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16 octubre, 2020
Juan Pablo Delgado
Columnas

¿Y SI EL GORDO NO SE VA?

La Constitución gringa no da instrucciones sobre qué hacer en una crisis electoral.

No hay duda que el karma es una perra y en este 2020 parece que la perra tiene rabia. Porque estaba yo muy tranquilo escribiendo esta columna sobre las elecciones gringas cuando de pronto ¡zas!, resulta que el panzón sicópata de la Casa Blanca tiene Covid-19. En serio… ¡pinche año de Leona Vicario!

Al momento de escribir esto Donald Trump aún no se ha petateado (házmela buena, San Juditas). Así que vamos a suponer que el señor se recupera y que sí habrá elecciones. Bajo ese supuesto avancemos con la columna.

Cuando lean esto estaremos a menos de 25 días de la elección. Y para como van las cosas todo indica que será un absoluto desastre. Porque más allá del circo, los insultos, los gritos y un debate calamitoso, la realidad es que solo existe una cuestión fundamental: ¿qué ocurrirá si Donald Trump pierde y se niega a conceder?

La pregunta no es ociosa. Numerosos analistas ven esto no como posibilidad sino como un hecho esperando a consumarse. Durante meses Trump ha promovido diversas teorías de conspiración sobre un inexistente fraude masivo en la votación, particularmente en los votos que se emitirán por correo. A finales de septiembre simplemente se negó a comprometerse a una transferencia pacífica del poder si pierde.

Durante el primer debate presidencial lo vimos repitiendo su retorcida hipótesis de cómo la elección será un fraude y que no podrá aceptar una derrota.

Barton Gellman en The Atlantic lo deja clarísimo: “No nos confundamos. Trump puede ganar o perder, pero nunca concederá. Bajo ninguna circunstancia”. ¡Así las cosas!

Hechos

Entonces hagamos otra pregunta clave: ¿podría Trump negarse a abandonar la Casa Blanca? La respuesta es algo compleja, pero ahí les van algunos hechos:

1. Es casi seguro que el conteo de los votos será un proceso caótico. Esto porque muchos demócratas votarán por correo y estas boletas tomarán más tiempo en ser contadas. Así que el 3 de noviembre es probable que Trump parezca que va ganando, solamente para que días después llegue una “oleada azul” en favor de Joe Biden y los resultados cambien. Ante esto Trump se pondrá histérico y dirá que esos votos son fraudulentos. Con este primer berrinche entraremos de lleno a un oscuro e incierto “interregno”.

2. Gellman predice que en este interregno de 79 días (entre el 3 de noviembre y el 20 de enero) veremos toda clase de protestas armadas y violencia en las calles. En este caos Trump podría ordenar a la Guardia Nacional detener el conteo de votos en estados clave, aumentando la incertidumbre.

3. Otra posibilidad terrorífica es que Trump presione a gobernadores republicanos con mayoría en sus Congresos locales para que detengan el conteo y simplemente elijan a los representantes que irán al Colegio Electoral (donde se define al ganador), logrando efectivamente robarse la elección.

4. ¿Y el Congreso? Es verdad que el Congreso tiene la última palabra para certificar una elección. Pero si los demócratas no recuperan el Senado entonces será imposible que tengamos una resolución por esta vía. Ambas cámaras deben certificar al ganador y los republicanos jamás traicionarán a Trump.

5. Suponiendo entonces que llegamos al 20 de enero y no exista todavía ninguna resolución, ¿qué pasa entonces? Por desgracia la Constitución gringa no da instrucciones sobre qué hacer en una crisis electoral. Bien indica Gellman que “en este punto ya no es una cuestión legal: es una cuestión de poder. Y Trump tiene posesión de la Casa Blanca”. ¿Quién podría obligarlo a abandonarla?

Pero igual y siempre sí se muere el gordo y entonces nada de esto importa.

¡Todos a rezar!