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01 abril 2021
Katia D'Artigues
Columnas

EL PRECIO DE LA DESCONFIANZA

“Lo barato sale caro”.

“Lo barato sale caro”. Es un dicho muy común que además, por sentido común, es muy cierto. Si uno invierte en un buen abrigo durará más tiempo que uno que —en este mundo desechable y de “modernidad líquida”, como diría el sociólogo Zygmunt Bauman— está destinado a durar pocos meses o quizás algunos años y desechar. Todo pasa, nada permanece.

Eso también sucede con las instituciones. Hay algunas que nos han costado generaciones, sudor y hasta lágrimas crearlas. Pero creo que contrario a la perspectiva cotidiana-sociológica de Bauman es necesario defender para paliar la desconfianza de tener un único partido en el gobierno —me refiero al PRI y no paradójicamente a Morena y a su claro e indiscutible líder, el de todo el país: el presidente Andrés Manuel López Obrador quien, no nos engañemos, en realidad lo decide todo.

Lo digo en este contexto en particular por el Instituto Nacional Electoral (INE). No reconocer el papel que ha tenido para la historia de México es un error. Pensar que nos lo podemos “ahorrar” o que puede no existir es no reconocer nuestra historia de (justificada) desconfianza. De la búsqueda durante décadas de pesos y contrapesos a una persona, el presidente en tiempos del PRI y ahora que, decíamos, tiene un único límite: seis años.

Hay que recordar por qué y cómo nació el INE, antes IFE. Fue “forzado” por la legitimidad perdida de Carlos Salinas de Gortari quien, aunque oficialmente ganó las elecciones a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, sembró dudas. Luego de que el sistema electoral se “cayó” cuando el entonces secretario de Gobernación era Manuel Bartlett, ahora “purificado” de cualquier pecado tras atenerse al Evangelio Único de la 4T y que comanda la Comisión Federal de Electricidad.

Pasamos de las elecciones que organizaba y sancionaba el mismo gobierno a un instituto ciudadanizado. Se creó la credencial de elector con fotografía y sí, los muchos controles que hay lo mismo sobre la papelería electoral, con controles de seguridad; el monitoreo de medios tras la clara distinción a favorecer a los que ya estaban en el poder sin dar espacio a otros.

¿Que sale caro? Sin duda. Pero también es un ejemplo a nivel internacional. El tema son los pesos y contrapesos, la rendición de cuentas que en este sexenio se disfraza de un único discurso retórico en lo que se ha vuelto la tribuna más alta del país: no el Congreso sino la conferencia mañanera desde Palacio Nacional.

Esto de “ahorrar” y desacreditar a priori a instituciones que nos han costado años crear, que han dado viabilidad a nuestra democracia, es peligroso. Y peor: es absolutamente contradictorio con la lucha de la izquierda durante décadas para construir instituciones que vigilaran a las instituciones.

Y el INE no es el único. También está la espada sobre la Auditoría Superior de la Federación, que depende de la Cámara de Diputados —otro contrapeso al peso. ¿Por qué tenerla, dicen en Palacio Nacional, si la Secretaría de la Función Pública hace lo mismo y lo hace tan bien? Que dependa del Ejecutivo a quién vigila es absolutamente menor, nos indican. Y no es verdad.

No es verdad porque también se ha documentado con información pública que, contrario a lo prometido, este gobierno da más adjudicaciones directas que licitaciones y eso es poco transparente. Pero, ah, porque “ellos son diferentes” se les permite.

O el INAI, que tampoco les hace gracia porque permite que los periodistas, integrantes de la sociedad civil organizada (que en México es muy poca, por lo que debería promoverse que haya más) y académicos se documenten.

Por estos días no dejo de recordar una entrevista que le hice a Bertha Luján, entonces aún candidata a la presidencia de Morena, cuando me dijo que para que la famosa Cuarta Transformación hiciera todo lo que se tenía pensado tenía que durar en el poder ¡unos 60 años!

Medicamentos

Además de la lentitud para vacunar a la población hay datos que revelan el colectivo Cero Desabasto en Medicamentos del movimiento Nosotrxs y 47 organizaciones de pacientes, que nos deben alertar aunque en la mañanera se diga que esto no existe. También está basado en datos públicos: las consultas por cualquier enfermedad cayeron 107% entre 2019 y 2020: 45 millones de consultas menos; la Secretaría de Salud reporta que durante 2020 una de cada cuatro recetas no fue surtida en las unidades de primer nivel de atención; en el IMSS once millones de recetas no surtidas a derechohabientes; se han interpuesto más de 23 mil quejas a los subsistemas de salud, comisiones de derechos humanos y de arbitraje médico: solo un puñado de casos se solucionaron ya.