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14 junio 2021
Katia D'Artigues
Columnas

LA LLAMADA DE ATENCIÓN DE LA CIUDAD DE MÉXICO

“Fue un voto útil, un voto de castigo, una clara señal”.

Siempre había querido ser funcionaria de casilla en unas elecciones. Por eso cuando mi capacitadora asistente electoral —quien se llama Iris Pérpuly y es muy profesional— al fin me encontró me dio mucho gusto y acepté de inmediato.

Fue una experiencia no solo grata sino inspiradora. Que un grupo de personas, sin más apoyo que un dinero para comida, dediquen tiempo a la capacitación que requiere un ciudadano (en este caso por pandemia y además presencial) y luego pasen por lo menos doce horas de trabajo por la democracia no es una cosa menor, la verdad.

¿Qué me encantó de este pasado 6 de junio? Muchas cosas, pero entre ellas el compromiso de mis vecinos de salir a votar (no tuvimos ni un solo tiempo muerto en la casilla: votó 56% de nuestros posibles electores), la solidaridad de algunos de ellos que lo mismo nos enviaron café, que pan dulce y agua. La actitud de muchos que ya habían sido funcionarios de casilla en otras elecciones y hasta nos agradecían el trabajo porque sabían lo que representaba.

En la casilla en la que estuve todos llegamos en punto a las 7:30 de la mañana; también todos los suplentes, que no fueron necesarios pero contribuyeron a armar mamparas, urnas y luego se fueron.

Aunque abrimos un poco tarde, a las 8:45 de la mañana, porque insistimos en contar dos veces boleta por boleta recibida y nos aseguramos de que todo estuviera según el protocolo enseñado. Había gente formada desde las ocho en punto, que se molestó algo por nuestra tardanza.

Me sorprendió la capacitación del INE: muy puntual, muy pertinente, con “pruebas” en línea que duraban como tres horas y luego una capacitación de unas tres horas al aire libre, en un parque. Fue importante para saber armar desde las urnas transparentes hasta contar votos y cómo y saber qué es lo que el presidente (en este caso un hombre) tenía que decir en voz alta para que todo quedara claro.

Otras personas que habían sido funcionarios de casilla me habían dicho que a veces la relación con los representantes de partidos políticos era difícil. No fue mi caso. Es más: el más profesional de todos, con Lista Nominal en mano, fue el de Morena, quien siempre estuvo respetuoso pero chequeando absolutamente todo. Había otras dos representantes: del PAN y de Fuerza por México, que estuvieron todo el tiempo presentes.

Señales

Cuando llegó el momento de contar votos me sorprendió que en la zona Poniente de la Ciudad de México, donde yo vivo, ganó, pero por mucho, el PAN. ¿El PAN en una zona como la que vivo que es muy liberal? Pues sí. No por la alianza PRI-PAN-PRD sino ¡por el PAN!

En una entidad —que no estado— que desde 1997 votaba mayoritariamente por la izquierda y que tiene avances en reconocimientos como la interrupción voluntaria del embarazo sí fue una sorpresa para mí.

¿Los votantes de la Ciudad de México y de mi colonia, la Condesa, de pronto se volvieron “conservadores”, diría nuestro presidente? No, no creo. Fue un “voto útil”, un “voto de castigo”, una clara señal a muchas cosas: no estamos de acuerdo con la polarización, nos preocupa la economía, la violencia… sobre todo entre jóvenes, mujeres (que son por mucho “la” oposición real frente a AMLO) y las clases medias.

Las clases medias sí votaron mucho más por AMLO en 2018. Ahora la cachetada fue clara. Dijeron: no, no así.

Aunque Morena es mala para reconocer señales y no acusó recibo, creo que debería hacerlo. La ahora Ciudad de México fue su bastión desde 1997, cuando ganó Cuauhtémoc Cárdenas. No fue, como afirmó Citlalli Hernández, un voto de “odio” promovido desde las clases medias y altas: es solo que prometieron algo y no cumplieron. Ya.

Me preocupan mucho los memes festejados en redes sociales, donde hay una división tipo Muro de Berlín entre las alcaldías que ganó la oposición y Morena. Seguro lo vio. Es un llamado a la discriminación, al clasismo, a muchas cosas que no le hacen bien al país. Los memes discriminatorios de “la clase media-alta” frente a la “popular” no ayudan en nada a la unidad nacional, a la paz. Al contrario, polarizan…

Por lo pronto que aumente a seis, de dos, el número de gobernadoras es una noticia emocionante.