krugman indica que esta confiscación destruye los incentivos y la seguridad que todo trabajador requiere para ser productivos y eficientes. Incluso con todo el territorio que conquistó la Alemania Nazi la producción que pudo extraer de ellos no llegó a financiar ni 30% de su maquinaria bélica.

Se los repito: las guerras no pagan como antes; y por si fuera poco, tampoco se ganan.

En los últimos 70 años ninguna superpotencia logró ganar definitivamente una guerra. Ahí tenemos el fracaso de Estados Unidos en Vietnam, Afganistán e Irak, pero también sus retiradas humillantes de Somalia y Líbano. La Unión Soviética también fracasó en Afganistán. Hoy Rusia fracasa en Ucrania.

Putin dice ser un fanático de la historia, pero al parecer le pasó de noche esta lección tan importante.